El demonio en el ascensor

La trampa del mal. Thriller, EEUU, 2010, 80 min. Dirección: John Erick Dowdle. Guión: Brian Nelson. Fotografía: Tak Fujimoto. Montaje: Elliot Greenberg. Intérpretes: Geoffrey Arend, Bojana Novakovic, Logan Marshall-Green, Chris Messina, Caroline Dhavernas, Jacob Vargas.

Excepcionales títulos de crédito que, salvo la impresionante inmersión final, logran unos planos insólitos por el simple procedimiento de pensar frente a la realidad para mostrarla de otra forma. Extraordinaria fotografía del límpido, cortante, translúcido y pulquérrimo Tak Fujimoto, el ojo de M. Night Shyamalan -argumentista y productor de esta película- y de Jonathan Demme. Eficaz música -desde el singular arranque- del español Fernando Velázquez, a quien El orfanato ha abierto con toda justicia las puertas de Hollywood. Tras este arranque deslumbrantemente prometedor, una modesta y honrada peliculita de terror que parece un episodio de las viejas series televisivas del Rod Serling de Dimensión desconocida o del Chicho Ibáñez Serrador de Historias para no dormir y La cabina. También en los seriales televisivos (aunque no en los estupendos de produjeron y dirigieron estos dos genios) a veces el diseño y la sintonía las cabeceras era lo mejor.

Un rascacielos, un ascensor y unos personajes atrapados en él. Claustrofobia, interpretaciones tensas, desvelamientos de caracteres desnudados por la angustia, por el pánico y por una presencia demoníaca e invisible. En el mundo de fuera, intentando rescatarlos antes de que el Maligno cumpla su plan, completa el elenco un policía de manual -es decir, traumatizado y alcohólico- que ignora que una mano siniestra también mueve sus hilos. La adecuación de los medios a los fines, la renuncia al efectismo y la corrección de la puesta en imágenes hacen simpático el producto y afirman a John Erik Dowdle, autor de las estimables Las cintas Poughkeepsie y Cuarentena (remake de la española REC), un puesto entre un gremio en trance de extinción: los maestros artesanos del cine. Se comprende que el pulcro Night Shyamalan se interese por él.

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