Tercer día de feria

Jornada de paz social

  • El día de los sindicatos en la Feria coincide con un apacible lunes en el que el Real registró escaso público pero muy bien avenido

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Auténtico lunes de transición en el Real del González Hontoria. Sin demasiado público y con buen ambiente bajo el alumbrado. Mientras comienza el verdadero tramo de subida en la montaña rusa infinita que es la Feria, ayer fue un día para pasear y conversar con holgura por el albero. Sin empujones ni molestias. Por no haber, apenas había gitanas vendiendo claveles. Hay pocos enganches por ahora pero la gran mayoría de caballistas presentan aspecto cuidado. El sol no aprieta tanto como se intuía hace una semana y el vino aún no se termina de subir a la cabeza, lo que no quita para que algunos a estas alturas se pongan más pesaos que el cuñao de Rocky. Los cacharritos cuestan menos y dan muchas más vueltas, y hasta los más aguerridos sindicalistas pastelean lonchas de jamón y pimientos fritos con los empresarios. Cosas veredes, buen amigo Sancho.

El líder de UGT en la provincia, Pedro Custodio, sirvió un vaso de 'rebujito' al vicepresidente de la patronal provincial, Javier Sánchez Rojas, en presencia de Pilar Sánchez y su séquito de caballeros de la mesa redonda del Gabinete de Alcaldía. Hasta a todo un asesor (de grupo municipal, ojo) como Salvador León se le escapó una lagrimilla rememorando sus tiempos como férreo ugetista, saludando a viejos compañeros de central en La Casa del Pueblo. "Aquí también había puñaladas, pero menos", masculla con aire melancólico el socialista. El secretario local de UGT, Pedro Alemán, se afanaba en que no faltase ni gloria. El 'rebujito' desde luego no escaseó. Por allí también pudo verse a Juan Núñez, delegado de la CEC en la ciudad, y a Salvador Pineda, asesor de la Consejería de Agricultura, junto a su mujer, María del Carmen Martínez, una jefa de los guardias que duerme desde hace unos días a pierna suelta gracias a la desconvocatoria de la 'huelga a la japonesa' con la que amenazó el SIP.

En la acera de enfrente, Comisiones Obreras también hizo convivencia. Los periodistas lo tienen claro año tras año: "Para comer en Feria, a la caseta de Coco". Trillo ha perdido mucho peso debido a su reciente e inoportuna enfermedad aunque ejerce de gran anfitrión como a cada edición de la fiesta. Allá que se sumaron el Defensor de la Ciudadanía, enorme Paco Reinoso, y el portavoz de Izquierda Unida, Joaquín del Valle, que siempre procura preservar las buenas relaciones con los responsables de Comisiones.

Sirven gazpacho, tortilla y brochetas para alicatar seis cuartos de baño, mientras vemos pasear a María José García-Pelayo con toda la cohorte de populares jerezanos irredentos: desde Durá hasta Galvín, pasando por Saldaña y Menacho. La agenda de Javier Arenas los dejó ayer sin berza jerezana, por lo que tendrán que esperar hasta el viernes para vivir su gran momento de gloria mediática en esta Feria.

Imperó el buenrollismo, lo que claramente dulcificó los temas de conversación, tratasen de lo que tratasen. La sensación generalizada fue que no está tan mal la cosa. Así es este evento de surrealista. "¿Cómo va la Feria?" fue sin lugar a dudas la gran pregunta del día, formulada en cinco mil quinientas cincuenta y siete ocasiones. Una de las respuestas más repetidas fue: "Ya estoy harto y todavía no ha hecho más que empezar...". Éstos suelen ser de los que luego se hinchan a llorar cuando llega el camión de Urbaser a regar a primera hora de la mañana.

La madre pone a los hijos a orinar junto a una palmera tras montarlos en las atracciones, mientras el padre piensa abiertamente en su 'día de los cacharritos'. Se lo dice al colega que pasa como si no lo oyera nadie. Mañana será la popular jornada de las mujeres, lo que en consecuencia directa se transforma en el día de los hombres, liberados para acudir al Real solos o en compañía. Igualdad total pese a que aún no ha pisado el albero la ministra Aído. Pero eso será otra historia.

La historia del lunes de Feria se escribió con tranquilidad, sin mareos ni ardentías. Un amigo abogado me ha contado unas leyendas muy desalentadoras sobre los efectos a largo plazo del Omeprazol, lo que me deja con escaso margen de maniobra para seguir pegando pasonazos. El lunes, dicho está, fue de lo más sosegado. Grupos aislados de flamencas de mediana edad; algún que otro guiri cámara en ristre aprendiendo a bailar sevillanas a trompicones; moteros rezagados aprovechando que era fiesta en muchos puntos del país; peatones deambulando por el albero; mayores de las barriada rurales, unos 700 en total, repartidos entre cinco casetas; abuelos del San Juan Grande de vueltecita por el Real... Hoy martes, todo apunta a que volverá a ser otro de esos días de tránsito. Llegado el caso, ya saben, menos es más.

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