El viaje que acabó en desmadre

Los 800 estudiantes portugueses que estos días han saltado a los medios de comunicación por los destrozos causados en un hotel de Torremolinos llegaron a esta ciudad para celebrar el final de su etapa en la escuela secundaria. Dado el número de ellos, la Policía Nacional los enfocó para intervenir en caso de que el jolgorio se descontrolara en exceso. No fue necesario. La ruta se desarrolló sin mayores contratiempos. Por la mañana, sol y playa (que, eso sí, según los vecinos amaneció cubierta de basura). Por la noche, chiringuito en el paseo marítimo de Los Álamos, hasta las 03:00, para continuar la farra en la zona de Puerto Marina.

El pifostio lo reservaron para la despedida. El hotel en el que se alojaron quedó hecho unos zorros. Sus responsables los acusan de romper azulejos, lanzar colchones por las ventanas, vaciar extintores en los pasillos y tirar un televisor a una bañera.

El director de Policía de Seguridad Pública de Portugal, Cláudia Andrade, reconoció que el "mal comportamiento asociado al consumo excesivo de alcohol y los actos incívicos habían superado los límites". Medios de comunicación portugueses recogieron declaraciones de algunos padres de los jóvenes. Uno de ellos niega esa "falta de respeto" y argumenta que hubo "fallos" en el servicio que contrataron. Según su testimonio, los jóvenes habían pagado un paquete con todos los gastos incluidos que ascendía a 550 euros, pero que no cumplió con sus expectativas. "El bar cerró el segundo día y, al contrario de lo que dicen, los niños sólo tenían acceso a una bebida. La comida estaba racionada, no tenían derecho a repetirla. Las toallas de los baños no se cambiaban, ni había reemplazo de papel higiénico y muchas veces tenía que tomar una ducha fría ". En palabras del progenitor, los niños "sólo vieron una pared pintada y un extintor roto". Y uno de los responsables de la agencia de viajes acusó al dueño del hotel.

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