Un triunfo de más de tres puntos

  • La Balona, cada vez más fiable en casa, se impone a un Villanovense muy rácano

La Balona logró ayer un triunfo que vale más de tres puntos. Y no sólo por lo que supone en la clasificación, que ya supone, sino porque remansa las aguas, demasiado revueltas tras el empate en Marbella. La de ayer fue una victoria incontestable de la Balona sobre un Villanovense mezquino en su fútbol que no lanzó ni una sola vez a puerta. No tanto por su incompetencia sino por el solidario trabajo de los de La Línea, que supieron leer las condiciones, renunciaron en parte a sus argumentos y fueron más prácticos que brillantes.

Los albinegros se han convertido en un valor fiable cuando juegan ante su exigua parroquia y la recompensa es doble. Por un lado que, pasito a pasito, se alejan del precipicio y por otro el público agradece la intención de su escuadra de hacer un fútbol desenfadado, por mucho que esta vez, por culpa del viento y del repliegue intensivo de los extremeños, le resultase casi imposible.

Los albinegros -que incluso escucharon algún injustificado abucheo en los momentos iniciales del partido- supieron madurar el partido y acabaron dando dos estacazos que les permiten afrontan las doce últimas jornadas con cierto oxígeno.

La primera mitad fue un monólogo del equipo de casa, en el que cada día se siente más cómodo a Ximo Forner, que ha crecido jugando por delante de la defensa. El Villanovense salió con un libro de ruta reconocible ya en los rivales de la Balona: mucha gente detrás del balón y a esperar que un desplazamiento en largo sorprenda a la retaguardia. Solo que esta vez a los serones se les fue la mano y convirtieron su fútbol en un entramado en el que todos sus hombres estaban más preocupados de frenar a una Balona que siempre tenía el balón que a otra cosa. Los de casa no encontraban el camino entre tanto rival y tanto viento de Levante, pero seguían a lo suyo en plan martillo pilón, con Manu Palancar, al que le habían habilitado un pasillo en su banda, rememorando sus mejores momentos en el costado derecho de la Balona.

Fue precisamente el sevillano el que tuvo la mejor oportunidad del primer tiempo. En el 35' robó en la línea de tres cuartos, abrió a banda para que José Ramón centrase y cabeceó con todo, pero el balón se fue al larguero.

La Balona había esperado pacientemente su momento y lo encontró nada más volver de vestuarios. En el 53. Otra jugada que tuvo su génesis en un córner. Espinar mandó a la parte inferior del larguero y quién sabe si en el bote el esférico ya sobrepasó la línea. El caso es que el cuero volvió al campo y Joe, que estaba en el sitio indicado, puso el marcador en franquicia.

El tanto creaba la incertidumbre de si el rival daría un paso adelante, pero ni con los cambios consiguió amedrentar a la Balona, por mucho que la falta de fiabilidad de los linenses cuando están por delante siempre deje una puerta abierta al sobresalto.

Siempre dio la sensación de que estaba más cerca el 2-0 que el empate, que no se veía por ningún sitio. En el 76' llegó el susto con una lesión de Lolo Soler tras una acción fea, muy fea de Owona que el árbitro ni siquiera castigó con una amarilla.

Manolo Ruiz apuntaló a su equipo con Carlos Guerra. Y dio entrada a Stoichkov, un cambio bendecido desde la grada. En el añadido, y ya con el rival con diez por la autoexpulsión del exbalono Curro, el incansable Mauri sustrajo un balón y se lo mandó al sanroqueño. Y mientras el brasileño creaba el espacio y pedía la devolución para marcar a puerta vacía, Stoichkov se burló del defensa y marcó.

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