"Se le vio con la silla de ruedas"

  • Un vecino del número 78 de la calle León XIII sostiene que se cruzó con Miguel Carcaño a las dos de la mañana del 25 de enero, cuando éste volvía con el carro

En la puerta del Bajo C del bloque número 78 de la calle León XIII persisten las marcas de la silla de ruedas de la madre de Miguel Carcaño Delgado, una mujer discapacitada que falleció en verano de 2006. Ese mismo instrumento sirvió para trasladar el cuerpo de Marta del Castillo la noche del 24 al 25 de enero. Tres semanas después, la confesión del asesino no deja de sorprender a un vecindario que lo ha visto crecer desde pequeño.

"Un vecino se cruzó con él a las dos de la madrugada del domingo (25 de enero) y le sorprendió verlo con una silla de ruedas. Incluso le preguntó qué hacía con ella y él respondió que nada. Ahora nos enteramos de lo que hizo", explicaba ayer una vecina de este bloque, que conoce a Miguel desde pequeño. "Él se ha criado aquí, nunca se termina uno de creer algo así cuando lo ha visto crecer desde niño".

Miguel creció sin padre y sólo tuvo padrastros. Su madre se ganaba la vida vendiendo cupones en el barrio hasta que falleció. Tiene dos hermanos mayores. Uno de ellos reside precisamente en el barrio de Tartessos, a escasos metros de donde vivía Marta del Castillo. Miguel residió con él durante un tiempo y luego volvió a León XIII. Allí convivió con otro hermano hasta que éste se casó y se mudó. A partir de entonces Miguel vivió casi siempre solo y de cuando en cuando aparecía alguno de sus hermanos por la casa.

"Yo siempre le decía que si le hacía falta algo y él respondía que no. Ni que le cosiera nada ni que le hiciera nada de comer. Sólo me pedía dinero", cuenta Rosario, una vecina que muestra una carta de Miguel en la que éste le agradece que le haya prestado 15 euros y le pide perdón por la tardanza. Otro vecino, Antonio, también dice que le pedía dinero, aunque nunca le dio nada. "Ni se te ocurra llamar a mi puerta para pedirme ni un céntimo, le dije".

Miguel Carcaño cursó estudios en el colegio de Educación Infantil y Primaria Arias Montano y luego pasó al Instituto de Educación Secundaria Miguel de Cervantes. Algunos de sus compañeros de clase aseguran que "no destacaba". "Era un chico dentro de la normalidad, no resaltaba ni para lo bueno ni para lo malo, y lo que sí nos ha sorprendido es que haya aguantado veinte días sin hablar porque no parecía tan calculador como para eso".

Rosario, que también vive en un bajo, asegura que Miguel solía llevar a muchas chicas a su casa y que solía escuchar música a todo volumen. "Discusiones le recuerdo alguna, pero no puedo poner en pie si escuché algo la noche que desapareció la chica. Posiblemente viera a Marta alguna vez por aquí, pero tampoco me fijé demasiado en ella".

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