Dominio rociero en el Cortijo de Vicos

  • Los jinetes Alfonso Carlos Fernández y Miguel Cano Aceitón, ambos de El Rocío (Huelva), quedaron ayer primero y tercero respectivamente en el podio del tradicional concurso nacional de Acoso

Los jinetes onubenses de El Rocío demostraron ayer en el corredero del Cortijo de Vicos, donde se ha estado celebrando el concurso nacional de Acoso y Derribo que abre oficialmente el programa de Feria, el elevado nivel de conocimientos y destreza con la garrocha, grado que les llevó a ocupar la primera y la tercera plaza del podio jerezano.

El absoluto ganador fue el garrochista Alfonso Carlos Fernández, amparado por Jaime Marqués Infante, que realizaron un brillante concurso en el recinto jerezano.

La segunda plaza quedó reservada para el jinete de La Campana (Sevilla), Gonzalo Tortolero del Barco, que contó con la inestimable ayuda del amparador Jesús Callejón Laguna.

Para completar el podio, otra collera de Huelva, concretamente la formada por los rocieros Miguel Cano Aceitón y su amparador Diego Fernández López.

Todos ellos nombres nuevos para el tradicional concurso de Acoso y Derribo, que ha visto cómo este año su primer vecino se colaba en la plaza quinta. Se trata del experimentado Luis Esquicia Domecq, uno de los mejores garrochistas de la ciudad y del panorama nacional, que contó una vez más con la ayuda de su amparador Juan Cid de la Corte.

En esta ocasión, se han entregado premios especiales que han puesto más color al bucólico concurso. Se trata del premio al mejor conjunto jinetes-caballo, que se lo adjudicó Ernesto Campos Peña, así como del premio al mejor caballo vaquero, que fue recayó en 'Caramelo', de Jaime Marqués Infante, el amparador del ganador.

Hay que señalar que en la final, celebrada ayer en Vicos, el ganado se mostró más participativo en líneas generales. El fuerte viento de levante que azotó el recinto el pasado sábado amainó considerablemente ayer domingo, lo que permitió a las reses a correr con mayor ímpetu, lo que permitió a los participantes ejecutar generosas echadas y en general dotó al concurso de una mayor agilidad. Tanto fue así que antes de comenzar la final hubo que repetir la actuación del sábado de un grupo de garrochistas que no pudo puntuar reglamentariamente en la primera jornada debido a la baja calidad de las carreras de las reses.

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