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¿Se lee o no?
HABLANDO EN EL DESIERTO
¿Se lee o no?
Francisco Bejarano | Actualizado 14.08.2008 - 01:00L AS autoridades políticas dan resultados de encuestas optimistas, por los cuales los niveles de lectura en Andalucía son comparables a los de las sociedades más lectoras. Pero el informe del Consejo de Usuarios y Consumidores de Andalucía recoge la ausencia de hábitos de lectura entre una gran mayoría de andaluces, en especial los niños y jóvenes. La Junta cuenta con un Observatorio de la Lectura, que desconocíamos, en el que no está incluido el Consejo citado ni las conclusiones de su investigación. Las cuentas salen mal, o salen falsas: no parece que los andaluces tengan en la lectura uno de sus entretenimientos favoritos. Sería raro. Por otra parte, algo se leerá porque se publica mucho. La Asociación de Editores andaluza no dará a la estampa de continuo libros nuevos para dejarlos en un depósito, o bien se los compra la Junta para bibliotecas escolares y públicas que nadie visita.
En alguna parte tiene que estar la explicación del misterio. Leer no es bueno ni malo, depende de lo que se lea y de la capacidad de elegir del lector. Pero leer tiene sus inconvenientes para las tendencias actuales del mínimo esfuerzo: es una decisión voluntaria con ideas claras sobre lo que se busca en un libro; supone un esfuerzo mínimo si se disfruta leyendo, e ímprobo si se pasa mal (en el segundo caso lo más inteligente es abandonar la lectura), y es imprescindible que el lector entienda lo que lee. Para niños y jóvenes es lo más complicado, porque el deterioro de la enseñanza que observo en mis propios allegados ha reducido el vocabulario a niveles elementales. Las consecuencias nefastas de una lengua empobrecida es la incapacidad para comprender un escrito. Pero hay otra peor: un vocabulario indigente impide pensar con claridad. Y esto no tiene remedio. Tomo para mí la afirmación de Borges en una entrevista: "A mí me interesan mucho las palabras, como muy bien puede haberse dado cuenta."
La propaganda en pro de la lectura es de las batallas con más riesgo de perderse. La inclinación a leer se adquiere en la infancia o en la adolescencia o nunca. Es un bien, pero no tangible. Se comprende que un joven ponga más interés en comprarse una moto, que no hay sino arrancarla y salir corriendo, que en conocer un lento proceso civilizador. No es igual de civilizado un buen lector que quien nunca lee. Más civilizado para bien y para mal: los conocimientos no siempre nos inclinan a la bondad, pero si a explicarnos los sentimientos y pasiones humanas. El hombre es el único animal que tiene facultad para el pensamiento abstracto, que la lectura ayuda a afinar sin ser imprescindible, pero esa facultad única no se alcanza con propaganda y encuestas, ni con libros más baratos ni más bibliotecas: es una conquista personal, iniciada por azar en la niñez y en un ambiente propicio.
En alguna parte tiene que estar la explicación del misterio. Leer no es bueno ni malo, depende de lo que se lea y de la capacidad de elegir del lector. Pero leer tiene sus inconvenientes para las tendencias actuales del mínimo esfuerzo: es una decisión voluntaria con ideas claras sobre lo que se busca en un libro; supone un esfuerzo mínimo si se disfruta leyendo, e ímprobo si se pasa mal (en el segundo caso lo más inteligente es abandonar la lectura), y es imprescindible que el lector entienda lo que lee. Para niños y jóvenes es lo más complicado, porque el deterioro de la enseñanza que observo en mis propios allegados ha reducido el vocabulario a niveles elementales. Las consecuencias nefastas de una lengua empobrecida es la incapacidad para comprender un escrito. Pero hay otra peor: un vocabulario indigente impide pensar con claridad. Y esto no tiene remedio. Tomo para mí la afirmación de Borges en una entrevista: "A mí me interesan mucho las palabras, como muy bien puede haberse dado cuenta."
La propaganda en pro de la lectura es de las batallas con más riesgo de perderse. La inclinación a leer se adquiere en la infancia o en la adolescencia o nunca. Es un bien, pero no tangible. Se comprende que un joven ponga más interés en comprarse una moto, que no hay sino arrancarla y salir corriendo, que en conocer un lento proceso civilizador. No es igual de civilizado un buen lector que quien nunca lee. Más civilizado para bien y para mal: los conocimientos no siempre nos inclinan a la bondad, pero si a explicarnos los sentimientos y pasiones humanas. El hombre es el único animal que tiene facultad para el pensamiento abstracto, que la lectura ayuda a afinar sin ser imprescindible, pero esa facultad única no se alcanza con propaganda y encuestas, ni con libros más baratos ni más bibliotecas: es una conquista personal, iniciada por azar en la niñez y en un ambiente propicio.

