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30º ANIVERSARIO del 23-F

De la noche de los transistores a la era digital

  • ¿Que habría pasado si el golpe de Estado hubiera sido hoy? ¿Qué papel jugarían internet y las redes sociales en la asonada?

¿Qué pasaría si el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero subiera esta tarde a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados para gritar aquello de "quieto todo el mundo"? Lo primero que echaría de menos sería el olor acre del humo del tabaco reconcentrado -porque hay que ver cómo fumaban en aquella época los políticos- y después advertiría que los diputados se conectarían como posesos a sus portátiles y a sus avanzados teléfonos móviles para contar al mundo lo que allí estaría ocurriendo.

Si el norte de África y algunos países árabes viven desde hace más de un mes revueltas que están cambiando el panorama político de esos estados gracias a la influencia de internet, ¿cómo se viviría un golpe de Estado en un país desarrollado como España? ¿Cuál hubiera sido hoy la reacción del pueblo que rechazó en 1981 aquella bravuconada con la única información que entonces dieron unos transistores cuya tecnología apenas había avanzado en 60 años? El sociólogo Manuel Pérez Yruela lo tiene claro: "La reacción democrática, hoy con internet y redes sociales, hubiera sido la misma, ni siquiera más inmediata; no hay que olvidar que al día siguiente del golpe toda España se echó a la calle y habían pasado sólo 24 horas". Pérez Yruela sostiene que las redes sociales sirven para poner en práctica movimientos que no están vertebrados, como puede ocurrir en África, pero "en un caso como éste, estaba claro que la sociedad española se decantaría por la democracia".

No obstante, apunta el sociólogo, "hoy hubiéramos tenido información más inmediata siempre que los asaltantes no hubieran secuestrado los elementos portátiles de los diputados para transmitir". Para Pérez Yruela, todo golpista debería asegurarse hoy del cierre total de las comunicaciones, pero en realidad es lo mismo que ocurrió entonces cuando se intentó controlar TVE, aunque sus cámaras en el Congreso ya habían grabado lo más sustancial de aquel esperpento.

Sólo quedaron por tanto los transistores de radio y en especial uno, el que llevaba el hoy alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, entonces diputado de UCD, que se lo pasó al ministro Abril Martorell y que se convirtió en el leve hilo de comunicación entre el exterior y los secuestrados por la asonada. El catedrático de la Universidad de Córdoba José Javier Rodríguez Alcaide ocupaba un escaño aquel 23 de febrero como diputado de UCD por Córdoba y, paradojas de la vida, dedicó toda la noche a leer un libro de ordenadores mientras un sargento de la Guardia Civil le amenazaba con un fusil de asalto.

Entonces se atisbaba el futuro y el avance que suponía la informática, pero aquello era todavía un germen. "Cuando entró Tejero me subí a la parte superior de los escaños y, mientras me apuntaba un Guardia Civil, que creo que tenía más miedo que yo porque estaba temblando, le pedí permiso para leer un libro que llevaba sobre ordenadores, pues ya entonces empezamos a tomar conciencia de lo que eran aquellos primeros PC", explica Rodríguez Alcaide. Ni el diputado cordobés ni nadie eran conscientes en 1981 de lo que supondría la revolución digital. De hecho, hoy el hijo de Rodríguez Alcaide, el diputado que intentaba entonces entender las computadoras, es Javier Rodríguez Zapatero, presidente de Google en España.

Pérez Yruela plantea que posiblemente las nuevas tecnologías hubieran servido para atenuar las dosis de pavor que sufrieron los diputados secuestrados. Los tiempos de la información se habrían acortado con la tecnología actual. Precisamente, Rodríguez Alcaide habla del miedo que sintió aquella noche porque "en las dos primeras horas no sabíamos nada de lo que podía ocurrir". El apagón informativo que sufrían era total y si escondieron una radio, ¿podrían haber hecho lo mismo con un iPhone?.

El alcalde de Córdoba, Andrés Ocaña, estaba entonces afiliado al Movimiento Comunista de España (MCE).

"Algunos compañeros míos llegaron aquella noche hasta Ayamonte pensando en las posibles represalias que podrían derivarse del golpe", señala Ocaña, quien argumenta que la información que se recibía, sobre todo en las primera horas, "era escasa y contradictoria". Para las personas de la generación de Andrés Ocaña, frenar el acto de Tejero supuso una reafirmación política porque en aquellos tiempos la información oral, el relato y el boca a boca tenían una importancia vital. Se habían pasado la vida oyendo hablar de las represalias de la posguerra y temían que ocurriera lo mismo. "Hoy la información llega por más canales, hay más datos y un hecho de estas características se hubiera visto de forma distinta", señala el alcalde.

Por edad, los otros dos principales candidatos a la Alcaldía de la capital no vivieron los acontecimientos tan de cerca. Juan Pablo Durán (PSOE) tenía 17 años y aparte de ciertos coqueteos con los movimientos estudiantiles que se oponían a la Selectividad de entonces no tenía una clara conciencia política. Eso sí, al año siguiente, en 1982, "voté a mi Felipe González de mi vida", apunta. El golpe lo pasó en el instituto y sólo la preocupación de lo que podría ocurrir con su padre, que era ferroviario y podía ser movilizado militarmente según las normas de la época, perturbaron su 23-F particular. Eso, y la lógica preocupación de su madre. José Antonio Nieto (PP), por su parte, hizo llegar ayer su respuesta a través de Facebook y relata cómo se enteró cuando llegó de la calle de jugar al fútbol con los amigos. Recuerda la programación especial de TVE para suplir el apagón informativo. Aquél día se le quedó grabado por eso y porque al día siguiente no fue a clase, como la mayoría de los de su generación. 

Y es que la evidencia de que los flujos de información han cambiado se demuestra en que a El Día sólo le han bastado unas horas para recabar decenas de comentarios a través de la cuentas de Facebook de tres periodistas y de la propia página del periódico. Tras la pregunta "¿Cómo viviste el golpe de estado?" se aprecia la inmediatez, la importancia que se le da a la comunicación en situaciones límite y la estratificación del contenido de las respuestas, que está siempre tamizado por la edad.

En cualquier caso, todos los participantes en los foros relatan cómo ellos o sus familias se pegaron de inmediato a la radio o a la televisión. Incluso, Pérez Yruela explica "la incomparable sensación que supuso leer los periódicos al día siguiente con un café en el edificio de Agrónomos y comprobar lo importante que es la libertad de información y de prensa". ¿Cómo nos hubiéramos enterado hoy de un golpe de estado? ¿Cuantos grupos de Facebook se hubieran creado rechazando o apoyando la situación? ¿Hasta qué punto unas opiniones u otras hubieran quedado registradas? ¿Se habría podido iniciar procedimientos contra quienes hubieran apoyado el golpe mediante soportes digitales?

Los futuribles en historia no sirven pero en los comentarios recibidos a través de Facebook quienes pertenecen a la generación de la transición y estaban en política recuerdan los momentos de angustia derivados, precisamente, de la desinformación y muchos de los hijos de aquellos sacan a relucir el miedo de sus padres a las represalias porque escondían propaganda de izquierdas y libros de Lorca. Toda esa sensación de miedo, tal y como reconoce Pérez Yruela, se hubiera atenuado con un mayor flujo de información. Lucas León, destacado dirigente comunista de la Córdoba de la época, explica en Facebook que el golpe les cogió a él y a sus compañeros en una reunión sindical en la factoría de Westinhouse en Córdoba. "Salimos en estampida y llené el depósito de mi mini-morris", explica León para reflejar el susto que se llevó.

De los que explican su experiencia hay quienes apenas sabían de su padre, como Emiliano Pozuelo, que apunta que estaba en Madrid y no sabían si podría regresar a casa ese día porque se hablaba del corte de carreteras en aquel constante chorreo de informaciones confusas. Algo similar le pasaba a la familia de Pedro López porque "mi padre salía al día siguiente para la otra punta de España". Otros, como Luis Calvo, cuentan su perspectiva desde el servicio militar: "Me cogió el golpe haciendo la mili -tiembla- me acuartelaron y dormía vestido y armado, con los cargadores del Cetme en la cintura".

Otros no entendían el revuelo que había en casa y ya barruntaban que a sus padres les podía pasar algo. Eran hijos de policías, de guardias civiles o de militantes de la izquierda. Gerardo Naranjo tenía seis años y explica cómo en su casa "se vivía un miedo del carajo, aunque yo estaba encantado de que al día siguiente no habría clase". Otros tenían a su padre en Bilbao. Rafael Ángel Castejón cuenta que su progenitor pertenecía a la 7ª reserva de la Policía Nacional de Córdoba, que por circunstancias estaba acuartelada en la capital vasca. "Mi madre se pasó toda la noche preocupada y atenta a las noticias. Ella tenía entonces 26 años". De Cabra llega otra versión. Según cuenta Mateo Olaya, "hubo gente que se fue a la sierra para romper sus carnet de militancia". 

Pero también hay anécdotas y comentarios entrañables, que no tienen nada que ver con el miedo, sino más bien con la ilusión de quienes comenzaban a disfrutar de la España del bienestar. Gala G. Cota cuenta que nació el 13 de febrero de 1981 y "el día del golpe fue la primera vez que me sacó mi madre de paseo". Otros rememoran cómo en Pozoblanco era festivo porque el día de antes se había celebrado la romería de la Virgen de Luna. La información estaba tan limitada y el día era tan particular que más de uno ni se enteró hasta el día 24 de lo que había ocurrido.

Aparte, hay que tener en cuenta también la componente de la incertidumbre. En casi todos los comentarios se hace referencia a que se esperaba al padre, a la madre, al amigo o al hijo. La comunicación era mucho más difícil y eso incrementaba la angustia por los seres queridos a los que de una u otra forma podría afectarles la acción de Tejero. Si hoy se produjera el golpe, ¿cuánto tiempo hubiéramos tardado en localizar al padre, a la madre o al hermano amenazado por los acontecimientos? Hace 30 años hubo cientos de miles de personas que se acostaron el 23 de febrero sin saber lo que ocurría. Hoy eso sería imposible.

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