Guerra vuelve

QUISO ser el candidato a la Alcaldía de Sevilla en 1979, y ahora va a estar en primera línea para intentar que su ciudad siga gobernada por un socialista. Bueno, no en primera línea, sino en un último puesto en forma de broche que cierra la lista socialista al Ayuntamiento de Sevilla, encabezada por el ex consejero Juan Espadas.

Espadas es un tipo inteligente. Modesto. No es un socialista de temporá, aunque va a necesitar mucho de lo más genuino de la marca PSOE para impedir que el PP gobierne por mayoría absoluta en su ciudad. El sondeo que hoy publica este periódico indica que hay casi un 23% de votantes, posiblemente socialistas, que aún no saben qué harán en las municipales: si votar a favor o en contra de Zapatero y, claro, quien la paga es Juan Espadas - posiblemente un buen alcalde-, aunque de momento un candidato que no ha terminado de romper. Por eso necesita unas gotas de nostalgia jacobina. Ya saben que en parte de Sevilla, Guerra, Felipe González y Rafael Escuredo son semidioses; en la otra, bestias de Belcebú.

Desde el acto en que se presentó la candidatura de Espadas, ya se intuía que Guerra estaba dispuesto a compartir su escaño en el Congreso -es el único que queda en el hemiciclo de la cosecha de 1977- con presencias en la campaña electoral. Posiblemente, un puerta a puerta, un mitin o una reunión de Guerra en el Polígono de San Pablo, en Macarena o en Parque Alcosa le meta a Juan Espadas más votos en el zurrón que toda esa maraña onanista de redes sociales sacralizadas. El PSOE no necesita arrancar votos en Sevilla por el centro, ni en el centro, sino de los sofás de los barrios, donde reposan los hastiados de la política.

Aquel día, durante el acto de presentación de Juan Espadas, Guerra no dejó de hablar con la nueva secretaria de Organización del PSOE andaluz, la sevillana Susana Díaz, admiradora del ex vicepresidente y con quien trabó cierta amistad durante su época de diputada.

Guerra quiso ser alcalde en una ocasión. Fue en 1979, pero Felipe González lo prefirió para las elecciones generales. Después, cuando Alfredo Sánchez Monteseirín comenzó a declinar, fueron a buscarlo, como a Griñán y a Escuredo, pero ninguno quiso. Ahora, Susana Díaz y Pepe Griñán han conseguido sacarlo de su ensimismamiento constitucional para llevarlo de aliado en una de las batallas electorales más difíciles.

Según fuentes del Gobierno andaluz, fue el propio Griñán quien propuso que Guerra fuera nombrado Hijo Predilecto de Andalucía el próximo 28-F. No descarten tampoco la mano de Susana Díaz. Hasta el líder del PP, Javier Arenas, ha declarado que es un nombramiento que se ha hecho esperar demasiado, aunque quizás no supiera, cuando lo elogió, que Guerra iría en la lista municipal de Sevilla.

Guerra llega al panteón de hijos predilectos 13 años después que Felipe González. El dúo andaluz consiguió, desde La Moncloa, que Andalucía conjurase el modelo del sur de Italia, regiones aisladas y ensimismadas en una milenaria historia de las que no le sacará ningún tren.

Guerra, por lo demás, está encantado. Algunos de los de la foto fundacional de la tortilla -cuentan desde el Congreso- no tanto. Y es que aquí no se da ni una puntada sin hilo. Hay heridas en la Sevilla de los cristos lanceados que no se cierran nunca.

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