Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

Tipos de interés negativos

El Euríbor, el tipo que se toma como referencia para las hipotecas, está por debajo del 0%. Mucha gente se pregunta si esta situación llevará a que las entidades tengan que abonar intereses a sus clientes por dichas hipotecas.

EN abril del año pasado, el Tesoro emitió 4.646 millones de letras a seis y doce meses con rentabilidad negativa del 0,002%, en el caso de las primeras y del 0% en el de las segundas. Era la primera vez que en España habría que pagar por un título de deuda pública un precio superior al que recibiría como devolución a su vencimiento, y no éramos el primer país donde esto ocurría. Cuesta trabajo entenderlo. Algo tiene que funcionar mal si hay que pagar por prestar dinero, pero puede comenzar a explicarse si se recuerda que por entonces el Banco Central Europeo (BCE) había comenzado a penalizar a los bancos que inmovilizan su dinero en las cuentas que mantienen en el BCE, cobrándoles un tipo de interés. Es perfectamente comprensible, por tanto, que un banco prefiera adquirir deuda pública con rentabilidad negativa, siempre que sea menor al interés que tendría que pagar por depositarlo en el BCE, pero es que además se trata de títulos que se pueden utilizar como garantía en las ventajosas operaciones de crédito del propio Banco Central e incluso venderlos en el mercado secundario, si las circunstancias lo aconsejaran.

La novedad es que el Euríbor, el tipo al que los bancos se prestan dinero y que se toma como referencia para la hipotecas, también ha entrado en valores negativas. Para las hipotecas se utiliza el promedio del mes, que en el caso de febrero ya se vislumbra negativo, lo que lleva a mucha gente a preguntarse si la situación puede desembocar en que los bancos tengan que abonar intereses a sus clientes por hipotecas. No es probable, pero sí que cabe esperar alguna reacción radical. No habría que descartar, de entrada, que se pretenda cobrar por los depósitos de sus clientes, aunque lo verdaderamente previsible es el aumento del precio en las operaciones de crédito, es decir, del diferencial que se aplica sobre el Euríbor en hipotecas y préstamos, y de las comisiones y gastos de gestión, aunque los trastornos que vaticinan para el sector financiero como consecuencia de todo ello podrían ser bastante más perturbadores.

La naturaleza de los tipos de interés ha sido uno de los más fértiles temas de debate entre los economistas de mayor prestigio, incluido Keynes. Se determina en el mercado de dinero y proporciona la referencia (eficiencia marginal de la inversión) que determina el volumen de inversión. Los estímulos monetarios pueden provocar el descenso del tipo de interés y el aumento del consumo, la inversión y el empleo, sostiene Keynes, pero cuando está muy bajo aparece el riesgo de la "trampa de la liquidez".

Nuevos incentivos monetarios resultan ineficaces para forzar una caída mayor del tipo de interés y los bancos centrales agotan su arsenal monetario cuando el desempleo todavía permanece en niveles elevados. En estos casos el apoyo de la política fiscal se hace imprescindible, como desde hace algún tiempo sostienen organismos tales como el FMI, la OCDE o el propio BCE, pero la paradoja es que los tipos de interés negativos, alimentados desde las facilidades de liquidez a los bancos, garantizan una etapa de dificultades para estas entidades y elevan la probabilidad de crisis bancaria.

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