Sin descanso para el ojo ávido

Saw VII. Terror, EEUU, 2010, 85 min. Dirección: Kevin Greutert. Guión: Marcus Dunstan, Patrick Melton. Fotografía: Brian Gedge. Intérpretes: Tobin Bell, Costas Mandylor, Betsy Russell, Sean Patrick Flanery, Cary Elwes.

No han pasado ni cuatro meses desde el estreno español, tardío por cuestiones de censura (sic), de Saw VI, y ya está aquí, tan esplendorosamente cruenta y retorcida como las anteriores, la que se anuncia como última entrega de la franquicia.

Más allá de que nos lo creamos o no, Saw VII se suma a la moda del 3D con los consabidos efectos baratos de turno (es lo suyo), echándonos encima objetos punzantes, vísceras y demás cascarria, para proponerse como un greatest hits recopilatorio por el que desfilan viejos personajes de la saga, todos ellos supervivientes del maléfico Jigsaw, para recordarnos, en una terapia de grupo involuntariamente hilarante, que hay una nueva vida después de toda experiencia de tortura.

Allí donde los guardianes del buen gusto querrán ver abyección y degradación moral, otros apenas vemos una actualización de libro de ese concepto de la estética de atracciones (Tom Gunning) que tan bien nos sirve para entender la Historia del cine como algo vivo, orgánico y en permanente mutación, un recordatorio de que el cine nació también, y sobre todo, como espectáculo de barraca de feria, mucho antes de los relatos, las ficciones o los géneros, para alimentar y saciar los ojos de sus espectadores de sensaciones extremas y adictivas. Un espectáculo de su tiempo, en definitiva.

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