Sobresaliente cum laude

  • Zapatero ha logrado salir mejor parado de lo que se preveía al finalizar el curso político, sobre todo teniendo en cuenta los problemas derivados de la presidencia de la Unión Europea y los relativos a la crisis económica

SI se escuchan las explicaciones que da a sus ministros y a los miembros de la Ejecutiva de su partido sobre su gestión de gobierno, se llegará rápido a la conclusión de que Zapatero no es hombre inclinado a la humildad sino todo lo contrario. Desde que el 17 de junio recibió el visto bueno de la Comisión Europea y del Fondo Monetario Internacional a su plan de ajuste, y la canciller Merkel le expresó su apoyo de forma clara por la reforma laboral, el presidente español cree formar parte del club de "los grandes" de la Unión Europea, e incluso afirma que Merkel le pidió perdón por no haber confiado en su capacidad para presentar un plan de ajuste apropiado para superar la crisis. Perdón que debió presentarle en privado, pues no ha sido recogido por los medios.

En la rueda de prensa con la que suele poner fin al curso político ya se advertía un tono triunfalista en el presidente español, pero nada que ver con el que utiliza entre los suyos para describir cómo se siente.

Confiesa ahora que se sentía muy preocupado por el "examen" que debía pasar el 17 de junio. Atravesaba momentos difíciles porque la presidencia europea no se desarrollaba como había previsto, tuvo que cancelar la prevista cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea porque Obama presentó una excusa para no acudir, se canceló también la importante cumbre Mediterránea, Bruselas había rechazado el primer plan enviado por la vicepresidencia económica española, que se defendió diciendo que se había enviado un borrador y no el proyecto, y además las cifras económicas españolas iban de mal en peor.

Tampoco había resultado efectiva la gira que habían realizado Salgado y Campa para entrevistarse con analistas económicos y directores de medios de comunicación franceses y británicos con el objeto de intentar cambiar la imagen de España, y encima los sindicatos empezaban a mostrar las uñas porque advertían que la reforma laboral y el plan de recortes podía ir en contra de los intereses que ellos defendían. Sin embargo, aprobar el examen europeo llenó de euforia a Zapatero. Tanto, que esa aprobación lo ha convertido en un sobresaliente cum laude, hasta el punto de que alguno de sus colaboradores más cercanos, convencido por el verbo triunfalista de su jefe, llegó a decir que "José Luis es ahora uno de los líderes indiscutibles de la Unión Europea. Admiran su coraje para dar un golpe de timón a la crisis económica, y le consultan las grandes decisiones".

El presidente, por supuesto, niega que desde Bruselas se le presionara para tomar determinadas medidas económicas o para diseñar la reforma laboral según unos criterios marcados. O al menos niega que las presiones fueran distintas, o mayores, que las que se hicieron a otros países miembros que atravesaron dificultades. Y desde luego Zapatero no admite, ni de lejos -tampoco lo hace Bruselas- que la situación española tuviera algún paralelismo con la que atraviesa Grecia, intervenida por la UE.

Al mismo tiempo que Zapatero se mueve en el triunfalismo, carga las tintas contra Mariano Rajoy más que nunca. Ante los suyos, sus ministros y los miembros de su Ejecutiva, acusa a Rajoy de hacer una política catastrofista exacerbada, dice que Rajoy ha perdido el afecto de los dirigentes europeos con los que mantenía mejores relaciones, insiste en que el presidente del PP no tiene en cuenta los intereses de los españoles como él mismo, sino que se mueve exclusivamente pensando en las próximas elecciones generales, y reitera lo que durante esta legislatura ha sido un latiguillo constante: Rajoy es insolidario con España al no colaborar con el Gobierno para tratar de salir de la crisis, y además no ofrece ninguna alternativa sólida porque no la tiene.

Zapatero, por otra parte, está absolutamente convencido de que el PSOE ganará nuevamente las elecciones. Pero hasta ahora no ha despejado si será el candidato. Quienes mejor le conocen afirman que lo será, pero confiesan que hasta ahora no tienen más que intuiciones. Si se tratara exclusivamente de una decisión política entonces tendrían claro que Zapatero sería cabeza de cartel, pero saben que en la decisión existe un componente personal que se les escapa. Sonsoles Espinosa tiene algo que decir. Y si hay ministros que aseguran conocer bien al matrimonio y afirman que la mujer del presidente está orgullosa de ser la mujer del presidente, otros que aseguran conocer bien al matrimonio afirman que la mujer del presidente está preocupada por sus dos hijas adolescentes y preferiría que crecieran con unos padres que pudieran dedicarles más tiempo. Y que le gustaría además retomar su vida en León.

La solución, en eso existe coincidencia, llegará después de las elecciones autonómicas y municipales.

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