La novela adolescente de Emilia Pardo Bazán

La editorial Analecta publica 'Aficiones peligrosas', escrita por la autora gallega a la edad de trece años.

Ana Mendoza (EFE) / Madrid | Actualizado 22.03.2012 - 17:18
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Elena Hernando Gonzalo, presidenta de la Fundación Lázaro Galdiano, en la presentación de 'Aficiones peligrosas'. / EFE

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Con tan solo 13 años, Emilia Pardo Bazán, nombre esencial de la literatura española del XIX, demostró su madurez narrativa en la novela Aficiones peligrosas, una obra cuyo manuscrito se había traspapelado entre los fondos de la Fundación Lázaro Galdiano y que se publica ahora por primera vez completa. Ese manuscrito, en el que la autora refleja su concepción de la literatura y el derecho de la mujer a formarse y a crear, se lo regaló en 1898 Pardo Bazán (La Coruña, 1851- Madrid, 1921) a José Lázaro Galdiano, con quien había tenido una breve relación amorosa que luego fructificó en una larga amistad y en proyectos editoriales como la revista La España moderna. Por aquella época, la escritora mantenía una relación con Benito Pérez Galdós, y su romance amoroso con Lázaro Galdiano, a quien conoció en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, fue de dominio público.

Como explicó en la presentación Jesús Rubio, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, esta novela de Pardo Bazán fue publicada por entregas con el mismo título en el diario El Progreso de Pontevedra, que era la manera habitual que tenían los escritores de la época para dar a conocer sus obras. La novela era conocida parcialmente porque en 1989 Juan Paredes Núñez había editado un volumen con algunos de los capítulos aparecidos en el diario gallego, del que no se conserva ninguna colección completa. Es por tanto ahora cuando ve la luz por primera vez íntegro el manuscrito, de 76 páginas, de Aficiones peligrosas, que estaba en poder de la Fundación. Lo edita Analecta y lleva un estudio preliminar de Araceli Herrero Figueroa.

Ese manuscrito, que exhibía en la presentación con orgullo el director de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, Juan Antonio Yeves, junto con otros documentos de Pardo Bazán que se conservan en esta institución, pudo traspapelarse en 1936, cuando buena parte de los fondos de Lázaro salieron de su casa y no todos le fueron restituidos. La recuperación de su biblioteca "fue uno de los mayores empeños y desvelos de los últimos años de su vida" y es de suponer, como contó Yeves, que el autógrafo de Aficiones peligrosas pasó "por alguna situación extraña" y pudo traspapelarse.

Recomponer esta novela de Pardo Bazán ha sido casi como "hacer un puzle", señaló Yeves, tras contar que fue en 2004 cuando los manuscritos y documentos de la novelista gallega pasaron a formar parte de la Biblioteca de la Fundación, "después de una reconstrucción laboriosa". Entre esas obras de la autora de Los pazos de Ulloa que se conservan en la Fundación hay un librito de poemas titulado Jaime que lleva una curiosa dedicatoria: "A José Lázaro Galdiano. Este ejemplar va encuadernado con un guante mío y con la intención le acompaña la mano que vistió el guante y escribió los versos. Emilia". También es interesante la dedicatoria que llevaba el manuscrito de Aficiones peligrosas, porque da idea del gran caso que le hacía a Lázaro Galdiano: "De muy mala gana, por santa obediencia, entrego este manuscrito de mi primera novela escrita por mí a la edad de 13 años".

José Lázaro publicó numerosos trabajos de Pardo Bazán pero nunca mandó a la imprenta este manuscrito, "tal vez porque ella se lo había pedido de forma expresa", se afirma en el proemio del libro. "Sorprende la paradójica madurez" que se observa en esta novela. La autora ya manejaba con soltura "el arte de construir una novela y de los diálogos"; "ofrece en ciernes las características de una gran novelista", subrayó Jesús Rubio en la presentación, en la que también intervinieron la directora de la Fundación, Elena Hernando, y Javier Jiménez, director de Analecta.

Esas "aficiones peligrosas" de las que hablaba Pardo Bazán tenían mucho que ver con la lectura y la difusión de esta "en el mundo femenino del siglo XIX", que dio lugar a "la aparición de una mujer nueva, capaz de entender la realidad y de criticarla", comentaba Rubio. "La lectura podía ser una forma de liberación, pero también un arma peligrosa", añadió, quien se mostró convencido de que los estudiosos y los lectores "disfrutarán" con esta novela de Pardo Bazán, que permite conocer "la prehistoria de una de las mejores novelistas de nuestra historia, quizá la única que se puede codear con Galdós, Clarín y Valera". Con esos escritores "chocó" doña Emilia cuando trataba de encontrar su espacio en un mundo "demasiado masculino", indicó el catedrático de Zaragoza.

Como señala Araceli Herrero, en Aficiones peligrosas aparece, entre otras cuestiones, "la reivindicación de la literata", la denuncia de su discriminación y de su "ninguneo", en el que la autora "insistirá a lo largo de su vida".-
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