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Un estudio aconseja proteger la Alhambra con mallas de anclaje

  • Técnicos de la Universidad de Sevilla y la UGR proponen la instalación de un sistema que palie el riesgo de desplazamientos en la ladera norte del Palacio

La colina sobre la que se levanta la Alhambra no es fija, más bien todo lo contrario. Un estudio geológico realizado por técnicos de la Universidad de Granada y de la de Sevilla detectó que el terreno está fracturado por una decena de fallas tectónicas que, además, en su zona norte se ven afectadas por el proceso erosivo provocado por el río Darro, cuyas crecidas dieron lugar al gigantesco socavón conocido como Tajo de San Pedro.

La posibilidad de que el proceso de erosión natural se sume con un movimiento sísmico fuerte o que de manera independiente cada uno de estos aspectos se desarrolle podría poner en riesgo la preservación del monumento. Razón por la que el Grupo de Estructuras y Geotecnia de la E.T.S de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, en colaboración con la Universidad de Granada, propone la instalación de una malla metálica camuflada con anclajes en el Tajo de San Pedro para minimizar el riesgo de formación de grietas en las murallas y los desprendimientos. De hecho, los investigadores ya han cartografiado las grietas más importantes de la cara norte del monumento y las de la cerca cristiana que acota su entorno.

José Luis de Justo Alpañés, responsable del citado grupo de Arquitectura y catedrático de Ingeniería del Terreno, detalla que la malla con anclajes es una de las mejores soluciones para evitar este problema y que, además, cuenta con el mínimo impacto ambiental, ya que tendría la coloración del tajo. "La solución proyectada por nuestro grupo consiste en una malla que se comprime contra el talud, mediante anclajes postesados. De este modo, se contrarrestaría el proceso de extensión y debilitamiento del terreno, corrigiendo, en la medida de lo posible, la parte negativa de esa anomalía geológica, pero conservando el aspecto actual del Tajo".

La medida presentada por el equipo cuenta además con un proyecto de rehabilitación de la flora y la fauna de la zona que quedaría integrada en la malla que se ha elaborado del mismo color que el terreno.

El trabajo que se ha realizado por expertos de las dos universidades andaluzas tiene un coste de un millón seiscientos mil euros, financiados en parte por Fondos Feder, y ya se ha presentado a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y al Patronato, pero aún no se ha concretado nada para ponerlo en marcha. "Todo está preparado para que se pueda instalar la malla protectora, lo único que hace falta es que el Patronato quiera acometer el proyecto", apunta el responsable.

En este sentido, el profesor José Luis de Justo señala que "el último desprendimiento se produjo en 1985, una fecha relativamente cercana, pero que desde 1500 se llevan buscando soluciones a este problema". Su grupo de investigación sigue trabajando en proyectos paralelos, con objeto de seguir tomando muestras y realizando ensayos para calcular la resistencia de la formación.

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