Grandes del Flamenco

Maestros jerezanos del baile

Los mejores -y tal vez los únicos- fueron, sin duda, Cristóbal el Jerezano y Fernando Belmonte

Juan de la Plata | Actualizado 14.03.2009 - 12:20
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En Jerez no siempre enseñaron baile las maestras, también algunos maestros, aunque la verdad que no muchos; incluso puedo afirmar que más bien pocos; porque siempre prevalecieron las maestras. Y aunque me estoy refiriendo, naturalmente, a tiempos pasados; hoy la oferta sigue siendo la misma, dos o tres, y pare usted de contar. Será cosa de que la enseñanza se le da mejor a las mujeres y los bailaores no están mucho por la labor, que digamos. Porque viejos maestros como Paco Laberinto, por ejemplo, nunca se dedicaron a la enseñanza y eso que sabía un rato largo de baile, por lo que él mismo había bailado y lo que había visto bailar por esos mundos.

Pero guitarristas como Javier Molina y Sebastián Núñez, con su enorme experiencia profesional, también enseñaron, o perfeccionaron, el baile de jóvenes promesas y, prácticamente, tanto Lola Flores, con Javier y Sebastián; como mucho más tarde Angelita Gómez, aparte sus maestras María Pérez, la Pantoja y Carmen Bernal, se hizo tal bailaora con Sebastián, a fuerza de bailar, desde niña, durante años, en el cuadro flamenco de éste, donde recuerdo que hacía, sobre todo, las alegrías, los caracoles y el mirabrás, tres bailes difíciles y poco practicados, sobre todos los dos últimos; cantándole unas veces Eduardo Lozano El Carbonero y otras Juan Acosta que eran dos expertos cantaores de atrás, independientemente de que también fueran magníficos ejecutantes de alante.

Pero refiriéndome a los maestros antiguos de baile, debo decir que ni conozco ni he oído hablar de ninguno hasta tiempos muy recientes. Otra cosa es que muchos fueran verdaderos maestros en su baile; como Laberinto y algún otro, pero nunca se dedicaron a la enseñanza del mismo. Hasta que llegó Cristóbal Fernández El Jerezano, en los tiempos modernos, y me refiero a la segunda mitad del siglo XX, en Jerez nadie -ningún bailaor quiero decir- se dedicó a enseñar a bailar flamenco.

Y, de esa época, tan solo conozco a dos: al ya mencionado Cristóbal el Jerezano y a Fernando Belmonte; el primero, creador del espectáculo 'Los niños flamencos de Jerez'; y el segundo, creador del famoso y juvenil Ballet Albarizuela, que tantos éxitos cosechara en varios países, y tan lamentablemente desaparecido hace ya bastantes años.

Cristóbal se especializó en la enseñanza de niños, algunos de los cuales, muchos diría yo, llegarían a escalar la fama artística, como grandes profesionales. Y lo mismo le ocurrió a Fernando Belmonte, que sacó de su ballet grandes bailarines, entre ellos al hoy famosísimo Joaquín Grilo.

La primera escuela de baile, pudiéramos decir "oficial" que se abrió en Jerez, la impulsó quien esto escribe, allá por los años sesenta del pasado siglo, consiguiendo el patrocinio del Ayuntamiento que regía Tomás García Figueras, para que se considerase Escuela Municipal de Baile, la que abrió, como tal, su primer estudio en los altos de los antiguos almacenes de perfumería Los Madrileños, frente al Gallo Azul, donde estuvieron los antiguos billares. Y en aquél espacioso salón, con ayuda de un tocadiscos y varias placas de las de vinilo, Cristóbal el Jerezano que, además de bailar muy bien fue un enorme coreógrafo, se dedicó a dar sus primeras clases con un buen grupo de muy jóvenes aprendices.

Y cuando derribaron la manzana de Los Madrileños, que incluía, además, el viejo cine Salón Jerez y el antiguo bar La Vega, Cristóbal consiguió otros locales, más pequeños, pero mejor acondicionados, en la calle Santa Cecilia, frente al templo de San Miguel, donde siguió dando clases, que luego pasaría a su propio y muy cercano domicilio; impartiendo lecciones hasta que le sorprendió la muerte. Los bailes que enseñó Cristóbal seguían la línea de la vieja escuela de Jerez que él había aprendido de sus antiguas maestras.

Lo contrario de Fernando Belmonte que, veinte años más tarde, en los ochenta, se dedicó a enseñar los bailes de la escuela de Antonio, discípulo, a su vez, del sevillano maestro Realito. Porque Belmonte, hijo de matador de toros, sobrino de torero y hermano de toreros, en vez de inclinarse por el toreo, que era lo que había visto en su casa, toda su vida, optó por el baile, haciéndose pronto famoso, hasta el punto de figurar en la compañía de Antonio, durante cinco años, como primer bailarín; recorriendo medio mundo; formando más tarde en la compañía de María Rosa, junto al también gran bailarín jerezano Angel. García, fallecido años más tarde, en Madrid, cuando formaba parte del ballet Antología, a consecuencia de un fatal accidente de circulación, al salir una noche del tablao Los Canasteros, de Manolo Caracol.

Después de cuatro temporadas con María Rosa, Fernando Belmonte creó su propio ballet y se dedicó a la enseñanza y a la formación de su propio elenco de bailarines. Y así estuvo enseñando sus conocimientos, durante varios años. Hoy día, Antonio el Pipa, alumno de Angelita Gómez , ha sido el primero en dedicarse a la enseñanza, aparte de actuar continuamente, como viene haciéndolo, triunfalmente siempre, alrededor del mundo, al frente de su magnifica y gran compañía. Siguiendo sus pasos de enseñante otros bailaores más jóvenes, como Andrés peña, Domingo Ortega y Juan Antonio Tejero, deseosos como él de que no se pierda la gran tradición bailaora de Jerez.

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