Más solos que Bermejo en punta...

Sólo medio centenar de aficionados xerecistas estuvo en el Helidoro sufriendo con la derrota y el juego

M. Romero / Tenerife / enviada Especial | Actualizado 26.10.2009 - 11:34
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Mario Bermejo conduce el balón en presencia de un jugador tinerfeño.

Foto: Efe

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Hace sólo cuatro meses, Tenerife y Xerez se vieron las caras en el mismo estadio pero no a la misma hora -vaya tela lo de jugar a las cuatro de la tarde con el calor que hace- con el ascenso a Primera División en juego. Era otro partido, era otro ambiente y era otra situación histórica.

Esta vez, tanto Tenerife como Xerez llegaban agobiados por su situación en la tabla y todo lo que era fiesta en junio, era tensión ayer. Para empezar, el ambiente distaba mucho del de entonces. Pero, curiosamente, fueron los mismos jugadores del Tenerife los que acabaron amargando la tarde a los azulinos.

Nino y Alfaro terminaron con las ilusiones de ascender en el Heliodoro Rodríguez de los de Esteban Vigo y Alfaro dio la puntilla ayer a los de Ziganda. Nino no marcó pero fue un incordio durante los noventa y cuatro minutos que duró el choque y puso su granito de arena en el triunfo.

El onubense pudo ser azulino el pasado verano, pero él tenía claro que quería volver a la Isla y el Sevilla también sabía que económicamente el club de Concepción le iba a 'premiar' con una cantidad mucho más generosa que el de su 'hermano' Joaquín Morales. Así que, cuando hay dinero por medio, no hay amistad que valga...

El estadio no se llenó. La hora no invitaba y ni los propios aficionados locales se animaron a acudir a una cita con morbo, un morbo que los propios protagonistas le quitaron durante la semana, ya que desde los dos bandos se encargaron de decir que los encuentros no tenían nada que ver. Es más, a pesar de que la asistencia superó los diecisiete mil aficionados, fue la más baja de lo que va de Liga en Primera para ellos.

Los seguidores azulinos, con la que está cayendo en Jerez -tensión con Joaquín Morales, ley concursal a la vista, situación del equipo, juego, desplazamiento larguísimo, y crisis, mucha crisis-, no se movilizaron como en otras oportunidades y esta vez dejó al equipo más solo que Mario Bermejo arriba.

Sólo medio centenar de magníficos incondicionales se dejaron notar en el estadio, unos llegados desde Jerez y otros desde Las Palmas, isla en la que se encuentran estudiando y trabajando. Junto a ellos, los familiares de Aythami tampoco quisieron perderse el duelo ante su 'eterno' rival.

Desde muy temprano, quisieron arropar y animar a los jugadores y se dejaron ver por el hotel de concentración para pedirles autógrafos y hacerse fotos.

Una vez que el balón empezó a rodar, se acabó la fiesta para todos ellos. Les tocó sufrir, sufrir y sufrir y morderse las uñas con el gol de Alejandro Alfaro a falta de tan poquito para el final del encuentro. Una vez más, se quedaron sin nada que celebrar. De todos modos, seguro que llegan tiempo mejores.
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