Grupo Alter consolida la fusión y recupera la senda del crecimiento

  • La compañía andaluza de componentes electrónicos para el sector espacial elevó su facturación un 60% en 2010, hasta 51 millones, y prevé avanzar otro 17% este ejercicio

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Los costes de la fusión y la crisis global. Éstos han sido los dos escollos, nada menores, con los que se ha tenido que enfrentar Alter en los últimos años y que provocaron la erosión de su facturación y sus beneficios en 2008 y 2009. Sin embargo, 2010 se erigió como el ejercicio en el que la compañía volvió a ver la luz. Retomó la senda del crecimiento con un considerable avance en ingresos del 60%, hasta los 51 millones de euros, y sentó las bases para el futuro, ya que este año sus planes pasan por elevar la cifra otro 17%, hasta rozar los 60 millones.

Aunque no lo parezca por su nombre, Alter Technology Group (ATG) es una compañía con mayoría de capital sevillano -el 56,4%- y con sede en Cartuja 93. La denominación internacional la adoptó a principios de 2007 como resultado de la fusión llevada a cabo por la firma hispalense Tecnológica con su filial francesa Hirex Engineering, la británica IGG y la italiana Top-Rel. Una integración que dio a luz al primer proveedor mundial de componentes electrónicos para el sector espacial, pero que también pasó factura al holding por los costes del proceso.

"Hubo que implementar mejoras y realizar muchos ajustes", señala Fernando Franco, presidente de ATG. Uno de los más drásticos fue cerrar la planta de Inglaterra "porque era ineficiente y redundante". El personal y los equipos se trasladaron a Sevilla, que actualmente es el centro de producción más importante del grupo, aglutina al 65% de la plantilla -140 de 215 personas- y actúa de central de compras. "Afortunadamente, tras el cierre, logramos salvar el fondo de comercio de la empresa británica, esto es, sus clientes, lo que nos dio un gran impulso", analiza Franco. Hoy por hoy, junto al hispalense, la compañía tiene otros dos laboratorios, en Madrid y en Toulouse, y dos oficinas técnico-comerciales en Roma y en Portsmouth (Reino Unido).

Pero, ¿cómo logró capear el temporal? Su presidente lo resume en dos palabras: "En medio de una crisis global, lo que ha salvado a Alter ha sido nuestra flexibilidad e internacionalización". El mayor tamaño y especialización de la compañía les dio potencial suficiente para "buscar mercado allí donde lo hubiera y adaptarse a las exigencias y requerimientos de cualquier cliente", en palabras de Franco.

De hecho, el 90% de su negocio procede de fuera de España: el 40% de Europa y el resto del exterior -de Brasil, Rusia, Japón, Israel, Argentina, India, Corea y China, fundamentalmente-. "En Andalucía no facturamos nada y en España damos servicio a algunas empresas como Indra, Mier Comunicaciones o las filiales de Astrium (EADS), Thales Alenia Space", explica Franco. De momento, ATG se centrará en crecer en los países en los que ya está implantado, sobre todo, China. Aquí barajan abrir una filial. "Ahora trabajamos con un agente, pero será necesario concretar una joint venture si queremos aprovechar todo el potencial", adelanta. Shangai se perfila como sede.

ATG tiene tres tipos de clientes: las agencias espaciales -la Europea, la de Brasil, China, Argentina...-; las grandes industrias desarrolladoras de satélites -los gigantes Astrium (EADS) y Thales Alenia Space, y la joven compañía alemana OHB que le ha robado mucho mercado a aquéllas-; y las pequeñas y medianas empresas usuarias de componentes electrónicos, el grupo más numeroso -150 compañías de todo el mundo- y el que más facturación aporta al grupo.

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