Los compañeros no son sólo para trabajar, también son para comer

  • El martes se ha convertido en el día en el que las empresas reservan mesa en las casetas para almorzar, echar el rato y aguantar el tirón hasta que llame el/la conyuge

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El martes es técnicamente el día que se conoce como el de las comidas de empresa, así que una vez que se ha recordado al personal que -a) lo sabía perfectamente; b) no le importa lo más mínimo- el martes es lo que "técnicamente" se conoce como el día de las comidas de empresas se puede hablar de otra cosa. Si el lector acudió ayer al Real pudo verlo en La Amargura, La Enjalma, Los Pollitos o la Casa de Extremadura, sin ir más lejos. Las comidas de empresa no tienen ninguna ciencia, son lo que son. Básicamente consisten en una serie de señoras y señores que se sientan en una caseta y se levantan una hora y media después ligeramente más achispados de como se han sentado. Nada anormal, como la vida misma. Se hacen una serie de bromas tirando a rijosas -la mayoría de las veces si pudieran serlo-, se critica a los cuatro o cinco que han faltado y se ríen las gracietas del cachondo del grupo que está sentado cuatro o asientos más a la derecha y que realmente no se ha escuchado lo que dice, pero como se han reído los del asiento uno, dos y tres, pues claro, no va a ser el del cuatro el que deje de reirse (cuando me entere de lo que hace el quinto, prometo contarlo).

Para mí, las comidas de trabajo son inofensivas y, de verdad, que no justifican darle el 'apellido' al martes de feria. ¿Por que a ver, qué tiene el martes que no tengan el lunes y el miércoles, que tampoco hay mucha gente? El lunes todavía no está bautizado -día de los despistados, tal vez- y el miércoles se conoce como el día de las mujeres -me gustaría que alguien me contara qué piensan, dicen o hacen los hombres- pero el martes parece que se ha quedado así, como el día de las empresas, un estigma muy duro. Vamos a pensar que es el día en que los que llevan gafas se las quitan, las que siempre llevan pantalones llevan falda y los bordes se esfuerzan por ser más simpáticos, con lo que todo acaba en un batiburrillo de corbatas al hombro, tiritas en los pies y un 'piquito' que habrá que esperar a que vuelva la vida real para ver en qué cuaja...

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