Sigue el pulso de la Junta con Asaja

  • Tras las duras notas de prensa de la patronal agraria al viaje de Griñán, la consejera considera sorprendentes sus cambios de opinión · Pero en los borradores de la posición común sobre la PAC hay fuertes virajes

LA consejera de Agricultura no ha bajado la guardia en su pulso con la mayor organización patronal agraria andaluza, Asaja. El viaje del presidente de la Junta a Bruselas la semana pasada estuvo acompañado, a la ida y a la vuelta, por dos comunicados muy duros de esta organización. Excesivos. En el primero le acusaban de ir a hacer propaganda y en el segundo de preocuparse más por el reparto interno en Andalucía de las ayudas, que por el montante total. El miércoles de esta semana, en Almería, la consejera acusó a los dirigentes de Asaja de hacer discursos contradictorios. Clara Aguilera subrayó que horas antes del viaje de Griñán hubo "un cambio de opinión sorprendente" de Asaja, e insinuó que podía tener relación con las próximas convocatorias electorales.

Pero la reacción de Asaja no es tan sorprendente si se examinan los tres últimos borradores de la posición común que se negocia entre las organizaciones agrarias, Asaja, COAG y UPA, con la Consejería de Agricultura. Se trata de la opinión oficial andaluza sobre la Política Agraria Común europea para el periodo de 2014 a 2020. La causa del enfrentamiento está en la regionalización de las ayudas.

Sobre ese asunto, en el borrador de diciembre se decía algo muy genérico: "se considera positivo que la Comisión [Europea] contemple la posibilidad de mantener cierta libertad para que los estados miembros y las regiones puedan conceder ayudas específicas para determinados sectores vulnerables desde el punto de vista económico, social o ambiental". En el siguiente borrador, que sacó la Consejería en vísperas del viaje de Griñán, y que causó el sorprendente cambio de opinión de Asaja, se añade al párrafo anterior, por delante: "se considera que debe darse la máxima subsidiariedad posible y la flexibilidad necesaria en la aplicación del modelo resultante a los estados miembros y regiones".

Tras la trifulca mediática, a la vuelta de Griñán de Bruselas, ese nuevo párrafo se dulcifica grandemente en el último borrador, de esta semana, en el que se dice que "debe darse un cierto nivel de subsidiariedad". La consejera rectifica en los papeles, pero no lo explica en público. La reacción de Asaja es desproporcionada, pero nada sorprendente. Lo que sorprende es este trasteo en los documentos públicos, que encima arruina la imagen de consenso del viaje de Griñán.

En la CEOE se recupera el consenso. El presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, se incorporará en marzo a la nueva directiva de la gran patronal como vicepresidente, una vez asimilado por él y su rival Juan Rosell el resultado de las elecciones de diciembre. Todavía no tiene asignado un cometido preciso en esta nueva etapa; en la anterior se ocupaba de las relaciones laborales, que es una de las más importantes. Herrero se declara satisfecho de su campaña y del resultado, con un tercio de los votos en la asamblea de la CEOE. Pero aclara que no está contento, para matizar la primera expresión.

La crisis está golpeando duramente a la industria del ladrillo. El año de mayor producción en España fue 2007, con 29 millones de toneladas. En Andalucía se produjo una cuarta parte. Por cierto, que los siete millones de toneladas que salieron de las fábricas andaluzas hace cuatro años, es lo que se ha producido en total en España en 2010. La fabricación nacional se ha reducido en tres cuartas partes.

Esta reducción ha sido especialmente dura para Bailén, el principal centro de producción de ladrillos de Andalucía, con un 75% del conjunto regional. Hay algunas fábricas en las provincias de Sevilla, Granada y Málaga, pero el grueso de esta industria está concentrado en Bailén. La crisis se nota en esta localidad, donde había en 2007 unas 40 fábricas, de las que sólo la mitad sigue en funcionamiento. De una producción de cinco millones de toneladas se ha pasado a un millón. Y de unos 2.000 trabajadores, ahora hay unos 700.

En Bailén destaca la presencia de una empresa líder en el mercado nacional de ladrillo visto. Cerámicas Malpesa, dirigida por José Malpesa, llegó a fabricar en 2007 unos 400.000 toneladas de ladrillo visto. Precisamente en 2007 se inauguró la ampliación de 22.000 metros cuadrados del Museo de El Prado, para cuya fachada Rafael Moneo encargó los ladrillos en Malpesa. Unas 300 toneladas de un ladrillo de formato especial. Malpesa facturó el año pasado unos 14 millones de euros, la tercera parte que antes de la crisis. Y esto a pesar de que un 10% lo dedica a la exportación y ha conseguido buenos contratos en el extranjero, como los ocho millones de adoquines que ha vendido a Marruecos para el paseo marítimo de Agadir entre 2008 y 2010. José Malpesa cree que este año 2011 será el peor para su sector. Y que en 2012 y 2013 aumentarán los contratos.

Hay empresas de la construcción a las que les va bien. Por ejemplo, Detea. Esta compañía era un holding que se reestructuró en 2007 y con el nombre de la matriz se quedaron los negocios de construcción. El resto de las actividades continuaron con la marca Bogaris. En su nueva andadura, Detea se ha dedicado a la ingeniería y la construcción, con Javier Gonzalo Ybarra como presidente y Arturo Coloma como consejero delegado. En estos años ha crecido su facturación a pesar de la crisis: de 60 millones de euros en 2006, a cerca de 90 millones en 2010. Y ha invertido en I+D, en colaboración con la Corporación Tecnológica de Andalucía, de la que es socio fundador.

En 2009 le adjudicaron dos importantes obras ferroviarias. Una de la Junta de Andalucía; el tramo Santa Justa-Aeropuerto del eje transversal andaluz. Y otra de Adif; el acceso por alta velocidad a Cáceres. Actualmente la estrategia de Detea busca la internacionalización de la compañía. En concreto estudia radicarse en Perú y Colombia, para empezar con proyectos de ingeniería y entrar posteriormente en el negocio de la construcción.

Y hay quien busca radicarse en España. Por ejemplo, el jeque qatarí Abdullah Al-Thani. El año pasado compró el Málaga, por 25 millones de euros. El negocio no va muy bien. Pensaba tener al Málaga entre los ocho primeros de la Liga y está el último. Pero el jeque no se arredra y ha propuesto a los tres propietarios del estadio de La Rosaleda (Ayuntamiento, Diputación y Junta de Andalucía) comprárselo por unos tres millones de euros, que es mal contado lo que pagaron en 1995 más la inflación.

El negocio está en aprovechamientos urbanísticos de 20 o 30 millones de euros. Y olvida que las tres administraciones se acaban de gastar 36 millones de euros en hacer un estadio nuevo. Pero el jeque se ofrece a construir un estadio mayor en otro lugar. Un macroproyecto de 400 millones de euros, con zonas comerciales y deportivas, y un parque acuático, para lo que necesitaría una recalificación.

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