juan peña El Lebrijano. cantaor

"En la mili le metí una trola al coronel para irme a Nueva York"

-¿Tiene la medalla de Andalucía?

-Me la dio Pepote, creo que fue en el 82.

-El año que García Márquez gana el Nobel...

-Tuve mucha amistad con él. Comíamos en casa de Lola González, la hermana de Felipe; venía a ver a César Girón, torero que era de su tierra. Lo vi antes de morirse en su casa de Guadalajara. Escribió la cosa más bonita que han dicho de mí: "Cuando Lebrijano canta, se moja el agua".

-Cantaor y paisano de Elio Antonio de Nebrija...

-Le escribí una oda. El pueblo no lo cogió bien. En Salamanca tuvo la suerte de entrar en el Sancta Sanctorum donde está la Gramática que escribió. Hizo un dibujo en el que se ve el castillo de Lebrija, la torre y ocho o diez casitas. Lo tienen metido en una cámara acorazada y hay que ponerse unos guantes. Les dije que me dejaran tocarlo, que era de mi pueblo.

-El Lebrijano es un cantaor y la Lebrijana un equipo de fútbol...

-Tengo un nieto, Juan Salvador, que juega en el otro equipo, el Antoniano. Mete todos los goles del mundo. Quiere ser futbolista y torero, es muy amigo de Jesulín de Ubrique.

-De Nebrija a Benito Zambrano. ¿Vio Solas?

-Parecía una película de Ingmar Bergman.

-¿Ha hecho cine?

-Dos películas. Una con Ángela Molina que se rodó en Medina Zahara y otra con Claudio Guerin, Total Ná, muy andaluza. Nunca se estrenó. El director murió al caerse de un campanario en Galicia.

-¿Madrid era Nueva York?

-Yo estaba en El Duende, en la Venta Antequera. Lo llevaban Gitanillo de Triana y Pastora Imperio. De allí, con 20 años, me fui al Duende de Madrid. Y me llamaron para la mili.

-¿El cante no le libró?

-Me daban permiso para ir a cantar a El Guajiro y Pulpón me daba fiestecitas.

-¿Cómo se consiguen dos padrinos de boda como Antonio Mairena y la Niña de los Peines?

-Conocí primero a Pastora. Decían: vamos a casar al niño. Yo me casé para poder irme a Nueva York, a la Feria Mundial. Hice la mili con el coronel Esquivias Franco. A su hermano, Curro Esquivias, le gustaba mucho el flamenco. Le metí una trola, le dije que tenía a mi mujer embarazada y me había salido un contrato en Nueva York. Pero tuve que hacer los cuarenta días que me quedaban.

-¿Cómo surge su colaboración con Félix Grande?

-Yo no busco la magia, yo me la encuentro. Iba paseando por la Castellana con Jesús Quintero, que me acogió en su apartamento. Conocí a Félix Grande, me lo traje a Lebrija. Empezamos a trabajar en letra y música. Se apropió de la música. Yo estaba loco por cantar y no me fijé en letras y contratos.

-¿Valió la pena cruzar el Estrecho con el cante?

-Las críticas fueron muy malas, pero después se han vuelto. Los críticos me asesinaron, pero al público le gustó. No pretendía que fuera flamenco, era el encuentro entre dos cosas. Lo que mucho después dijo Zapatero lo había hecho yo con las civilizaciones. Primero con la Orquesta Andalusí de Tetuán, después la de Tánger, más completa. Fuimos pioneros. Después lo hicieron el rock y el jazz. Los árabes estuvieron aquí ochocientos años. Algo se llevarían y algo dejaron. Todo tiene su secuela, su fondo de sabiduría. El fondo del café, como decía Gabo, aunque yo nunca le llamaba así. Le decía don Gabriel o maestro.

-¿Lo ha leído?

-Le dije a mi amigo Casto Márquez que me consiguiera sus obras completas. Descubrí los Cuentos Peregrinos y me puse a trabajar con eso.

-¿Cómo ve el mundo?

-Dicen que las células dentro de la sangre se comunican y se multiplican. Yo no entiendo estas cosas. Siempre me pasó. Con 17 años, llegué a París y me metí en el cine a ver Satiricon de Fellini. Tuve que ir a verla dos veces.

-¿Descubrió América?

-Llegué en 1964. Allí estuve con Sabicas, que fue con Carmen Amaya y ya no volvió más a España. Hijico, me decía como buen pamplonés, me llevaba a su casa para cantarle. Cada vez que iba me daba un perrito caliente y una corbata. Se gastaba todo el dinero en las apuestas de carreras.

-De Sabicas a Sabina, nuevo hijo predilecto...

-Con Sabina he coincidido dos o tres veces. Es un poeta magnífico. Un tío muy gracioso, pero muy serio en lo que escribe.

-¿Y Serrat?

-Es amigo mío. Estuvimos en casa de Felipe González cuando ganamos las elecciones. Nos pusimos a cantar los dos. Alfonso Guerra dijo que ganó Lebrijano. Serrat está lleno de dinero y yo no tengo trampas y no quiero más que salud porque he estado muy malito. Ahora estoy en un momento muy bueno. No tengo la fuerza de antes, tampoco la poca fuerza que tenía.

-Y de Hungría vino ayer, cantaban en su boda. De allí venían los futbolistas.

-Dicen que tiene unos músicos buenísimos. Nunca he ido, porque viajar solo a un país por verlo me aburro, tengo que ir con alguien. Quiero conocer Armenia. Allí están los mejores violinistas del mundo.

-¿Hay Nebrijas en Lebrija?

-Mi primo Pedro Bacán tenía una cabeza privilegiada. Jugaba muy bien al ajedrez, sacó Álgebra sin saber matemáticas. Tocaba la guitarra con todas las cuerdas, como Bach. Se mató con el coche después de actuar juntos en Lora del Río.

-¿Algún proyecto?

-Estoy con Tagore. Un amigo me pidió hace muchos años que acogiera en mi casa a un psicólogo argentino, discípulo de Freud, que venía huyendo de Videla. Valiente o ignorante, lo metí en casa. Cuando se marchó, me regaló las obras completas de Tagore. Es como tú, me dijo. No le eché mucha cuenta, hasta que descubrí que Tagore murió el mismo día que nací yo, 8 de agosto de 1941. Una grabación complicada. Lleva una introducción de Juan Ramón Jiménez.

-Andalucía tiene dos premios Nobel de Literatura.

-En eso somos muy ricos. Y en el lenguaje popular. En las sevillanas corraleras la vuelta la dan al revés.

-¿Cuándo vuelve?

-Hay mucha gente del flamenco trabajando en las oficinas y me alegro porque está la cosa muy mala. Estamos en un momento raro en política. No hay ni presidente. A ver cuando la cosa se aclare y todo el mundo esté en su sitio.

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