Análisis

Sobre el viaje de España a Japón

  • Las relaciones entre ambos países son exiguas en relación al tamaño de sus respectivas economías y al volumen de comercio exterior

  • La inversión nipona apenas es de 1.512 millones

Sobre el viaje de España a Japón Sobre el viaje de España a Japón

Sobre el viaje de España a Japón

El viaje de Sus Majestades, los máximos representantes de España, a Japón ha servido para traer este país a nuestros noticieros, ya sea el relato de las reuniones protocolarias entre los jefes de Estado o describiendo los encuentros empresariales o con españoles destacados allí expatriados. Ello con el conveniente apoyo en las cifras al uso, ya sea el tamaño de la colonia española en Japón y viceversa, mención a las cifras de los intercambios comerciales y a las empresas de cada país que son actores destacados en su correspondiente.

La verdad es que la presencia japonesa en España parece, hasta el momento, bastante más sólida y mejor sustentada que la nuestra en ese país lejano. Lejano no por distancia geográfica, que esto ya es irrelevante, sino por distancia cultural y por forma de organización social. Contamos los españoles con una larga presencia de instalaciones fabriles -automóviles, electrónica-, y pronto comerciales, japonesas en España. Y, a no dudar, algunas manifestaciones de la gastronomía japonesa parecen estar teniendo éxito entre nosotros y se han incorporado a nuestra oferta hostelera. Dispone la presencia de Japón en España con una asociación denominada Shacho Kai, en la que se integran altos directivos y presidentes de empresas que cuentan al menos con un 10% de capital japonés. Por nuestra parte, animando la relación desde aquí, contamos con la gran labor de Casa Asia, una institución enormemente activa, con sede en Barcelona y apoyada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Forma parte de las Casas, de las que también son muy reconocidas Casa África (Canarias) y Casa América (Madrid); por cierto, ¿sabían que existe la Casa de Arabia, con sede en Córdoba? Contamos también de otro organismo de relación: la Fundación Consejo España Japón, de naturaleza privada y con un patronato de primer nivel, que el año pasado anunció la creación de una nueva Cámara de Comercio Hispano-Japonesa. Todas estas instituciones son, a la postre, facilitadoras de las relaciones a través del comercio. Y las relaciones que con este interés se construyen son mucho más sólidas y más perdurables que las que devienen de la mera curiosidad por la cultura de otros, aunque en ella -normalmente, en la nuestra- alcancen algunos foráneos una forma de poder expresar con libertad sus sentimientos. Éste es el caso, me dicen, de los que se han sentido atraídos por el flamenco. Y la contraparte son los no escasos jóvenes españoles que se sienten atraídos por las formas de comunicación gráfica japonesa.

Pero el asunto es que, al margen de las simpatías mutuas que pueda haber y de la presencia fabril y de productos japoneses en España, nuestras relaciones comerciales son bastante exiguas en relación con el tamaño de nuestras respectivas economías y nuestros volúmenes de comercio exterior. En 2014 hemos importado de Japón por valor de 3.350 millones de dólares, de los cuales un 40% fue del sector de la automoción y un 35% con el de maquinaria y equipos eléctricos. Por nuestra parte, en ese año exportamos a ese país 3.930 millones de dólares, de los cuales un 31% fueron productos químicos y un 18% productos minerales, mientras que del sector primario, incluyendo alimentación, procedió un 20% de esas exportaciones. Los valores proceden de The Atlas of Economic Complexity, producido por la Universidad de Harvard y por el MIT y cuyo uso recomiendo vivamente a los interesados en los intercambios comerciales internacionales

Aun teniendo importancia estas cifras en términos absolutos, la verdad es que son modestas respecto a los flujos de comercio exterior totales de ambos países. En cuanto a la inversión japonesa en España, esta ha sumado 1.512 millones de euros entre 2010 y 2016; también muy modesta respecto al total que hemos recibido: más de 140.000 millones de euros en ese período, según las cifras de la Secretaría de Estado de Economía.

Al margen de las cifras de comercio exterior, difundidas cuando un país es objeto de nuestra atención, solemos formarnos nuestra opinión de cualquier país a partir de noticias dispersas y no pocas veces tópicas, cuando no asentadas en lugares comunes. De ahí esa presunción de Japón como economía estancada y con pérdida de la proyección internacional que tuvo hace algunos años, amenazada casi permanentemente por la deflación. Quizá tengamos noticia de una política económica de estímulo, denominada Abenomics en honor al presidente Shinzo Abe. Y damos por supuesto de que los empleos en Japón suelen ser en grandes industrias y casi de carácter vitalicio.

La realidad es diferente. Las grandes industrias, incluso los grandes conglomerados como los keiretsu, que integran buena parte de los fabricantes que conocemos, no suponen una gran proporción del empleo total y de éste un 40% es de carácter temporal; entiéndase como no permanente o no indefinido. Sin embargo, la tasa de desempleo es muy baja: apenas un 3% en 2016, entre una población activa de 66,7 millones de personas. Y ello a pesar de que el crecimiento del PIB es muy moderado.

Japón se enfrenta a un problema singular, que quizá anticipa lo que nos podría suceder en el futuro a las sociedades más desarrolladas. No tienen un problema derivado de sus especializaciones productivas -de hecho, ocupan el primer puesto mundial en la complejidad de sus producciones y la industria aportó más del 26% del PIB en 2016-. Ni tampoco es para ellos preocupante en extremo el volumen de su deuda pública: equivale al 245% del PIB pero en su mayor parte está detentada por titulares del propio país. En otras palabras: se la deben a ellos mismos y no están tan al albur de coyunturas internacionales como otros países tal como el nuestro.

Sin embargo, tienen un serio problema demográfico, tanto en lo que hace a la evolución de la población como a la estructura de ésta. La tasa de fertilidad, número de nacidos por mujer, se encuentra muy por debajo de la tasa de recambio generacional y la población mayor de 65 años tiende a crecer y a perdurar durante más tiempo. La propensión al ahorro, en detrimento del consumo, es característicamente elevada en esa sociedad: a título de ejemplo, tienen el mayor fondo de pensiones del mundo. Y los estímulos al consumo que ha promovido el Abenomics no están dando los resultados deseados, como tampoco el estímulo a través del gasto público (4,5% de déficit el año pasado). Tampoco están dando los resultados deseados las políticas de políticas de promoción de las mujeres a puestos antes no frecuentados por ellas en el mercado de trabajo.

Por ello, y de lo cual forma parte de un acuerdo valioso alcanzado durante el viaje del jefe de Estado, el Gobierno japonés está desplegando políticas favorables a la inmigración. Políticas muy cuidadosas y muy restrictivas, con la consciencia de las elevadísimas barreras culturales, sociales y lingüísticas que Japón presenta a los foráneos. Pero no habrá más remedio que ir atenuándolas porque no será posible ir reemplazando de otro modo a las cohortes que vayan dejando de trabajar. Y si esto se plantea en el país más avanzado en la robotización de los procesos productivos quiere decir que ni ellos mismos creen que puedan reemplazar la función económica de las personas. Los robots podrán producir todo lo que sea, pero no serán agentes económicos, sino simplemente máquinas -extensiones del ser humano- más o menos inteligentes, por rápido que se comuniquen y por veloces que sean produciendo.

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