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El FMI y el Banco Mundial ponen en tela de juicio las bondades de los biocombustibles

  • Ambos organismos coinciden en culpar al sector de la subida de precios en los alimentos

Los biocombustibles, que nacieron con la promesa de convertirse en alternativa verde al petróleo, se encuentran en los primeros puestos de la lista de culpables de la crisis global desatada por los mayores precios de los alimentos. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial (BM), que celebraron este fin de semana su reunión de primavera, han puesto de manifiesto la conexión entre ambos fenómenos.

Corinne Alexander y Chris Hurt, de la Universidad de Purdue (Indiana), señalan en un extenso análisis que la demanda de maíz y soja aumentó rápidamente durante los primeros años de la era de los biocombustibles, cuya producción despegó con fuerza en 2000. Eso hizo que subieran los precios de ambas cosechas y se tradujo en un incentivo para destinar más tierras a esos cultivos, lo que redujo el espacio para otros productos, que también se encarecieron, al continuar la demanda y contraerse la oferta. Los cambios en el precio del trigo se trasladaron a la harina, el pan y otros derivados. La subida de la soja se reflejó en los aceites para cocinar y la margarina. El pollo, la carne de ganado y los lácteos también subieron, ya que estos animales son grandes consumidores de maíz y soja.

Lo anterior se sumó a otros factores como las sequías recientes en países productores como Australia, la subida del petróleo y el consiguiente encarecimiento de fertilizantes y costes de transporte, y los cambios en la dieta en países como China. Esa combinación fatídica ha impulsado un 48% los precios de los alimentos desde finales de 2006, según el FMI.

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