La columna

Anatomía de caracol

Ana Pielfort | Actualizado 14.05.2008 - 01:00
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LA anatomía del caracol es bastante más compleja de lo que parece a simple vista. Tanto como escurridiza. Aunque la hayamos absorbido compulsivas veces, logra pasar inadvertida dentro de las tazas humeantes que, en temporada, se sirven hasta arriba. Al conocimiento de este molusco gasterópodo, poco ha contribuido el simpático dibujo de la pizarra de los bares provisto generalmente de tres elementos: cuerpo, concha y tentáculos. Bueno, también hay camareros con cierta maña que gustan de pintar al bicho con sonrisas y pajaritas; una manía como la de personalizar hortalizas, pero que, por otro lado, debería ser innecesaria dadas las similitudes que pueden encontrarse entre los caracoles y la especie humana. Y no lo digo por decir. Si nos adentrásemos en las entrañas mismas del caracol, veríamos que tiene órganos que podrían resultarnos familiares. Además de cuerpo, cuernos y concha, tiene, como nosotros: riñón, pulmón, hígado, estómago, corazón, ojos, boca… Todas estas cosas y mucho más es lo que succionamos de un sorbo. No hay que olvidar que, aunque sea a menor escala, el caracol reporta beneficios, diminutos, pero beneficios al fin y al cabo. Si atendemos a su composición nutricional, estamos ante una carne muy pobre en grasas, baja en calorías, rica en proteínas, en minerales y en vitamina C. ¿Otra taza?

Temiendo que, una vez descrita las intimidades del caracol, no acepten la invitación (y eso que no se ha contado que son hermafroditas y que no se autofecundan), puede que ahora haya llegado el momento de recurrir a los tópicos de siempre donde pasa al revés, donde el humano se vuelve un caracol en potencia. Y así, tendríamos que evocar escenarios coloristas de fábulas y cuentos tradicionales, en los que aparecen individuos solitarios cargando, a paso lento, con hipotecas, problemas y demás paranoias. No sé si estarán de acuerdo en que a veces hacemos auténticas animaladas sin necesidad.
3 comentarios
  • 3 Joaquín 14.05.2008, 14:54

    Durante la época de caracoles, los vemos servidos en los mismos vasos de los cafés con leche. Sería bueno preguntarnos: ¿Cual es exactamente la composicion del caldo en el que van sumergidos? ¿Habrá restos del mucus que producen para ayudar a la locomoción? ¿O quizás de ese tipo especial de mucosidad que se polimeriza para cubrir la entrada de su caparazón?

  • 2 Alioli 14.05.2008, 09:18

    ¡Ay, esa lentitud del caracol!. En él la magnitud tiempo adquiere una dimensión casi cúbica. Es afortunado por disponer de algo que hoy en día es un bien muy preciado. No envidio su caparazón que me recuerda a todo lo que en esta vida cargamos consciente e inconscientemente como una rémora. Creo que por la vida hay que ir ligero de equipaje. Y ahora que pienso más en estos animalitos…. tampoco me gusta su actitud retráctil. A la vizcaína están buenísimos.

  • 1 Pumuki 14.05.2008, 08:03

    Buenos días, Sí que estoy de acuerdo en que a menudo nos cargamos de tareas y cargas que nos obligan a arrastrarnos, en vez de caminar con ligereza. . Como dice un amigo mío, "tenemos muchos problemas, la mayoría inventados". . . . . By the way, que ricos los caracoles!!

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