El culo del mundo

Caligrafía de los sueños. Juan Marsé. Lumen. Barcelona, 2011. 440 páginas. 22,90 euros.

Un chico de barrio sobrevive en el tiempo miserable de la posguerra. Es hijo adoptado y trabaja en un taller de joyería, donde pierde el dedo de una mano. Asfixiado por la realidad mezquina que le rodea, se propuso estudiar solfeo, pero sus padres no han podido pagarle los estudios. Con los personajes de los libros que lee o de las películas que estimulan su fantasía, construye mundos imaginarios que sacian su sed de aventura. Son su modo de evadirse de un entorno desolador que apenas deja resquicio a la esperanza.

La narrativa de Juan Marsé siempre ha tenido un fuerte contenido autobiográfico, pero Caligrafía de los sueños intensifica al máximo este componente, de modo que las andanzas de Ringo, el protagonista adolescente de la novela, apenas difieren de las experimentadas por el autor, que ha necesitado décadas para compartir los recuerdos de su iniciación a la vida y también -aquí se nos cuenta- a la escritura.

Con la intensidad y el rigor a que nos tiene acostumbrados, Marsé ha construido una suerte de exorcismo que se aproxima a la autoficción y remite a algunos de los personajes de sus novelas anteriores, seres derrotados en un paisaje urbano -"el culo del mundo"- donde se dan la mano la pobreza física y la miseria moral. Algunos son inventados, como la desdichada señora Mir, abandonada por un amante de quien espera noticias en vano. Otros son o fueron reales, como los padres adoptivos -admirablemente retratados- o las extrañas ratas azules que campeaban por una ciudad que ya no existe. Pero el relato de Marsé, aunque convoca a los demonios personales, se sostiene solo, como una variación más de ese territorio perfectamente reconocible donde importa menos el pasado real que el modo en que se ha convertido, por obra de un grandísimo narrador, en pura intemporal literatura.

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