fútbol segunda división b

El Atlético Sanluqueño merece más en Bahía Sur

  • Los verdiblancos desperdician numerosas ocasiones y caen en su visita al San Fernando

Carlos García desplaza el balón ante el acoso del jerezano Lolo Garrido. Carlos García desplaza el balón ante el acoso del jerezano Lolo Garrido.

Carlos García desplaza el balón ante el acoso del jerezano Lolo Garrido. / román ríos

El fútbol es caprichoso, bonito y emocionante. Es el deporte rey porque levanta pasiones, porque engrandece y empequeñece a muchos hombres curtidos en mil batallas. Y es tremendamente gratificante cuando se consiguen cotas y metas deseadas.

Ayer el fútbol, en un soleado, caluroso y brillante Domingo de Pasión y pregón, dio la gloria a unos y el infierno, o en su defecto el purgatorio, a otros. El fútbol no fue justo porque si hablamos de justicia, el Sanluqueño mereció, quizás, algo más. Pero si recompensó el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio que está realizando el San Fernando de Ñoño Méndez con tres puntos que significan mucho, posiblemente un paso de gigantes en el sueño isleño de lograr estar un año más en Segunda División B.

El equipo verdiblanco, por su parte, tendrá que buscar el milagro de conseguir algo por lo que pelea con ahínco y pundonor sobre todo en la segunda vuelta de la competición, lograr una remontada histórica.

Pero vayamos por partes. El partido que disputaron ayer isleños y sanluqueños fue el típico derbi entre dos equipos que se conocían de sobra. Eso se traduce en que no fue un espectáculo brillante, de cara al aficionado, pero que si tuvo muchas lecturas internas.

Los isleños aprovecharon casi su única oportunidad de gol del encuentro, pero supieron defender ese tanto como gatos panza arriba, supieron hacer lo que saben, estar muy juntos, no cometer errores y sacar rendimiento al trabajo y al esfuerzo. La recompensa fue gigantesca, sublime. Tres puntos que casi pueden certificar el objetivo propuesto.

Por su parte los sanluqueños tuvieron el balón, en la primera y en gran parte de la segunda mitad. Tuvieron el dominio y se mostraron como un equipo con mucha ambición, ilusionantes y esperanzados, pero no tuvieron resolución en sus acciones, no encontraron el camino del gol, posiblemente porque los isleños no se lo permitieron, y su bagaje fue una derrota que, viendo el calendario que les resta para finalizar la temporada regular, se nos antoja crucial.

Dijimos en la previa que el equipo vencedor del choque quedaría tremendamente fortificado y que el perdedor estaría dañado casi sin remedio. Y tras la disputa del envite así fue.

Con ésto, en la primera mitad, cuando transcurría el primer cuarto de hora de juego, Mawi se marchó en profundidad y puso un balón de oro a Alberto Rodríguez que vio como llegaba, de la nada, Regino para taponar su disparo. El isleño se incorporó inmediatamente al ataque y su disparo significó el tanto del encuentro. Del cero a uno, se pasó al uno cero que, a la postre, sería definitivo.

En esta primera parte, Víctor Armero y Alberto Rodríguez contaron con dos claras oportunidades de gol y, cuando expiraba la primera mitad, Iván sorteó a Diego García y se dejó caer en el área, situación que muchos vieron como penalti.

En la segunda, aunque en su inicio pareció que los isleños dominaban algo más el choque, el paso de los minutos fue dándole el balón a los de Rafa Carrillo que contaron con ocasiones de gol a través de Carri (56'), Víctor Armero (69'), de nuevo Víctor Armero (70') y Rufo (83'), pero ni la expulsión de Vukcevic que dejó a su equipo con diez durante 25 minutos permitió que Salva tuviese que sacar el balón desde el fondo de su pertrechada portería.

Terminaba un choque que tenía los tintes de la desesperación para los foráneos y de la alegría para los locales. El fútbol es ese bendito deporte que da y quita alegrías, y éstas van por barrios. Ayer le dio la gloria a unos, y el infierno, en forma de purgatorio, a otros.

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