Antonio Miguel López, 'Willy' Hostelero

"El cliente no viene a comer, quiere disfrutar comiendo"

"El cliente no viene a comer, quiere disfrutar comiendo" "El cliente no viene a comer, quiere disfrutar comiendo"

"El cliente no viene a comer, quiere disfrutar comiendo"

-¿Tenía usted bigote la primera vez que entró en la cocina?

-¡Pues claro! De eso hace ya 37 años.

-Todo el mundo le conoce como Willy, pero no es más que un sobrenombre. ¿De dónde le viene?

-Willy es un apodo que me puso Cándido Chico, un vecino de Palmones. Sólo me lo decía a mí y no tenía que ver con ningún pariente mío. Y se quedó así. Mi nombre es Antonio Miguel López Vega.

-¿Cuál fue el origen de su restaurante actual?

-Pues el Willy se abrió como un bar de comidas de menú, de pescaíto frito. Por aquel entonces ya venía mucha gente al pueblo buscando el pescado. Mi padre le puso el nombre de Willy por el apodo por el que ya me conocían.

-Tras la muerte de su padre usted se hizo cargo del establecimiento actual. ¿Cómo recuerda la vida de aquellos primeros restaurantes como el de su padre que se abrieron paso en el pueblo?

-Aquello era totalmente distinto. Se trabajaba muy diferente a lo que hoy hacemos. No se parecía en nada. La gente venía a comer, y a comer y a comer. Hoy los clientes vienen a disfrutar de lo que le pones en la mesa, a vivir algo distinto a lo que pueden preparar en su casa. En aquel tiempo, la clientela llegaba buscando el pescado frito, las almejas, las coquinas y todos los productos de entonces. Hoy se cocinan de forma diferente y tenemos una variedad mayor. No había en la carta pescados al horno o a la sal como ofrecemos actualmente. Era bastante más sencillo.

-Díganos algún producto que ya pusiera su padre y que todavía mantenga en la carta actual.

-La forma en que preparamos el rape en salsa o el boquerón relleno sigue siendo la misma que usaba mi madre. Utilizamos la misma receta que ella usó en ese primer bar.

-¿Cuál es la fórmula para que un restaurante como Willy siga abierto después de casi 40 años?

-No hay una fórmula exacta. Creo que influyen muchas cosas. El trato a la clientela, el producto, la forma de cocinarlo. El éxito es producto de un conjunto de cosas.

-Su hija Cristina es también responsable de la gestión del restaurante desde hace 15 años. ¿Cómo se lleva compartir el liderazgo? ¿Quién lo lleva peor, ella o usted?

-Lo llevamos bien. Son ya muchos años trabajando juntos y estamos muy compenetrados.

-¿Qué está significando su aportación para la marcha del Willy?

-Muchísimo. La gente joven aporta cosas distintas porque tiene otra visión. Ahora vamos a acometer una nueva reforma en el restaurante y la iniciativa ha partido de ella. Cristina es la que va a liderar esa nueva etapa.

-¿Una reforma que traerá novedades en cuanto a la oferta gastronómica?

-Sí, incluiremos otro tipo de cocina y el vino también estará muy presente.

-¿Cuándo se jubila?

-Me gustaría mañana (ríe). Pero creo que lo tengo un poco crudo. La verdad es que no está dentro de mis planes actuales el plantearme una retirada.

-Se le ve disfrutando de nuevo después de los durísimos años de crisis.

-La verdad es que ha sido tremendamente duro, pero hemos mantenido nuestra línea de trabajo y gracias a eso y al cliente, que tengo clientes muy fieles, hemos conseguido pasar el camino más duro. Creo que la crisis ha llegado a su fin y ahora queda enfrentarnos a una nueva etapa. Y ahí es donde Cristina está apostando. Sabemos que hay que renovarse y hacerlo ya. No vale esperar a ver qué ocurre con el resto. Tenemos que ser valientes.

-¿Alguna vez le han propuesto o se ha planteado abrir un restaurante fuera de Palmones?

-Cuando mi padre vivía yo le decía que quería montar un restaurante en Cádiz. Mi mujer es de allí, iba mucho y me gustaba todo ese ambiente de la ciudad, la plaza, la forma de ser de la gente. Me encantaba. Otro sitio que me ha gustado siempre y que me sigue enamorando es Ceuta. No me hubiese importado irme allí y montar un restaurante como el nuestro.

-¿Palmones es una marca como todos defienden?

-Creo que sí, que en cualquier lugar del Campo de Gibraltar en el que mencionemos a Palmones será relacionado con la gastronomía, con nuestro hacer. Considero que entre todos, los que ya no están, y los que seguimos aquí, hemos hecho una labor muy grande con Palmones.

-Habla de los que no están. ¿Se siente afortunado por el hecho de que su hija haya querido seguir sus pasos?

-Ese miedo siempre lo tuve. Después de haber trabajado tanto, sacrificando mi vida aquí, me preguntaba que para qué. Ahora estoy muy contento porque sé que Cristina está ahí empujando. Si a mí me pasara ahora mismo algo yo sé que esto se queda en buenas manos.

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