HABLANDO EN EL DESIERTO

Tabaquismo ideológico

Francisco Bejarano | Actualizado 31.05.2009 - 01:00
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EL alcohol debe ser todavía de izquierda porque los jóvenes, muy jóvenes, hacen botellón y las autoridades son comprensivas con ellos, incluso les facilitan la borrachera indecente, pero el tabaco es claramente de derechas. No debería ser así porque todos sabemos que en los botellones multitudinarios no hay sólo alcohol de garrafón, sino tabaco y otras sustancias más perseguidas aún que el tabaco. La persecución de los fumadores hasta haberles impedido viajar en tren, el más agradable medio de transporte, tiene sus visos ideológicos. El alcoholismo agudo es entretenimiento para una noche, la borrachera se coge y se duerme en unas horas, y los muy jóvenes salen de la resaca airosamente y presumiendo de ella: una fiesta para la libertad y los derechos de la juventud. El tabaquismo es continuado, ayuda a pensar y a reflexionar y, aunque se fuma en público allí donde se puede, tiene sus horas de clandestinidad.

Los gobernantes saben que un botellón en una plaza trae problemas con los vecinos, pero no políticos. Los jóvenes borrachos no son políticamente peligrosos, pueden serlo para ellos mismos o para otros si hay broncas y reyertas, pero no ponen en cuestión las estructuras del gobierno. Los fumadores, nunca se sabe. Se lee y se fuma al mismo tiempo, se escribe con un cigarro en la mano, se tienen tertulias y conversaciones fumando, se pasea, se piensa y se sacan conclusiones sin dejar de fumar. El tabaco no es impedimento para las ideas políticas, ni una huida hacia la nada, ni una confusión tumultuaria, ni necesita del alcohol o de otras sustancias prohibidas y toleradas para disfrutarlo, ni nos hace perder el tino, ni ser impertinente diciendo inconveniencias. El fumador deja libre su mente y no necesita a nadie para fumar. En esa libertad autosuficiente está el grave peligro del tabaco.

Si fuera por la salud, la paz y la seguridad de los ciudadanos, perseguirían antes la escandalera, y el escándalo, de los botellones y el aturdimiento propio y ajeno que comportan, que el placer personal, inexplicable e intransferible del tabaco. El tabaco es individualista y el alcohol gregario. El gregarismo da votos, sobre todo entre los más jóvenes: creen que emborracharse y dar la murga es un derecho conquistado por la izquierda y regalado graciosamente a la juventud, por tanto, la muchedumbre juvenil, despistada, irredenta, analfabeta y de oscuro porvenir, vota a la oclocracia como sistema, o como antisistema, no está claro. El botellón, por otro lado, es igualitario y el tabaco no puede serlo; con la bebida se puede hacer proselitismo, con el tabaco no es tan sencillo por su discreción. Fumando hacemos muchas cosas buenas y vemos pasar la vida con distancia, otro peligro para los gobernantes; con la borrachera la vida pasa y la juventud se extingue sin sentir.