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Asesino Raúl
yendo al grano
Asesino Raúl
Víctor Cantero | Actualizado 16.03.2010 - 01:00AL igual que con la ETA, la izquierda española ha sido siempre muy condescendiente con el régimen comunista cubano. Condescendiente cuando no claramente entusiasta, aunque yo tengo que decir que ya hace muchos años, a cuenta de unos fusilamientos en la isla, escribí un artículo que titulé 'Asesino Fidel' que fue publicado sin censura y con dinero de la Izquierda Unida de mi pueblo. Ahora han matado al preso político Orlando Zapata, o lo han dejado morir, que es lo mismo, y como continuación de aquel primero y viejo artículo, escribo éste al que titulo 'Asesino Raúl', que es quien gobierna hoy por la baja de su hermano.
Como muchos adolescentes de mi quinta, yo viví entusiasmado con Cuba, soñando su revolución para España. No hace falta decir que estábamos engañados y estafados, porque se nos contaba que aquella isla era el paraíso de la libertad, de la alegría y de la meteorología. Ahora, más viajados e informados, sabemos que allí pasó lo de siempre: lo que en 1959 fue una insurrección y una liberación con el pueblo como protagonista -"hagamos nosotros la historia, y que otros la escriban mañana", se decía por entonces-, se convirtió pronto en una dictadura utilizando al pueblo como coartada, una dictadura de izquierdas dirigida por el hoy enfermo Fidel.
Fidel Castro era diestro en fumar cigarros puros y en pronunciar largos discursos, y ha vivido siempre con la obsesión de que los EEUU no pongan la bota en su isla, que allí sólo cabe una bota, la suya. Tratando de que a su pueblo no lo sojuzgue nadie lo ha sojuzgado él, haciendo virtud de lo que es una conducta dictatorial que aquí, como digo, hemos justificado para nuestra vergüenza.
Ha muerto Zapata, hay poetas presos y los Castro no cejan. Benito Zambrano, que explicó la Cuba actual en su película 'Habana blues', me comentaba un día, mientras sosteníamos una pancarta en una vieja reivindicación, que la Cuba poscastrista deberá ser la que quieran los cubanos -elementalidad democrática-, sin continuismo y sin injerencias imperialistas. Así ha de ser, yo lo pienso y lo espero, la Cuba futura: elecciones libre y una Justicia de puertas abiertas donde no haya ni una idea ni un endecasílabo en prisión.
Como muchos adolescentes de mi quinta, yo viví entusiasmado con Cuba, soñando su revolución para España. No hace falta decir que estábamos engañados y estafados, porque se nos contaba que aquella isla era el paraíso de la libertad, de la alegría y de la meteorología. Ahora, más viajados e informados, sabemos que allí pasó lo de siempre: lo que en 1959 fue una insurrección y una liberación con el pueblo como protagonista -"hagamos nosotros la historia, y que otros la escriban mañana", se decía por entonces-, se convirtió pronto en una dictadura utilizando al pueblo como coartada, una dictadura de izquierdas dirigida por el hoy enfermo Fidel.
Fidel Castro era diestro en fumar cigarros puros y en pronunciar largos discursos, y ha vivido siempre con la obsesión de que los EEUU no pongan la bota en su isla, que allí sólo cabe una bota, la suya. Tratando de que a su pueblo no lo sojuzgue nadie lo ha sojuzgado él, haciendo virtud de lo que es una conducta dictatorial que aquí, como digo, hemos justificado para nuestra vergüenza.
Ha muerto Zapata, hay poetas presos y los Castro no cejan. Benito Zambrano, que explicó la Cuba actual en su película 'Habana blues', me comentaba un día, mientras sosteníamos una pancarta en una vieja reivindicación, que la Cuba poscastrista deberá ser la que quieran los cubanos -elementalidad democrática-, sin continuismo y sin injerencias imperialistas. Así ha de ser, yo lo pienso y lo espero, la Cuba futura: elecciones libre y una Justicia de puertas abiertas donde no haya ni una idea ni un endecasílabo en prisión.

