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La adolescencia y las drogas
reflexiones sobre psicología
La adolescencia y las drogas
No se trata de dramatizar, pero hay que tener claros los riesgos del consumo
Juan Manuel Gutiérrez / Psicologiadiez@ Terra.es | Actualizado 31.03.2009 - 01:00La adolescencia es una etapa crítica en el desarrollo de cualquier ser humano, es el momento en el que se deja de ser niño o niña para empezar a ser hombre o mujer. Esta etapa se inicia con los once o doce años y puede durar hasta los veinte años, aunque hoy es ampliamente reconocido por la comunidad científica que un cerebro no es adulto, o lo que es lo mismo, no está completamente desarrollado, hasta los veintiún años. Durante este largo proceso los menores tienden a retirarse de sus padres y a priorizar a sus amistades. Este distanciamiento les permite sentirse más independientes y autónomos. Gradualmente se van volviendo más críticos, toman conciencia de que los adultos se equivocan, de que sus padres no son fuentes de saber, no están siempre en posesión de la verdad, de que en la sociedad en que viven existen tremendas injusticias que nos vemos obligados a tolerar y en este contexto, por si fuera poco aparece la opción de las drogas, como algo alternativo y que declara al joven en rebelión oficial contra el sistema. No siempre el consumo es una respuesta a la sociedad, a veces puede ser una respuesta a una situación personal angustiante, a veces puede responder al deseo de integración en un grupo o en otras ocasiones su uso puede venir motivado por un simple deseo de diversión y de vivir el día a día.
En cualquier caso, los programas educativos, que tanto organismos públicos como entidades o asociaciones privadas llevan a cabo en los colegios, se han mostrado de suma importancia para reducir los altos niveles de consumo de décadas anteriores y reducir la tendencia ascendente que existía en algunos ámbitos.
La principal crítica que se puede realizar a algunos de estos programas es la generalización que se realizan con ellos, todo es droga, desde el tabaco hasta la heroína. Sin embargo los programas de prevención de consumo se hacen cada vez más efectivos si se personalizan, o sea, si dentro de estos programas se tratan temas de ese contexto particular de los alumnos, tratando los principales problemas de la zona en la que viven, la facilidad de acceso a determinadas sustancias, la generalización de su consumo como algo habitual y poco nocivo.
Desde la familia se ha de tener claro que prohibir por prohibir no sirve de nada, y que tratar el tema de las drogas como algo tabú que no conviene hablar para no provocar, deja al menor sin recursos y sin información que le permita tomar una decisión adecuada. Se trata de que los menores no pierdan la confianza en sus padres, porque de ser así, se volverán inmunes a cualquiera de sus mensajes. En este periodo de la vida, es más importante que nunca la comunicación, proporcionar criterios y argumentos al adolescente para que sea él quien pueda ir tomando sus propias decisiones. No se trata de dramatizar, ni tampoco de banalizar un tema como las drogas, pero el adolescente ha de tener claro que consumir drogas conlleva siempre un riesgo, que será mayor o menor en función del tipo de drogas que consuma. Por último, no hay que olvidar transmitir la idea que hay formas alternativas de conseguir las satisfacciones que las drogas pueden hacer experimentar, a través de las aficiones, la familia o incluso los éxitos en los estudios.
En cualquier caso, los programas educativos, que tanto organismos públicos como entidades o asociaciones privadas llevan a cabo en los colegios, se han mostrado de suma importancia para reducir los altos niveles de consumo de décadas anteriores y reducir la tendencia ascendente que existía en algunos ámbitos.
La principal crítica que se puede realizar a algunos de estos programas es la generalización que se realizan con ellos, todo es droga, desde el tabaco hasta la heroína. Sin embargo los programas de prevención de consumo se hacen cada vez más efectivos si se personalizan, o sea, si dentro de estos programas se tratan temas de ese contexto particular de los alumnos, tratando los principales problemas de la zona en la que viven, la facilidad de acceso a determinadas sustancias, la generalización de su consumo como algo habitual y poco nocivo.
Desde la familia se ha de tener claro que prohibir por prohibir no sirve de nada, y que tratar el tema de las drogas como algo tabú que no conviene hablar para no provocar, deja al menor sin recursos y sin información que le permita tomar una decisión adecuada. Se trata de que los menores no pierdan la confianza en sus padres, porque de ser así, se volverán inmunes a cualquiera de sus mensajes. En este periodo de la vida, es más importante que nunca la comunicación, proporcionar criterios y argumentos al adolescente para que sea él quien pueda ir tomando sus propias decisiones. No se trata de dramatizar, ni tampoco de banalizar un tema como las drogas, pero el adolescente ha de tener claro que consumir drogas conlleva siempre un riesgo, que será mayor o menor en función del tipo de drogas que consuma. Por último, no hay que olvidar transmitir la idea que hay formas alternativas de conseguir las satisfacciones que las drogas pueden hacer experimentar, a través de las aficiones, la familia o incluso los éxitos en los estudios.


mi opinion es que en la adolecencia debe haber mas comunicacion de padres y los hijos