La inestabilidad laboral en el SAS empuja al personal a la sanidad privada

  • Los profesionales de todas las categorías encadenan contratos que superan el centenar en nueve años en algunos casos · Los usuarios sufren la suspensión de citas y revisiones por los cambios de especialista

Las consultas cerradas del Centro de Alta Resolución (CARE) de Muelle de Heredia en Málaga por el plante de los ginecólogos que se negaban a firmar contratos de dos meses dejaron un mensaje claro: la precariedad laboral no sólo repercute en los trabajadores sino también en los usuarios de la sanidad pública. Los profesionales se quejan de la falta de estabilidad, pero además denuncian que la rotación del personal dificulta la continuidad de la asistencia porque a un mismo paciente lo pueden ver sucesivamente varios médicos. Y hay más: dicen que trabajar a salto de mata desalienta a muchos sanitarios que acaban emigrando o pasándose a la sanidad privada y hasta provoca la suspensión de citas.

Pero la inestabilidad laboral castiga a todas las categorías del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Hay celadores que pueden exhibir un larguísimo listado de contratos. María, por ejemplo, acumula 109 en nueve años; Pepi, 103 en el mismo periodo; Ana, 94; Esperanza, 55. Estos nombres son ficticios porque las protagonistas temen que "por contar la verdad" no vuelvan a llamarlas. Una relata que en ocho años de trabajo el contrato más largo que ha tenido ha sido de seis meses. "El SAS no nos da estabilidad ninguna, ninguna, ninguna", se queja una de ellas, que relata la dificultad para compatibilizar contratos "de un día, tres días o una semana" con otro empleo. Algunas dicen que además tienen que limpiar casas a fin de completar un sueldo medianamente apañado para pagar la hipoteca.

La rotación del personal derivada de la precariedad se ceba con las categorías inferiores, pero salpica a todas. Los profesionales cambian de contrato, de centro y de horario con una flexibilidad asombrosa. Una facultativa que en dos años ha pasado por una veintena de centros de salud ha tirado la toalla y se ha ido a la privada: "Sigo enamorada de mi profesión, pero estaba quemada por las condiciones laborales [en el SAS]". En el SAS sumaba al mes un sueldo "mileurista". Ahora gana 3.000 euros brutos al mes y tiene un contrato indefinido. Desde principios de año hasta que hace unos días decidió dejar la sanidad pública, dice que nunca había cobrado un fin de semana porque siempre la contratación se la hacían por un día, por dos o, como máximo, de lunes a viernes. Otro médico confiesa que a veces ha pensado en hacer las maletas e irse fuera de España porque está harto de contratos basura, pero de momento se queda: "Hay comunidades que ante la falta de especialistas que se está produciendo atan a los profesionales con buenos contratos, pero aquí se ha pasado de ofrecer contratos de un año a ofrecer otros de uno o dos meses".

Un facultativo que lleva mucho tiempo fijo se queja de lo que ve a diario: "Hay gente que lleva trabajando ocho años a la que ahora le ofrecen contratarla por tres semanas. Son puestos estructurales porque el hospital está lleno y ellos [los contratados] son imprescindibles para que esto funcione. Los políticos culpan a las empresas privadas de la precariedad, pero la Administración, que debería dar ejemplo, hace los contratos tan malos o peores".

Hay profesionales que denuncian que aunque siguen haciendo las mismas funciones de siempre, al cambiarle el objeto del contrato pierden el derecho a la productividad. El SAS replica que esa acusación es "totalmente falsa" y que "no se contrata por menos tiempo para no pagar el Complemento al Rendimiento Profesional". Según la Administración, todos los profesionales que hayan trabajado un cuatrimestre tienen derecho a percibirlo, "tanto si trabajan esos cuatro meses seguidos como si no".

Enfermeros, auxiliares y administrativos también están expuestos a la precariedad. Un par de auxiliares administrativas cuentan que siempre tienen trabajo, pero su media es de seis contratos al año. Una de ellas detalla incluso que ha rotado por hospitales, centros de salud, por pueblos... Pero no quiere contar su historia con nombre y apellidos porque tiene dos hijos y está separada. "Por lo menos deberían hacernos contratos de seis meses. Pero en el mismo momento de firmar ya nos dan la carta de cese", protesta. Esta mujer asegura que un día terminan su contrato y al siguiente siguen en el mismo sitio, pero con otro contrato.

El listado de quejas es largo: vacaciones que no se sustituyen al 100%, reducciones de jornadas que no se cubren, plantillas tan ajustadas que a poco que haya una baja hay que desprogramar citas, revisiones que se dejan en suspenso porque el contrato del especialista vence al mes siguiente y no se sabe si se le renovará, además de sobrecarga de trabajo para los fijos que tienen que explicar una y otra vez a los compañeros que van rotando qué es lo que tienen que hacer.

Cada trabajador pone su matiz. Los médicos se quejan de que tanta precariedad hace difícil el seguimiento a los enfermos y lostrabajadores de categorías más bajas denuncian que con tanta inestabilidad las hipotecas pesan aún más.

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