"Me gustaría verme subido a un caballo no con 67 años, sino con 87"

-¿Usted habla también con los caballos?

-Yo hablo muchísimo con los caballos. Quien me enseñó fue mi padre y hablar con los caballos es algo importantísimo. Es una de las ayudas fundamentales para ser un buen jinete. No hablamos como hablamos entre nosotros, pero mantengo una conversación de otra manera. Y él me entiende. Tiene memoria y un oído muy fino.

-Es usted un encantador de caballos y no de perros.

-¿El de los perros? Ese tío es un fenómeno. Pero el caballo es un animal mucho más grande, de más fuerza. Y su nobleza es increíble, porque si él supiera la fuerza que tiene no lo podríamos dominar. Los primeros caballos salvajes no serían tan fáciles de domesticar, pero con la selección que ha hecho el hombre, el caballo ha ido avanzando en esa nobleza.

-¿Son muy inteligentes?

-Son muy sensibles y con mucha capacidad de memoria. Aprenden a base de repetir y repetir una ayuda que el jinete hace con la voz...

-¿Sin sacrificio alguno?

-Es como el que va al colegio. Tienes que apretarle, obligarle, el jinete debe saber obligar al caballo para hacer una serie de ejercicios. Es poco a poco. Un caballo se tarda en domar hasta un nivel alto, de gran premio, el máximo nivel, de tres a cuatro años. La doma de un caballo es muchísimo más lenta que la de un perro, con la diferencia que el caballo vive más. Invasor, por ejemplo, tiene 21 años y todavía lo monto. Está en activo. No para competir, pero sí para hacer algún espectáculo.

-¿Hay caballos más inteligentes que en nuestra clase política?

-No sé si más inteligentes, pero menos complicados. O, por lo menos, más de verdad.

-¿Se ve en un caballo compitiendo a los 67 años?

-Compitiendo, no. Pero a mí me gustaría verme con 67, con 77 y hasta con 87 subido a un caballo. No entiendo la vida sin poder estar sobre un caballo. Ojalá Dios me dé salud para poder hacerlo. Eso me da mucho equilibrio.

-Su tío Rafael de Paula dijo una vez que Dios dejó caer unas estrellas y sobre él cayó una de ellas. Y le dio el don de artista.

-Quizás mi tío tenga razón al pensar eso de sí mismo, porque para tener ese arte sólo lo puede dar Dios. Creo que la calidad, el arte y capacidad del caballo, se las da Dios también cuando nace. Y el jinete lo que hace es potenciarla, o disminuirla si lo hace mal. Yo creo que he heredado de mi padre, Paco Paula, un poquito de esa sensibilidad de la que mi tío Rafael habla.

-¿Qué tiene Invasor que no tenga otro caballo?

-Tiene algo fundamental: un corazón y una cabeza privilegiados para hacer lo que ha conseguido. Después, tiene otras cualidades, como es su físico, su capacidad de reunión, cosas técnicas que hereda porque su físico viene de sus padres y de su raza.

-Como buen hombre de campo, ¿regalaría a su mujer un par de cabras y ovejas como hizo Carlos de Inglaterra a Camila?

-Yo le regalaría un caballo y una yegua. Mi mujer, Lola, tiene un gran mérito y ha sido y es una persona muy importante en mi vida. Sin el equilibrio que me da ella, es imposible que yo hubiera llegado donde he llegado. Eso es fundamental en la vida de un hombre.

-En la vida nunca se prestan ni la mujer ni el caballo.

-Bueno, la verdad es que tiene mucho de razón ese refrán. El caballo con el que he competido durante años nunca lo he prestado; lo he tenido siempre yo para conocerlo bien y que estuviera muy acoplado a mí.

-La crisis también mata de hambre a los caballos.

-La crisis es mala, pero también habría que verla desde este punto de vista: ¿Para qué criar caballos que no sirven para mucho? Es mejor criar muchísimo menos y mejor. Entonces, no tienes que abandonar a su suerte a tantos animales.

-Usted se define más caballo que toro, pero, ¿en el fondo es un buen gallo?

-Si fuera toro o gallo... Me gustaría ser un caballo como Invasor, sobre todo con buena cabeza, entregado a la hora de trabajar.

-¿En la 'ciudad del caballo' hay mucha vocación?

-Hay una cantera estupenda. Yo cada vez compito menos, porque no tengo caballos de ese nivel, pero ayudo más a jinetes y alumnos míos a que puedan coger el relevo.

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