Donde habita la gente peligrosa

Winter's Bone. Drama, EEUU, 2010, 100 min. Dirección: Debra Granik. Guión: Debra Granik, Anne Rosellini. Fotografía: Michael McDonough. Música: Dickon Hinchliffe. Intérpretes: Jennifer Lawrence, John Hawkes, Lauren Sweetser, Kevin Breznahan, Isaiah Stone, Ashlee Thompson, Shelley Waggener, Garret Dillahunt.

Winter's bone, segundo largo de Debra Granik (Down to the bone), es la habitual convidada indie a la fiesta anual de los Oscar (a la que llega con cuatro candidaturas: mejor película, guión adaptado, actriz y actor de reparto), a saber, esa cinta pequeña salida de Sundance que, desde los márgenes de la industria, reúne las cualidades, los temas y los méritos necesarios -una cierta rugosidad realista, un retrato crítico de la Norteamérica profunda, un relato universal y potente, unos personajes auténticos, intérpretes desconocidos- para ser aceptada en su diferencia en la gran gala anual de autoafirmación de Hollywood.

Más allá de esta coyuntura, que ha favorecido la visibilidad de una cinta destinada a circuitos más minoritarios, Winter's bone articula una interesante revisión del realismo social (y sucio) norteamericano a partir de la apropiación del mito (se trata aquí del viejo asunto de la búsqueda del padre, del desamparo y la orfandad a partir de un noirrural de Daniel Woodrell) en un paisaje inhóspito (las montañas Ozarks, entre los estados de Missouri y Arkansas, en la región central de Estados Unidos) cuyo perfil no se presta fácilmente a ningún asidero para el confort de los que piensan que esto del cine independiente es, como casi siempre suele ser, un simple juego bienintencionado, políticamente correcto y hasta cierto punto inofensivo.

Sin el rigor o el preciso distanciamiento de una Kelly Reichardt (Old joy, Wendy and Lucy), Granik sabe retratar con bastante solidez y oficio un lugar (sinuoso, sombrío, salvaje, frío, nocturno y desapacible) y unas gentes (en el límite de la marginalidad, encallecidas por la vida, siempre recelosas y sospechosas) inoculadas por unos extraños vínculos de sangre, una singular ginecocracia y una ley del silencio que harán del periplo de la joven Ree (Jennifer Lawrence) para encontrar a su padre (y así evitar el desahucio de la casa en la que vive con sus hermanos y su madre enferma) una suerte de tortuoso y pesadillesco viaje iniciático en el que diferentes y asentadas formas de extorsión y violencia (que, en cierta forma, nos recuerda al ambiente de las gentes del bosque de la estupenda Defensa, de John Boorman) se filtran entre los pliegues de unas imágenes tal vez más medidas y dramáticas de lo que un relato y un ambiente de estas características pedían.

Winter's bone avanza en cualquier caso con la implacable lógica del género hacia una revelación anunciada que no importa tanto, en su declinación final, como todo aquello que encuentra y observa por el camino, por más que Granik se parapete siempre tras un escudo de seguridad que nos protege de los verdaderos zarpazos de un espeso bosque de sombras y degradación moral en el corazón de Norteamérica.

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