Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Una aritmética económica desfavorable

La posición en favor de la salida de la UE, hecha pública por algunos miembros influyentes del gobierno, ha tenido una respuesta inmediata en el mercado. La libra ha perdido un 6% de valor en 2016, la mitad, este lunes.

DESPUÉS del acuerdo alcanzado hace unos días por las autoridades comunitarias con las del Reino Unido, se ha desatado un debate nacional que separa a los que están a favor de permanecer en la UE, frente a aquellos que quieren abandonarla. La posición en favor de la salida de la UE, hecha pública por algunos miembros influyentes del gobierno ha tenido una respuesta inmediata en el mercado. La libra ha perdido un 6% de valor en lo que llevamos de año, de los que la mitad tuvo lugar este lunes.

Economistas y académicos no tienen una posición unánime, pero la mayoría de ellos se decantan porque el Reino Unido continúe dentro de la UE. Hay muchas razones a favor de esta posición y pocas y débiles -desde el punto de vista económico- en favor de la contraria.

Las relaciones comerciales que mantienen los países no son la única razón para defender una posición, pero resulta crucial. El Reino Unido está íntimamente unido a la economía de la UE. Un ejemplo sencillo nos ayuda a entenderlo. Solo las relaciones comerciales con el Land de Baviera -una parte de Alemania- son mayores que con todos los países de la Commonwealth juntos. El antiguo imperio ha desaparecido.

Una salida del Reino Unido reduciría drásticamente las inversiones extranjeras, puesto que ya no pertenecería al espacio económico europeo. Si las autoridades británicas quisieran establecer nuevas normas regulatorias para la economía, chocarían frontalmente con las comunitarias, impidiendo las exportaciones. Tendrían que decir adiós a las grandes inversiones de multinacionales en su territorio, que exportan a la UE.

Además, se produciría una paradoja, que también le afectaría a una Cataluña independiente: en la actualidad, y como consecuencia del llamado "cheque británico" impuesto por Margaret Thatcher, el Reino Unido apenas realiza una aportación económica a la UE. Sin embargo, un Reino Unido fuera de la UE tendría que pagar un elevado precio por acceder al mercado comunitario, como les ocurre a Noruega y a Suiza. Actualmente transfiere unos 6.000 millones de libras al año -un miserable 0,2% del PIB-. Fuera de la UE esa cantidad se multiplicaría por varios enteros. Un tratado de libre comercio, que es lo que persigue en su relación con la UE, no es gratuito. Si se quiere acceder a un gran mercado, hay que pagar un precio.

Habría dificultades adicionales. En la actualidad, la UE tiene firmados 34 tratados comerciales con el resto del mundo. A un Reino Unido fuera de la UE le iba a llevar años recomponer esos tratados y el precio que pagaría sería mucho mayor, al ser un país pequeño comparado con el tamaño de la UE.

La City de Londres está en contra de la salida. La UE ya ha realizado concesiones que, estrictamente, transgreden los tratados europeos. Y especialmente preocupante ha sido la concesión de no establecer normas que afecten negativamente a la City, cuando desde esa plaza financiera se diseñaron activos financieros que están, en parte, en la base de la gravísima crisis que hemos padecido. Se han hecho demasiadas concesiones como para que ahora los británicos quieran marcharse. Pero como Eric Hobsbawm nos enseñó, los pueblos son responsables de sus propios errores históricos.

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