Con la casa a cuestas

  • Kilómetros y kilómetros de carretera a la espalda y mucho esfuerzo soportan los feriantes, montados en sus bien equipadas autocaravanas, para ganarse la vida

¿Qué sería de una feria sin feriantes? Esta es una pregunta que muy pocos se han llegado a cuestionar alguna vez, ya que se trata de un colectivo que pasa desapercibido, a pesar del duro trabajo y del esfuerzo que supone para estas familias dedicar su vida a este oficio, con el sencillo objetivo de hacer pasar un buen rato a todas las personas que se acercan a la feria. No sólo se habla de un empleo, de un oficio o de una vocación, se trata de una forma de vida, ya que son personas que deben llevar literalmente la casa a cuestas y echarse a la carretera para recorrer kilómetros y kilómetros pasando por todas las ferias para intentar ganarse la vida.

Durante la semana de feria, a la espalda de las casetas y atracciones, quedando en un discreto segundo plano, se levanta una auténtica ciudad llena de caravanas, camiones con mucha historia y gente anónima que es, en definitiva, quien hace posible la diversión de los demás durante estos días de fiesta.

Florencia, de Puerto Real, tendía la ropa mientras su nieto jugaba con la escoba que tanto le gusta, ya que la atracción que instala esta familia en la feria es ‘el tren del escobazo’, una de las más emblemáticas de todas las ferias andaluzas. “Lo más duro es que una feria sea mala y no sirva para nada montar todo esto, pero la verdad que te acostumbras a llevar esta vida”. Estas familias van “arrastrando” sus casas, “en las autocaravanas tenemos de todo, es exactamente como mi casa de Puerto Real, aquí tengo hasta lavavajillas así que no me puedo quejar”, declara Florencia, que recorre cada año todas las ferias andaluzas junto a sus familiares. “Lo peor es el tema de los niños, ya que los que van al colegio no nos lo podemos traer con nosotros y se tienen que quedar en casa, por eso sólo me traigo al más pequeño, porque aquí tenemos todas las comodidades”.

En relación a la convivencia en la pequeña ciudad feriante, Florencia aclara que “es como en cualquier pueblo, con algunos te llevas muy bien y con otros no tanto; pero en general solemos tener un buen trato entre todos. Aquí todos venimos a ganarnos la vida, así que nos respetamos”. Además, es buen momento para el reencuentro. Muchas de estas familias se vuelven a ver de feria en feria; “es muy emotivo reencontrarte con antiguos amigos que algunas veces sólo los ves una vez al año”.

Como si de cualquier ciudad que se preste, cada mañana las familias se levantan, algunos se van a sus puestos de trabajo y otros se quedan descansando o colaborando con las tareas del hogar. “Esto es una casa, no hay que olvidarlo, tenemos que limpiar, que hacer las camas, que lavar la ropa, incluso hay que ir a hacer la compra para cocinar después”, explica Florencia.

Olga Mezquita llega desde Valencia para instalar en la feria jerezana la atracción de ‘El Canguro’, una de las más concurridas por las personas que se acercan a disfrutar de la diversión de las atracciones. Ella viene acompañada de su marido y se dedica a la venta de entradas en la taquilla. “Lo más duro ha sido dejar a mis hijos en Valencia con mis padres, es muy complicado llevar este ritmo de vida cuando tienes hijos. En muchas ocasiones he optado por quedarme con ellos, pero también me cuesta dejar que mi marido se vaya solo. Es lo peor de este negocio”, insiste Olga, que mientras hacía esta entrevista preparaba en la cocina de su autocaravana el almuerzo para su familia.

Olga explica que vivir en una caravana de feria “es igual que vivir en un piso pero con reducidas dimensiones. Tenemos vitrocerámica, ducha, y otras comodidades, ya que en verano nos traemos a los niños y es necesario que todo esté bien equipado para ellos. Algunas amigas que han venido a verla se han sorprendido cuando la han visto”.

Estas familias que vienen de  fuera de Andalucía aprovechan el invierno para hacer ruta por su zona y así pasar el menor tiempo posible fuera de sus hogares. “En la temporada invernal no lo llevamos tan mal porque trabajamos en la zona de Valencia, pero es muy duro separarte de tus hijos. Para mí, esto es lo peor de este negocio”, afirma Olga.

Pero no todos los que vienen a trabajar en la feria son propietarios de los negocios. Catalina, una rusa afincada en Sevilla, recorre todas las ferias de Andalucía trabajando en una heladería ambulante. “Me gusta este trabajo porque conozco otras ciudades y a muchas personas”. Pero lo negativo está en los horarios, según Catalina, que asegura que “hay algunas ferias que son muy fuertes y se duermen muy pocas horas”.

En definitiva, la vida de feriante no es nada sencilla. Requiere ir de feria en feria con la familia y la caravana a cuestas. Una vida sacrificada que, en la mayoría de los casos, se hereda de generación  en generación, consiguiendo con su esfuerzo que los más pequeños, y los no tan pequeños, disfruten del encanto, la diversión y las risas de esta fiesta.

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