Nostalgia animada

Chico y Rita. Animación adulta, España-RU, 2010, 90 min. Dirección: Fernando Trueba y Javier Mariscal. Guión: F. Trueba e I. Martínez de Pisón. Canciones y música: Bebo Valdés, Idania Valdés. Voces: Limara Meneses, Emar Xor, Mario Guerra.

Era lógico este paso adelante en la trayectoria de Fernando Trueba, reconocido amante y valedor de la música latina no sólo en su faceta de cineasta (Calle 54, El milagro de Candeal) sino también en su vertiente de productor musical y empresario impulsor de mezcolanzas que, como la de Diego El Cigala y Bebo Valdés (Lágrimas negras), pasa por ser referencia inevitable del mejor crossover de la última década.

Es precisamente Valdés la figura que, fantasía e idealización hollywodienses mediante, inspira al romántico y algo tieso protagonista esta ficción que Trueba ha animado sobre imágenes reales con la colaboración de Javier Mariscal y su equipo, en una operación estética híbrida que podría emparentarse con otros filmes recientes como Vals con Bashir. Un Valdés que regresa (licencia poética) a La Habana convertido en Chico, pianista en la feliz Cuba prerrevolucionaria por la que vemos desfilar en tonos pastel y trazos suaves y sensuales el esplendor de una época dorada de noches de Tropicana, coches descapotables y luces de neón.

La propuesta es, sin embargo, algo más discreta y de vuelo más corto de lo que podía esperarse, más allá de la originalidad de su estética, cien por cien Mariscal. Más discreta en tanto que no termina de explorar (apenas en una escena onírica que no se cuenta precisamente entre lo mejor del filme) las posibilidades y el potencial expresivo de la animación más allá de una suplantación idealizada de un universo ficcional que se mira en las convenciones del cine clásico para desarrollar un insuficiente y artrítico drama romántico con cadencia de bolero a propósito de un amor de ida y vuelta acompasado por la música de algunos de los más grandes compositores e intérpretes del jazz-latino, de Charlie Parker a Dizzy Gillespie, de Cachao a Woody Herman, de Chano Pozo a Estrella Morente (de largo, lo peor del repertorio), de Nat King Cole a Tito Puente, de Thelonious Monk al propio Valdés, autor de los arreglos, fondos y temas originales.

El guión que firman Trueba y Martínez de Pisón se aferra a la estructura, la tipología, los giros y los modos del clasicismo con menos hondura de lo que se le supone a un filme adulto para subrayar aún más si cabe el carácter nostálgico y excesivamente mitómano de una operación que se cierra demasiado sobre sí misma, sobre su juego constante de referencias, citas y homenajes, encapsulada en una máquina del tiempo que tal vez emocionará y masajeará los sentidos a cierta generación de espectadores pero que dejará algo fríos a aquellos que no militen en esa división de la memoria colectiva.

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