Borrón y cuentas nuevas

  • La histórica ausencia de marcas de ETA en las urnas aviva la incertidumbre y acrecienta el temor del PNV a perder el poder

Quizá sea un desatino comparar ambos acontecimientos, pero no cabe duda de que si la llegada a la Luna fue "un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad", tal como proclamó Neil Armstrong nada más pisar el satélite vecino, la próxima ausencia de formaciones vinculadas a ETA en las urnas vascas supone otro gran avance histórico -si no para la humanidad sí al menos para este país- que puede servir para erradicar de la vida política a esa cincuentona y decadente organización mafiosa; un luminoso vacío que podría alterar notablemente las combinaciones en un Parlamento, el de Vitoria, donde los nacionalistas siempre han llevado la batuta y que en estas novenas elecciones autonómicas tiemblan en su pedestal ante el viento huracanado que emana de una candidatura, la de Patxi López, que hace que el PNV mire con aprensión una cita, la del 1 de marzo, que podría dejarle descompuesto y sin novia, la del poder, quizá harta de tanta obsesión identitaria como ha exhibido el candidato a la reelección, Juan José Ibarretxe, durante sus tres mandatos en detrimento de la gran asignatura pendiente de la democracia española: acabar con ETA.

Han pasado ya 40 años desde que Neil Armstrong y Edwin Aldrin pisaron la Luna -el 21 de julio de 1969-, pero ya entonces, cuando España se encaminaba hacia la recta final de la larga noche del franquismo, ETA -una escisión del PNV fundada por estudiantes universitarios en 1959- ya contabilizaba un asesinato, el del guardia civil José Ángel Pardines Arcay, el 7 de junio de 1968, el mismo año en que la banda terrorista comete su primer gran atentado al acabar con la vida de Melitón Manzanas, conspicuo escudero del dictador . ETA gozaba entonces de cierto halo de romanticismo y no eran pocos en este país los que creían que con la reinstauración de las libertades se iba a acabar lo que se daba y aquí paz y después gloria. Falaz vaticinio que se descompuso del todo con la creación, en 1978, de Herri Batasuna, que nunca dejó de obtener un respaldo superior al 10% del electorado, una fidelidad perruna e inconmovible ante las atrocidades de la que dan fe los nueve escaños que ha ocupado durante esta última legislatura en el Parlamento de Vitoria bajo la marca PCTV-EHAK. Pero la Ley de Partidos se ha revelado esta vez efectiva al cien por cien y la Cámara vasca no tendrá que soportar indecentes sumisiones, silencios cómplices ni medias sonrisas de diputado alguno cada vez que ETA vuelva a hacer de las suyas. Una decisión, la de anular todas las candidaturas de la izquierda abertzale, que responde, según Ibarretxe, "a cálculos electorales y políticos" para que populares y socialistas tengan opciones de dar la vuelta a la tortilla. El barómetro del CIS le acaba de dar la razón, pues la mayoría que le niega al tripartito (PNV-EA-EB), que se quedaría a tres escaños del rodillo, sí se la concede a un tándem PSE-PP, que sumarían 38 de los 75 escaños de la cámara de Vitoria, al subir los socialistas de 18 a 26 mientras los populares retrocederían de 15 a 12.

Una actitud, la del lehendakari, que ilustra a la perfección el funambulismo de simultanear las velas a Dios y al diablo y que a raíz del último atentado etarra en Madrid ha vuelto a ponerse estupendo al grito de ¡ETA kanpora! (ETA, fuera), aunque a Ibarretxe no le hace ninguna gracia que se le marche del Parlamento vasco. ¿Dónde irán a parar esos 150.000 votos que recogió PCTV-EHAK en 2005? Otegi y cía apelan a la abstención, para que se visualice subrepticiamente que los violentos nunca mueren, si acaso matan. Otra derivación lógica de la iniquidad es Aralar (escisión de Batasuna que condena la violencia), o EA, que ha dejado de ir del brazo del PNV y que incide más abiertamente en el independentismo que su partido hermano putativo. A éste, al PNV, Batasuna le niega el pan y la sal acusándole de apoltronarse en la retórica y no pisar el acelerador rupturista, inmerso en mantener esas tupidas redes clientelares que ha ido tejiendo en los últimos treinta años. No obstante, el PNV se antoja como destinatario natural del voto útil de la izquierda abertzale.

A todo esto, el candidato del PP, Antonio Basagoiti, intenta mantener el tipo y que el fregado de Garzón no le manche sus expectativas, nada ambiciosas: se conforma con salvar los muebles tras la estampida de San Gil. De momento, es el único que ha puesto las cartas sobre la mesa al dejar claro que no dudaría en hacer de trampolín de López hacia la Lehendakaritza.

El aspirante socialista tiene manos libres (dice) para pactar, aunque a nadie se le escapa que dejar en la estacada a Ibarretxe implicaría una estocada recíproca (ya anunciada por el PNV) a Zapatero en el Congreso, donde necesita el respaldo de las siete señorías del PNV para rascar la mayoría.

La construcción nacional pervive como piedra angular del programa de Ibarretxe, pero la crisis (aun cuando la incidencia del desempleo sea mucho menos fiera que en el resto de España) lo anega todo y las proclamas soberanistas serán menos abrumadoras que de costumbre. Un alivio justo y necesario. Como ver al fin fuera del Parlamento vasco al orfeón proetarra, que cuando se apunta a la Luna se queda mirando al dedo porque lo suyo es señalar sin ver, como hace con los valientes que plantan cara sin medias tintas a los violentos y que ya han ganado estas elecciones.

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