"España es un espectador en la reforma de la PAC"

  • En 2003 hubo una minoría de bloqueo con Francia, Italia y otros

-Nos podemos encontrar con que el Gobierno socialista inicie la negociación y la termine otro del PP.

-El calendario es muy complicado para el Partido Popular. El drama de esta reforma es que la va a negociar un Gobierno que en este momento está desprestigiado en la Unión Europea, que no tiene peso específico, y una ministra que ha desmontado lo mejor que tenía el Ministerio de Agricultura en capacidad de negociación en la UE.

-¿Que era quién?

-Se ha cargado a la secretaria general, Alicia Villauriz [que ha pasado a la Secretaría General del Mar, antes Pesca], y al director general de Agricultura, que era gente de enorme experiencia contrastada, y los ha sustituido por neófitos. Eso, en medio de una negociación con la UE, cualquiera que tenga experiencia comunitaria, sabe que se acaba pagando caro.

-¿Qué habría que hacer?

-Lo que no se está haciendo con nadie: alianzas estratégicas. Francia y Alemania han cerrado filas, Hungría se ha sumado, y nuestro Gobierno está jugando de outsider. Sin embargo, en la negociación de 2003, en la que tuve la oportunidad de participar, España lideró una alianza con Francia, Italia, Portugal, Grecia, Luxemburgo e Irlanda, para tener una minoría de bloqueo. En estos momentos, España no es un jugador en esta reforma, sino un espectador, que además no ha hecho los deberes.

-¿Qué deberes?

-Es inaudito que todavía no se conozca la alternativa del Gobierno español a la reforma. Ha finalizado el plazo de alegaciones el pasado 28 de enero y no se conoce la posición española. No hay una posición española definida y tampoco andaluza. El Gobierno no puede negociar, porque no tiene posición. Y el tiempo pasa.

-La propuesta presupuestaria de la Comisión se debe hacer en julio, aunque parece que se retrasa.

-Le va a tocar a un Gobierno del PP la última fase de la negociación. Y tendrá que minimizar los daños. Pero cuando se influye es en los textos legislativos. Una vez que estén redactados, será muy complicado darle la vuelta.

-Usted fue eurodiputado durante trece años, ¿qué papel jugará el Parlamento Europeo?

-El Parlamento Europeo debe codecidir con el Consejo. Pero jugar en el Parlamento también requiere una estrategia. Qué van a defender los parlamentarios españoles en este momento, si no tienen brújula. No tienen instrucciones. El Gobierno español está cometiendo un error histórico: no definir un modelo, no intentar que ese modelo se plasme en la legislación europea y no intentar buscar alianzas para ese modelo.

-¿Le gusta la fórmula de los Ministerios de Agricultura y Medio Ambiente juntos?

-Esta ministra no está apostando por el componente agrario de la reforma. Creo que está mucho más en el componente medioambiental. Y para hacer compatibles ambas cuestiones hay que hilar muy fino. Con los dos ministerios juntos hemos perdido capacidad de defensa del sector agrario español, que es vital para la economía española. De él depende casi un millón de agricultores y la industria agraria española. Ha sido un absoluto error: el discurso medioambientalista y el discurso agrario no son siempre coincidentes en la Unión Europea.

-¿Aquí hay un desequilibrio?

-Han pintado de verde el ministerio, pero no se ha optado por la seguridad alimentaria, ni por la renta agraria, ni por el desarrollo rural, ni por la defensa de los 7.960 municipios que viven de la agricultura en España. Se ha optado por lo políticamente correcto.

-¿Cómo cree que hay que negociar la salida de Andalucía del objetivo de convergencia?

-Hay dos maneras de actuar. Con los esquemas del pasado, España está abocada a perder casi 18.000 millones de euros y Andalucía más de 7.000. En el pasado el PIB per cápita era el factor determinante de la asignación de fondos. Pero España tiene más bazas para negociar.

-¿Como cuáles?

-Pues las dos preocupaciones mayores de la estrategia 2020 son el desempleo y la innovación. España tendría mejores retornos si plantea una revolución en la asignación de fondos. A lo mejor nos conviene abrir un debate en el que los criterios de peso en la negociación sean el paro y la brecha tecnológica.

-Pero el gran problema actual de la UE es la competitividad.

-Sí. Y eso es tecnología, innovación, formación y lucha contra el desempleo. Pero si para acceder a los fondos de innovación, lo que se tiene en cuenta es la capacidad de las plataformas tecnológicas, entonces seguiremos con los criterios del programa marco de I+D+i, en el que España se lleva las migajas. Y son los grandes países de centroeuropa los que se llevan el grueso del presupuesto.

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