Las Claves

El partido se juega el jueves

  • Malos augurios. Sólo un milagro, tras meses de negociaciones, podría suponer que el 21-D fuera la fecha que marcó un antes y un después en Cataluña... y en España entera

El partido se juega el jueves El partido se juega el jueves

El partido se juega el jueves

Llega el 21-D. Jueves, elecciones en día laborable, los expertos en sondeos creen que ese dato puede tener incidencia en las urnas. Como también que un candidato se encuentra en prisión preventiva, otro huido en Bruselas, que un sector de los nacionalistas que votó independentismo hace dos años no se siente satisfecho con las consecuencias de las decisiones que tomó unilateralmente el Govern de Puigdemont, y que en un partido que fue decisivo en la anterior legislatura, la CUP, ha cambiado de candidato y ha colocado en cabeza de lista a un absoluto desconocido, porque la dinámica asamblearia de esa formación no permite repetir.

Con esas mimbres, más el gancho de Iceta en un hasta ahora alicaído PSC, el declive del PP catalán con un candidato que provoca entusiasmo, más la tendencia arribista de Ciudadanos, que presenta a su mejor aspirante, Inés Arrimadas, y la tensión interna de los comunes de Ada Colau y los podemitas de Pablo Iglesias, es imposible hacer una aproximación exacta de qué ocurrirá el jueves, aunque los sondeos coinciden en el incremento de la participación y el práctico empate entre los independentistas y los constitucionalistas, lo que convertiría a Colau y Domènech -más que a Iglesias- en los políticos que tienen en su mano el futuro de Cataluña. Y de España entera.

prisión versus 'exilio'

Uno de los elementos más sorprendentes de esta campaña es que aparentemente los votantes sienten más simpatía hacia el ex president huido que a quien decidió comparecer ante la Justicia asumiendo que podía suceder lo que efectivamente ocurrió, que fue enviado a prisión junto a sus compañeros de Gobierno que no escaparon. Prisión preventiva que en buena parte se debió a que el juez consideró que existía riesgo de fuga.

Los independentistas, si se confirman los sondeos, no valoran el sufrimiento de Junqueras en la cárcel, con falta de libertad, sin visitas familiares -por decisión propia- y sin más posibilidad de comunicación con los votantes que las cartas que su partido hace públicas. Una imagen muy distinta a la de Puigdemont paseando por las calles y parques de Bruselas rodeado de cámaras, amigos y simpatizantes, que celebra media docena de entrevistas al día, que gasta una considerable cantidad de dinero en costear los servicios de uno de los bufetes más acreditados de Bélgica -que nadie sabe quién paga- y que lleva un nivel de vida austero pero que alguien paga. Ha hecho bandera de que es un "exiliado", figura mucho más heroica que la de fugado, toda una falta de respeto a los que de verdad han pasado por ese trance, empezando por uno de sus antecesores en la presidencia de la Generalitat, Josep Tarradellas, que vivió 40 años en Saint Martin le Beau, perseguido por la dictadura franquista.

Los sondeos son analizados por los responsables de campaña de los candidatos, les sirven de referencia sobre qué deben cambiar o potenciar en el último tramo. Son el elemento que más morbo provoca, aunque la experiencia demuestra que aciertan menos de lo que gustaría a los responsables de las empresas demoscópicas.

Lo que verdaderamente importa es el resultado de las urnas, y más todavía cuando los bloques antagónicos están tan igualados y, en el bloque independentista, sus dos principales promotores se encuentran también enfrentados. Además, en el caso de Puigdemont, es el responsable directo de la pésima gestión de la Generalitat de un proyecto independentista que no se podía plantear de forma unilateral, saltándose la legalidad y la Constitución y provocando la intervención del Estado a través del 155. Es esa actitud, en la que piensa reincidir si es nuevamente president, la que hace que las elecciones se hayan convertido en el principal foco, quizá el único, de la vida política y social española.

puigdemont lo tiene mal

Vida en la que tiene un papel fundamental la aplicación de la Justicia porque todos los impulsores del independentismo están hoy encausados y pendientes de unos tribunales que tardarán varios meses en dictar sentencia, antes del verano como muy pronto... que es demasiado tarde porque la elección de un nuevo candidato no se puede prolongar tanto.

Puigdemont, obcecado, está convencido de que recuperará el sillón de la Generalitat, tarea muy difícil aun en el caso de que lograra más escaños que ERC, porque en este momento su relación con Junqueras está rota -no con Marta Rovira, aunque la secretaria general cuenta menos de lo que le gustaría- y también está deteriorada la relación del ex president con su propio partido, el PDeCAT, al que no ha dejado capacidad de decisión, ni siquiera de incluir en su lista a los cargos dirigentes. No ayuda a sus ambiciones presidenciales que sea voz populi su distanciamiento con Artur Mas y su intención, si gana, de arrinconar al presidente de honor del PDeCAT e, inicialmente, su mentor.

Sus semanas en Bruselas, rodeado de serviles, le han hecho perder la perspectiva de lo que ocurre en la trastienda catalana. Pero sigue soñando con la Generalitat. Si la alcanzara, se produciría una situación de gravedad extrema: pende sobre su cabeza una posible inhabilitación o prisión y difícilmente podría asumir las funciones del cargo en sus actuales circunstancias. Por otra parte, a nada que tomara una iniciativa contraria a la ley, el 155 se activaría de inmediato y volvería a perder la presidencia del Govern.

problema de arrimadas

Si salieran las cuentas para un Gobierno constitucional -que no recoge ningún sondeo-, con Ciudadanos como partido más votado, no está nada claro que Iceta se aviniera a apoyarla. El PP lo haría a desgana, pero no puede permitirse el lujo de ser el responsable de impedir que haya en Cataluña un Govern constitucional. El problema de Arrimadas, que no es mal vista por Iceta ni por Rajoy -que es quien decide en el PP catalán, no como Sánchez en el PSC-, es que a la candidata catalana le perjudica la política de Rivera desde que su formación se convirtió en el cuarto partido de España, con vaivenes entre PP y PSOE que ha indignado a unos y a otros, así como su actitud de no permitir que sus parlamentarios y concejales asumieran responsabilidades de gestión en los gobiernos autonómicos y municipales que apoyan, pero realizando una política de presión permanente a sus socios amenazando con romper los acuerdos si no tomaban determinadas decisiones.

Una vez celebradas las elecciones, con los datos en la mano y la calculadora haciendo sumas y restas, pueden producirse acercamientos que hoy son impensables. Sin embargo, lo habitual en estos días previos a los comicios regionales es encontrar gestos de contrariedad y de preocupación en unos y otros. Está asentada la idea de que la solución está en poder de Ada Colau, pero a lo mejor ni siquiera ella puede decidir el Gobierno autonómico, por desacuerdo entre los propios afines. En cuanto a una repetición de elecciones... nadie la quiere porque el mapa no cambiaría excesivamente.

Sólo un milagro, tras meses de negociaciones -meses, no semanas-, podría suponer que el 21 de diciembre fuera la fecha que marcó un antes y un después en Cataluña. Y en España entera.

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