LAS EMPINADAS CUESTAS

Mujer y trabajo

Amparo Rubiales | Actualizado 16.03.2010 - 01:00
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SE conmemora este mes el Día de la Mujer, que a veces se llama de la Mujer Trabajadora, y que aunque por su origen lo fue, hoy sabemos que todas las mujeres, tengan o no trabajo remunerado, trabajan y han trabajado siempre. Las mujeres lo han hecho sin descanso, aunque hayan tardado en acceder a las profesiones prestigiosas y bien remuneradas, y aún les cuesta.

Las que trabajan fuera del hogar lo hacen doblemente. De trabajar han sabido siempre mucho las mujeres. Otra cosa es que el trabajo doméstico no haya estado valorado económicamente, ni se contabilice, en ningún país del mundo, en el PIB; y con esto no quiero decir, ni mucho menos, que haya que darle un sueldo a las amas de casa; creo que las mujeres tienen que aspirar a tener trabajo remunerado y que la realización de las tareas domésticas sea compartida por todos los miembros del núcleo familiar.

La reivindicación de la incorporación de la mujer al trabajo comienza a finales del siglo XX, en las economías avanzadas y en relación a las mujeres de las capas medias urbanas, porque en el medio rural, en las sociedades primitivas y en los estratos más bajos de la sociedad la mujer trabajó siempre fuera del hogar, en todos los lugares y en todas las épocas, por razones de subsistencia económica.

Con la revolución industrial se transforman la actividad económica y las relaciones sociales, y esto permite que las mujeres traten de incorporarse al mercado de trabajo; esa incorporación se produjo en las peores condiciones y asumiendo los trabajos más duros y peor pagados, entre otras cosas porque carecían de la educación y formación necesaria para poder elegir.

Acceder a la educación era una premisa necesaria por la que hubo que pelear -se cumplen ahora 100 años desde que se autorizó a la población femenina poder cursar estudios universitarios- y sólo así se pudo competir en el mercado de trabajo, aunque llevando siempre a cuestas el trabajo doméstico.

Las injusticias no cesan y llegan hasta hoy: las mujeres tienen en España, una tasa de actividad 13,4 puntos menor que la masculina; la media europea está en un 12,3%, y en Andalucía la diferencia es de 15,7 puntos, y aunque éstas se van diluyendo y las barreras mentales comienzan a desaparecer, todavía queda un 26% de la población mundial que piensa que la mujer debe estar en casa cuidando de los hijos y encargándose sólo de las tareas domésticas. Es la economía de la igualdad, de la que ha hablado el presidente Griñán, la que puede corregir este y otros muchos de los problemas que hoy nos acucian, contando siempre con la actividad remunerada de las mujeres
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