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Griezmann salda cuentas con su pasado en una final estelar

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Las imágenes del Olympique de Marsella-Atlético de Madrid / EFE

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Con un espectacular doblete al Olympique de Marsella en la final de la Liga Europa, el francés Antoine Griezmann logró saldar cuentas con su propia historia muy cerca de su ciudad natal.

El delantero del Atlético de Madrid protagonizó una brillante actuación anotando dos tantos en los que demostró su enorme capacidad para definir en el mano a mano: primero batiendo por bajo a Steve Mandanda tras un grosero error de la defensa rival y más tarde picando con suavidad la pelota sobre el arquero francés tras recibir una enorme pared de Koke.

"Es la confianza, la sangre fría", detalló Griezmann a "Bein Sports" al ser preguntado por sus definiciones. "Cuando me fui de mi casa a los 14 años quería vivir estos momentos, ganar copas", declaró. 

La peculiar celebración fue la misma en los dos goles y es la misma que viene repitiendo en las últimas semanas: un curioso baile con la mano en la cabeza en forma de "L" que es un homenaje al videojuego Fortnite, el más popular del momento.

Acompañó su noche ideal recibiendo el premio al mejor jugador de la final y también la ovación de cerrada del Parc Olympique Lyonnais al dejar su lugar a Fernando Torres, tanto por parte de los hinchas españoles como los franceses. Él también tuvo el detalle de consolar a un derrotado Dimitri Payet cuando salió lesionado, al cual conoce de la selección francesa.

A menos de 80 kilómetros de donde sucedió hoy todo esto, nacía hace 27 años un Griezmann que soñaba con ser futbolista y que en cuanto tuvo la edad comenzó a probarse en varios equipos. En todos ellos, incluídos el propio Lyon, lo descartaron. Decían que era bueno, pero demasiado pequeño de estatura.

Así es como terminó recalando en la cantera de la Real Sociedad y surgiendo del fútbol español, pero esta noche se encargó de demostrarle a sus compatriotas que se equivocaron realmente con él. Que se puede no ser el más alto pero aún así ser gigante en la cancha.

Pero sus cuentas saldadas no quedan ahí: el "Principito" todavía tenía en la cabeza aquel penal que erró en la final de la Champions League de 2016 ante el Real Madrid y que pudo cambiar el fatal desenlace para los rojiblancos. Se sentía en deuda con la afición y esta vez pudo regalarles una final tranquila y sobre todo victoriosa.

Y ahora, si finalmente se confirman los rumores que lo sitúan en Barcelona la próxima temporada, Griezmann podrá marcharse con la conciencia tranquila: su nombre quedó grabado para siempre en la historia del Atlético de Madrid.

Esta Europa League supone el segundo título como rojiblanco tras la Supercopa de España de 2014 frente al Real Madrid, cuando acababa de llegar a la entidad madrileña.

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