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Cambiemos la perspectiva de la violencia de género
tribuna libre
Cambiemos la perspectiva de la violencia de género
Mamen Sánchez | Actualizado 24.11.2009 - 08:29
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HASTA hace poco la violencia de género no era una problema político ni público. Durante años ha sido mantenido oculto por las propias víctimas y consentido por una sociedad cómplice, en el que ni amigos, ni familiares, ni vecinos, se atrevían a mirar por las rendijas de la puerta, por muchos golpes o gritos que se sucedieran en la casa de al lado. En eso nadie se metía, formaba parte de lo doméstico, de la relación de pareja. Es verdad que algo en la sociedad empieza a transformarse, los cambios normativos, la Ley de Violencia de Género, han demostrado ser un instrumento eficaz que está posibilitando que más mujeres denuncien, que tengan medios, que se sientan protegidas y que muchas de ellas salgan adelante y pasen esa etapa dramática de su vida.
Pero y la otra parte, ¿qué? En estos días, que se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, siempre hablamos de ellas, de las víctimas. El año pasado, 80 mujeres han muerto como consecuencia de la violencia machista. Sí es verdad, pero por qué no enfatizamos que 80 asesinos han acabado con la vida de 80 mujeres, a las que se supone han amado. Por qué no sacamos a la luz que 80 cobardes asesinos han experimentado en su propia piel lo que se siente al golpear, al ver caras ensangrentadas, cuerpos amoratados de 80 mujeres con las que han tenido una historia de amor. Por qué no decimos que esos 80 hombres violentos se han comportado de una forma impasible ante la mirada suplicatoria, agónica y de perdón de su “querida” mujer en el último minuto de su vida.
Sin duda la violencia de género afecta a las mujeres, pero es un problema de hombres, porque son ellos los que asesinan a las mujeres, porque es en su cerebro donde sigue anidando esa sociedad patriarcal de dominación, de subordinación entre los géneros. La violencia de género es una manifestación extrema de la desigualdad y del sometimiento en el que viven las mujeres y representa una clara conculcación de los derechos humanos. El agresor ejerce la violencia para someter a la mujer y así perpetuar la relación de dominio y control. Por eso pienso que hay que cambiar la perspectiva de cómo presentamos, informamos o hablamos de este tipo de violencia, porque puede ser que esta sociedad lo rechace, pero sin embargo cuando miramos las encuestas del CIS, comprobamos que sólo les preocupa al uno o dos por ciento de la población. Cada víctima es un fracaso de la sociedad y hemos de sentirnos aludidos todos. No puede ser que no nos preocupe, o que les preocupe sólo a una parte ínfima de la población.
Os voy a trasladar unos datos que nos tienen que alertar, porque evidencian que en la población juvenil se está produciendo aparentes pasos atrás y que la gente más joven está reproduciendo roles antiguos. El 40 por ciento de las medidas de protección se están aplicando a mujeres menores de 30 años. Y el 30 por ciento de las usuarias que utilizan el servicio telefónico 016 de ayuda a mujeres maltratadas, son también mujeres menores de 30 años. Fuerte ¿verdad? En pleno siglo XXI hay hombres jóvenes que maltratan, pegan y asesinan a sus parejas. No podemos permanecer impasibles ante estos datos. Porque mañana puede ser tu hija la que puede morir por ser mujer o puede ser tu hijo el que considere que es normal pegar o maltratar a su chica. Es imprescindible que a los hijos se les eduque en igualdad, con los mismos derechos y siempre teniendo presente el efecto y el respeto que deben tener a la persona del otro sexo.
Aún quedan mensajes en la familia, en la educación, en los medios de comunicación, en Internet, que siguen transmitiendo una imagen de la mujer de inferioridad, de dependencia del hombre, que legitiman la violencia de género, y que lo muestran como un elemento cultural decisivo que refuerza el sexismo, la instrumentalización del cuerpo de las mujeres. Unos mensajes que calan en las personas jóvenes y que les hace actores de poder reproducir ese tipo de violencia. La mejor receta contra la violencia sigue siendo la educación en igualdad como la primera medida para conseguir sociedades de futuro libres de violencia de género. Sólo desde las relaciones plenamente igualitarias la violencia será una patología residual. Queda mucho por hacer y no podemos cruzarnos de brazos. Hagámoslo por la sociedad, hazlo por tu hija y por tu hijo.
Mamen Sánchez es Portavoz adjunta del grupo socialista en el Congreso y diputada por Cádiz
Pero y la otra parte, ¿qué? En estos días, que se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, siempre hablamos de ellas, de las víctimas. El año pasado, 80 mujeres han muerto como consecuencia de la violencia machista. Sí es verdad, pero por qué no enfatizamos que 80 asesinos han acabado con la vida de 80 mujeres, a las que se supone han amado. Por qué no sacamos a la luz que 80 cobardes asesinos han experimentado en su propia piel lo que se siente al golpear, al ver caras ensangrentadas, cuerpos amoratados de 80 mujeres con las que han tenido una historia de amor. Por qué no decimos que esos 80 hombres violentos se han comportado de una forma impasible ante la mirada suplicatoria, agónica y de perdón de su “querida” mujer en el último minuto de su vida.
Sin duda la violencia de género afecta a las mujeres, pero es un problema de hombres, porque son ellos los que asesinan a las mujeres, porque es en su cerebro donde sigue anidando esa sociedad patriarcal de dominación, de subordinación entre los géneros. La violencia de género es una manifestación extrema de la desigualdad y del sometimiento en el que viven las mujeres y representa una clara conculcación de los derechos humanos. El agresor ejerce la violencia para someter a la mujer y así perpetuar la relación de dominio y control. Por eso pienso que hay que cambiar la perspectiva de cómo presentamos, informamos o hablamos de este tipo de violencia, porque puede ser que esta sociedad lo rechace, pero sin embargo cuando miramos las encuestas del CIS, comprobamos que sólo les preocupa al uno o dos por ciento de la población. Cada víctima es un fracaso de la sociedad y hemos de sentirnos aludidos todos. No puede ser que no nos preocupe, o que les preocupe sólo a una parte ínfima de la población.
Os voy a trasladar unos datos que nos tienen que alertar, porque evidencian que en la población juvenil se está produciendo aparentes pasos atrás y que la gente más joven está reproduciendo roles antiguos. El 40 por ciento de las medidas de protección se están aplicando a mujeres menores de 30 años. Y el 30 por ciento de las usuarias que utilizan el servicio telefónico 016 de ayuda a mujeres maltratadas, son también mujeres menores de 30 años. Fuerte ¿verdad? En pleno siglo XXI hay hombres jóvenes que maltratan, pegan y asesinan a sus parejas. No podemos permanecer impasibles ante estos datos. Porque mañana puede ser tu hija la que puede morir por ser mujer o puede ser tu hijo el que considere que es normal pegar o maltratar a su chica. Es imprescindible que a los hijos se les eduque en igualdad, con los mismos derechos y siempre teniendo presente el efecto y el respeto que deben tener a la persona del otro sexo.
Aún quedan mensajes en la familia, en la educación, en los medios de comunicación, en Internet, que siguen transmitiendo una imagen de la mujer de inferioridad, de dependencia del hombre, que legitiman la violencia de género, y que lo muestran como un elemento cultural decisivo que refuerza el sexismo, la instrumentalización del cuerpo de las mujeres. Unos mensajes que calan en las personas jóvenes y que les hace actores de poder reproducir ese tipo de violencia. La mejor receta contra la violencia sigue siendo la educación en igualdad como la primera medida para conseguir sociedades de futuro libres de violencia de género. Sólo desde las relaciones plenamente igualitarias la violencia será una patología residual. Queda mucho por hacer y no podemos cruzarnos de brazos. Hagámoslo por la sociedad, hazlo por tu hija y por tu hijo.
Mamen Sánchez es Portavoz adjunta del grupo socialista en el Congreso y diputada por Cádiz
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