Diez mandamientos y (quizá) varios cargos

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El programa de IU es, como casi todos, inmenso y utópicamente exhaustivo. Para entender dónde están las prioridades, y por lo tanto el cogollo de la negociación con el PSOE, Valderas nos dejó la pista de su contrato ante notario con el pueblo andaluz. Los diez puntos irrenunciables combinan sabiamente metas difusas (carta de derechos de la ciudadanía; acuerdo económico y social; impulso del autogobierno) con otras más concretas (creación de una banca pública; reforma fiscal; bloqueo de los recortes en sanidad, educación, dependencia y servicios sociales; código ético). Las primeras medidas serán fáciles de abordar: basta con alcanzar acuerdos tan difusos como las metas en las que se basan. Las segundas causarán dolores de cabeza, debates nocturnos y algún amago de ruptura que las ganas de mandar (o de influir) abortarán más temprano que tarde.

Incluidas en el programa pero no en el contrato, aterrizarán sobre la mesa otras dos pretensiones cruciales: la reforma de la ley electoral y la imposibilidad de vetar comisiones parlamentarias de investigación siempre que las respalden una mayoría de diputados aún por determinar.

Si, además de políticas, IU se decide a exigir cargos, el citado documento deja otras huellas al marcar como estratégicos el sector agroalimentario, el turismo, las energías renovables y los servicios públicos. La Junta de la octava legislatura constaba de 13 consejerías. La federación aspiraría entonces a Agricultura y Pesca; Turismo, Comercio y Deporte; e Igualdad y Bienestar Social. Economía, que era el departamento que acogía a Innovación (renovables), nunca pasará a IU mientras Griñán conserve un gramo de ambición. Es el campo del que procede, su especialidad, la niña bonita de todo buen técnico. Turismo tampoco será hueso fácil de roer salvo que los socialistas prescindan de Luciano Alonso, el consejero más ubicuo de la democracia. Dos carteras, pues, como planteamiento más realista, con el presumible aditivo de la Presidencia del Parlamento, puesto que ya recayó en Valderas durante la breve legislatura de la pinza (1994-1996).

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