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El emperador Trentin

  • El italiano se adjudica la cuarta al sprint y deja con la miel en los labios a Lobato

  • Froome, sin contratiempos, mantiene el jersey rojo de líder

Matteo Trentin celebra su victoria en la cuarta etapa de la Vuelta a España tras vencer al sprint al resto de rivales. Matteo Trentin celebra su victoria en la cuarta etapa de la Vuelta a España tras vencer al sprint al resto de rivales.

Matteo Trentin celebra su victoria en la cuarta etapa de la Vuelta a España tras vencer al sprint al resto de rivales. / Javier Lizón / efe

Matteo Trentin dio la segunda victoria al Quick-Step al anotarse con autoridad al sprint la cuarta etapa de la Vuelta a España, disputada a lo largo de 198,2 kilómetros entre Escaldes Engordany (Andorra) y Tarragona, en la que Chris Froome (Sky) mantuvo el jersey rojo de líder.

Trentin, de 28 años, acudió puntual a la cita de los velocistas. Si en Gruissan puso en bandeja la etapa a su compañero Yves Lampaert, en la vieja y romana Tarraco él se proclamó emperador, imbatible en la recta de meta, donde anuló el sueño de Juan José Lobato (Lotto ), segundo.

Un desenlace previsible que supo aprovechar Trentin, un corredor habituado a lanzar a los grandes esprínters del equipo, como Andre Kittel. Pero en ausencia del alemán, él fue quien se lució para adjudicarse su primer triunfo en la ronda española, el cual añade a sus dos triunfos en el Tour de Francia. También figura en el palmarés un éxito parcial en el Giro de Italia.

Día de sol, calor y transición para los gestores de la general, que no sufrieron un ápice con una escapada inocua y controlada que marcó el trayecto desde Andorra a Tarragona. Froome, después de presentar sus credenciales en el Principado, retuvo la roja sin sobresalto alguno, y mantuvo sus dos segundos de ventaja sobre David de la Cruz (Quick-Step) y Nicolas Roche (BMC).

Enseguida se animó la mañana. Apenas atravesado el paso fronterizo de Andorra se lanzaron a la aventura cinco corredores, dos de ellos del Caja Rural: Diego Rubio y Nick Schultz, además de Johan le Bon (Francaise), Stephane Rossetto (Cofidis) y Daniel Osorio (Manzana-Postobón).

Vía libre para la cabalgada, contra viento y pelotón, que admitió una ventaja máxima de siete minutos en el kilómetro 65. El entendimiento se rompió en las rampas del único puerto del día, el Alto de Belltall, donde atacó Rossetto llevándose a su rueda a Rubio, un chico de Navaluenga (Ávila), tierra de escaladores, aunque no sea su perfil, pues mide 1,92 metros y pesa más de 80 kilos.

Más bien se trata de un rodador de buenas maneras, quien cargado de ilusión trató de despegarse de su compañero francés a 12 kilómetros de la meta, cuando el pelotón asomaba el morro en lontananza.

No hubo manera de completar el sueño. Para nada sirvieron los esfuerzos desplegados durante 180 kilómetros, aunque tampoco se fue de vacío, pues se llevó el premio al combativo del día y el derecho a unas cuantas entrevistas.

A ocho kilómetros del final, y después de pasar por Valls -donde se recordó al malogrado Xavi Tondo, fallecido en 2011-, la etapa volvió a nacer con otro formato. El Quick-Step agarró la batuta y todo el mundo a bailar al ritmo que marcaba la escuadra belga.

No faltaron las caídas. En una de ellas a 3,5 de meta se fue al suelo el mejor español de la general, Dani Moreno (Movistar), quien perdió 1.38 minutos y se fue al puesto 27 de la general a 2.52. Malos días para el escuadra telefónica.

Así se llegó al sprint, muy desordenado, con los guepardos en primera línea. Lobato olió la presa y soltó un ataque lejano en busca de la sorpresa. Agarró unos metros, pero no contaba con la reacción de Trentin.

Una vez que respondió el italiano de Borgo Valsugana (Trento) se confirmaron los peores presagios para el gaditano, pues le pasó en la meta colocada en el Anillo que albergará las instalaciones de los Juegos Mediterráneos de 2018.

Allí Trentin se erigió en emperador, en el día de los sprinters y en vísperas de más montaña, la que a buen seguro empezará a dictar sentencia entre los favoritos, secundarios ayer en una etapa que los permitió reservar fuerzas para próximas y más exigentes batallas.

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