Reprobar a un ministro, misión casi imposible

  • La Constitución regula la moción de censura del presidente del Gobierno pero no determina que la reprobación de un ministro conlleve su cese. En la democracia sólo Magdalena Álvarez fue reprobada.

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El fracasado intento del PSOE de que el pleno del Congreso reprobara esta semana al ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha sido la última demostración de que las iniciativas que pretenden censurar al titular de una cartera ministerial tienen, en realidad, una misión casi imposible. Tanto, que durante el periodo democrático sólo uno, o una en este caso, Magdalena Álvarez -responsable de Fomento en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero-, carga con el sambenito de haber visto afeada su gestión por una mayoría parlamentaria.

Pero incluso en esta ocasión hubo que votar dos veces y cambiar de Cámara: Las mociones de reprobación se presentan habitualmente en el Congreso, y tras rechazarse por sólo tres votos la planteada por el PP en esta institución en noviembre de 2007, el partido obligó a votar otra veinte días después en el Senado, donde contaba con mayoría absoluta. Y prosperó. Sin embargo, la aprobación de una iniciativa de este tipo no obliga a nada, no lleva aparejado que el ministro en cuestión deba dejar el cargo y se limita a ser una reprimenda política.

Es decir, la Constitución regula la moción de censura del presidente del Gobierno pero no determina que la reprobación de un ministro conlleve su cese, algo que sí estaba previsto, por ejemplo, en el texto constitucional republicano de 1931. Se especificaba entonces que los ministros respondían solidariamente ante el Congreso de la política del Gobierno, e individualmente, de la gestión en su departamento, y que serían cesados en su responsabilidad en el caso de que las Cortes les negasen de modo explícito su confianza.

En la Constitución de 1978 no se concreta nada al respecto. Ni siquiera la existencia misma de una moción de reprobación aunque no sea vinculante, por lo que ha sido la práctica parlamentaria la que ha dado vida a esta figura.

Una práctica que tardó tres años en nacer, cargada de cierta polémica, desde la entrada en vigor de la ya treintañera máxima norma legal. Fue el PSOE el que en septiembre de 1981 planteó por vez primera la reprobación de un ministro. En realidad, de cinco, por su gestión en relación con el síndrome tóxico por el consumo de aceite de colza desnaturalizado que provocó la muerte de casi 700 personas, mientras que más de 20.000 resultaron afectadas.

El estreno de una iniciativa de este tipo provocó discusiones sobre si se ajustaba o no a la Constitución, pero finalmente la Mesa del Congreso dio luz verde, se pudo votar y, como prácticamente todas las presentadas desde entonces (con independencia de que el Gobierno de turno tenga mayoría absoluta o no), rechazar. Superaron la situación los entonces ministros del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo Jesús Sancho Rof (Sanidad), Jaime García Añoveros (Hacienda), Juan Antonio García Díez (Economía), Jaime Lamo de Espinosa (Agricultura) e Ignacio Bayón (Industria). Desde aquel momento se abrió la veda, y se han sucedido varias decenas de intentos de reprobación de miembros de todos los gobiernos, incluido uno que tenía como objetivo a Mariano Rajoy.

Fue hace ya más de diez años, en abril de 2002, cuando el actual presidente del Gobierno y entonces ministro de Interior superó, con el apoyo de los diputados del PP, CiU, PNV y CC, la moción presentada por el PSOE y respaldada por IU que le pretendía reprobar por entender que la política de seguridad ciudadana era un fracaso y porque los socialistas consideraban que mantenía una conducta "irrespetuosa" con la oposición. El Congreso tampoco aprobó la moción presentada por el PP en 2009 contra la que en aquel momento dirigía el Ministerio de Defensa, Carme Chacón, por la forma en que gestionó el anuncio de la retirada de las tropas de Kosovo.

Miguel Ángel Moratinos sobrevivió a dos durante su etapa en Exteriores: una en 2004 en relación con Venezuela, y otra en 2008 por usar un millón de euros del Fondo de Ayuda al Desarrollo para costear la obra del artista Miquel Barceló en la cúpula de la sede de la ONU en Ginebra.

No es el único ministro que ha tenido que afrontar varias mociones de estas características. Situación parecida han vivido, entre otros y por variadas razones, el socialista Fernando Ledesma y los populares Miguel Arias Cañete, Francisco Álvarez Cascos o Rafael Arias Salgado. Este último, al frente de la cartera de Fomento, fue el objetivo de cuatro presentadas en una sola legislatura, la que se desarrolló entre 1996 y 2000.

Francisco Álvarez Cascos, Josep Piqué, Pío Cabanillas, Celia Villalobos o Federico Trillo son algunos de los ministros populares que salieron indemnes de la moción de reprobación, lo mismo que le ocurrió a otros socialistas como Pedro Solbes, José Montilla, José Antonio Alonso, María Antonia Trujillo, Carlos Solchaga, Josep Borrell, Carlos Romero, Tomás de la Quadra, Fernando Morán o Javier Moscoso. Wert ha estado en el punto de mira de la primera que se ha presentado en la actual legislatura y que se ha vuelto a quedar en un mero intento. La mayoría absoluta del PP garantiza que en los próximos años ningún otro ministro ocupará un lugar junto a Magdalena Álvarez.

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