La penúltima con Ramón González de la Peña

"Hubo una Feria que no se hizo"

  • "Diseñé unos postes de la luz y duraron dos o tres años. Alguien pensaría que eran muy modernos", comenta el arquitecto

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Ramón González de la Peña es uno de los más reconocidos arquitectos locales. La Feria del Caballo, a fin de cuentas, es una enorme sucesión de construcciones. Y él cuenta cómo se intentó hace años que la Feria fuera otra cosa de la que es hoy en día. Pese a todo no desespera, y cree que sería posible una Feria en la que la arquitectura, aunque efímera, tuviera un hueco destacado sobre las arenas del recinto ferial.

-La Feria es, a fin de cuentas, un conjunto de construcciones que finalmente conforman una unidad. ¿Cómo se entiende?

-Mire, en 1984 creo recordar, formé parte del equipo que se encargó de la remodelación de la Feria. Se hicieron grandes esfuerzos a nivel de electrificación, de alumbrado, de saneamiento, de servicios públicos... Uno de los grandes objetivos era que finalmente ofreciera fachadas innovadoras pero no pudo ser.

-¿Qué pasó?

-Pues que la gente se tiró por el lado castizo y este lado, llamémosle así, ha ido progresando año tras año.

-¿No hubiera resultado una Feria demasiado uniforme?

-Ni mucho menos. Queríamos una Feria imaginativa, pero al final la querencia, se la llevó al lado tradicional.

-Curioso encuentro entre lo tradicional en un entorno de los más efímero como es la Feria...

-Efectivamente. Es completamente contradictorio que algo que es tan efímero como una Feria, repleta de construcciones que van a tener como mucho siete días de vida, tenga una vocación tan permanente.

-¿Como arquitecto qué es lo que más le atrae de la Feria?

-Pues la oportunidad de crear que por sí sola genera. Nosotros, por ejemplo, en nuestra caseta, que se llama 'Desarrollo y Solidaridad', siempre intentamos todos los años hacer algo distinto, hacer algo... ¿cómo lo diría? hacer algo más 'fresquito'. Siempre intentamos partir de elementos decorativos de la tierra y con ellos conformar el estilo.

 -Hace unos días, Antonio López, deán de la Catedral, narraba en esta misma sección aquellas ferias en las que hasta los coches circulaban por el albero...

-Yo lo recuerdo perfectamente. Tanto es así que los padres traían y recogían a sus hijos de las casetas. Era una feria a ordenar.

-La verdad es que una buena idea de los munícipes sería hacer una especie de concurso en el que jóvenes arquitectos propusieran el diseño de una o varias casetas...

-La verdad es que eso fue algo que hace muchos años esperamos que se hiciera. Que de la feria surgiera una feria nueva.

-¿Queda algo de usted en esta Feria?

-Aparte de los narrado, fui el diseñador de lo que en su momento fueron los nuevos postes de la luz de la Feria. La pena fue que apenas duraron dos o tres años. Imagino que alguien diría eso de "¡esto es demasiado moderno!" y acto seguido dijeron ¡fuera!, los quitaron y pusieron otros postes de corte mucho más clásico.

-¡Cuán efímera es la Feria!

-(Lanza una carcajada) Que me lo digan a mí. Que me lo digan a mí. (Y vuelve a reír).

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