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En auxilio de los docentes

  • El Teléfono del Defensor del Profesor atiende problemas de convivencia en los centros

La primera vez que un docente de Educación Primaria o Secundaria Obligatoria marca el número del Defensor del Profesor no suele identificarse. No dice ni su nombre, ni su edad, el centro en el que trabaja, la especialidad de la que da clases o la provincia desde la que llama. Tampoco facilita un número de teléfono de contacto. Simplemente, asegura que llama para hacer una consulta o pedir alguna información. Pero en realidad "llaman sobre todo para ser escuchados", señala Concha Somovilla, presidenta del sindicato ANPE en Málaga y responsable del teléfono del Defensor del Profesor en esa provincia.

Después de este primer contacto casi siempre repiten. Es entonces cuando se dan a conocer y relatan los detalles de la situación que les ha movido a solicitar la ayuda psicológica, administrativa o jurídica ofrecida por un teléfono pionero, que se puso en marcha en Madrid hace dos años para apoyar a los docentes ante casos de violencia escolar. Es un servicio que desde 2006 cuenta con dos números específicos para Andalucía abiertos a todo el profesorado y que en 2007 ha contabilizado ya en nuestra comunidad un total de 366 llamadas, lo que supone una media de una diaria.

A veces ni siquiera son los propios afectados por un episodio de violencia escolar los que marcan el teléfono. Algún compañero del claustro o del equipo directivo del centro, que ha oído hablar o leído referencias sobre el servicio del Defensor del Profesor, se encarga de dar el primer paso. Haber sido víctima de una agresión física y/o verbal por parte de los padres o familiares de un alumno es el principal motivo de estas llamadas, pero también las hay por haber sido objeto de amenazas vertidas por los propios alumnos y, en menor medida, por tener problemas con los compañeros que trabajan en el centro.

Las peticiones de ayuda registradas por este teléfono provienen tanto de profesores de Primaria como de ESO de centros públicos, aunque también han recibido algunas de colegios concertados.

Los docentes, alguno de ellos con más de una década de experiencia a sus espaldas, aseguran muchas veces que ellos nunca habían tenido antes estos problemas y exigen que se garantice la confidencialidad. En el caso de los docentes de ESO, las llamadas se producen sobre todo a final de curso, cuando se acerca la evaluación definitiva y algunos padres van al centro a mostrar (a veces físicamente) su desacuerdo con la calificación de sus hijos.

Desde el servicio del Defensor del Profesor se le facilita toda la información sobre cómo actuar, e incluso se realizan consultas administrativas para ayudar al afectado a resolver sus dudas. Si hace falta, los responsables de este teléfono se desplazan a los propios centros a conocer al docente y/o a su grupo de apoyo.

Si el docente ha sufrido una agresión física se le anima siempre a denunciarla, poniendo a su servicio el gabinete jurídico de ANPE e incluso se les acompaña a la celebración del juicio de faltas.

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