La crónica del Jueves

El Hontoria, bajo el sol y la luna

  • El Real vive dos ferias paralelas, la del día, con menos público, y la de la noche, para vivirla sin mirar el reloj. El viento, el calor y la ausencia de niños hasta la salida de los coles marcan la jornada.

Será el calor o serán otras cosas, pero la realidad es que este año, la Feria del Caballo tiene dos caras: una, la del día, más tranquila; y otra nocturna, la del "aquí no cabe nadie, vámonos a otra caseta" o del "no os veo entre tanta gente, mandádme un mensaje al móvil que no se escucha". La de la media entrada y la del lleno. Así fue el Jueves de Feria. Alrededor del mediodía, apenas habría una o dos casetas en el Real en las que la clientela se hiciera notar. Sería a partir de las cinco, las seis o las siete cuando de verdad la Feria fue de nuevo la Feria. Lo primero que se llenó, un día más, fue el templete, la caseta de González Byass. No falla. Será por aquello de haberse llevado el primer premio de casetas este año o por su ubicación, pero cuando más pegaba el sol, aquél era el único lugar donde quizás estaba más solicitada la copita de fino.

Aunque la mayoría de los que paseaban por el Real antes de la hora del almuerzo (en esta semana de Feria, nunca antes de las dos y media) era un espacio de sombrita. Quizás el calor no fue tan sofocante como el miércoles, pero en cualquier caso el viento terminó de agobiar al personal. Tampoco era una ventolera, pero sí lo suficientemente consistente como para llevarse algún clavel de alguna solapa o de despeinar algún tocado. A ratos, incluso, se levantó la arena y atacó duramente los ojos y las gargantas del personal. Y para eso, qué mejor que un ratito de sombra con su vasito de vino o de refresco. Aunque a prácticamente cada visitante que pasó por el Hontoria se le iban ofreciendo otros remedios. "Tuentifai, señora, tuentifai el paseíto", gritaba una cochera que ofertaba la experiencia de una vuelta por el Real por tan módico precio. Alguno intentaba pegar el famoso 'clavazo' del que a menudo se habla, pero en general se mantenían en esos niveles.

A medida que iban pasando las horas, el Real se iba llenando de gente. Ayudaba, por supuesto, que el de ayer fuera el último día en el que los críos tenían que ir al 'cole' hasta el lunes. A eso de las tres, en el Hontoria se dejaban ya ver las familias completas, algunas niñas con su trajecito de gitana, e incluso alguno (los menos) vestido de corto.

Y al igual que la noche del miércoles, la de ayer fue un éxito. A la hora de las cenas, en muchas casetas no se podía entrar. Destacaron las de siempre, aquellas que se van ganando fama de económicas a la vez que mantienen la calidad. Siendo el viernes un festivo parcial (por eso de la ausencia de colegio), había menos 'agobio horario'. El verdadero pulso de la Feria de 2017, eso sí, se toma desde hoy. El fin de semana puede suponer un último arranque que iguale o mejore la Feria de 2016 en cuanto a público, facturación y ambiente. Si bien el de ayer no fue un Jueves de Feria histórico, cumplió las expectativas desde que el calor se sintió un poco menos. Hoy seguirá Jerez en unos sobrellevables 28 grados, una máxima idéntica a la de ayer. No hay excusa, entonces, para que sea un día grande, el de inicio del fin de semana de cierre.

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