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De la Feria del blanco y negro...

De feria de ganados a Feria del Caballo. Como toda feria actual que se precie, los orígenes de nuestras fiestas de la primavera tienen su punto de partida en las congregaciones de tratantes de ganado que sellaban su acuerdo con una copa de vino y, ocasionalmente, lo celebraban en los toros.

Importantes debían de ser aquellas ferias medievales que sirvieron de germen a la fiesta si, como ha escrito el historiador Jesús Caballero Ragel, hasta aquí acudían mercaderes de Francia, Bretania y hasta de Inglaterra, atraídos por la com- pra de nuestros vinos y caballos, aunque su interés claramente económico no impidió que, desde un primer momento, estos eventos sirvieran también como punto de diversión del pueblo.

En la antigua feria de Caulina, donde se instaló en 1868, el ajetreo comercial era incesante, una amplia zona la destinaron al ganado que se comercializaba y a la venta de aperos agrícolas; la dotaron de un hipódromo, se levantaron las primeras casetas de madera cubiertas de lona y decoradas en su interior con farolillos de papel, guirnaldas y flores y se organizaban cucañas y rifas, además de tablaos con orquestas; actores y trovadores entretenían al público y los niños ya accedían a las golosinas del momento (vegetales, altramuces, aceitunas...). El 3 de febrero de 1888, el Ayuntamiento unifica lo que era feria-venta de la dehesa de Caulina con la que hoy se conoce por la feria lúdica, trasladándose a la antigua Era Morales o parque González Hontoria, el grandioso recinto que, desde 1902, viene acogiendo la fiesta.

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