Sábado de Feria · La crónica

El sábado devuelve el mejor ambiente al Real

  • La Feria vive su día grande con una afluencia mayor de público conforme avanzaba la jornada. El paseo de caballos también registra una mejor cara pero sin llegar al nivel de años anteriores

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Después de una semana corta en cuanto a público en todos los sentidos, la Feria del Caballo recuperó ayer su esplendor con más gente que nunca en el Real. A ello contribuyeron varias cosas, la primera el buen día en lo climatológico, con temperaturas agradables y con el poniente dando una alegría a todos los que usaron chaqueta y, como no, las que se ataviaron con su tradicional traje de flamenca. También, el discurrir de toda una legión de foráneos que cada media hora se adentraban en el Hontoria tras parar su autobús en la puerta principal de la Avenida Álvaro Domecq.

Eso sí, como ha ocurrido durante toda la semana, el gentío fue inundando las calles del Real a medida que avanzaba la tarde. Como decía ayer un casetero y feriante de esos que dedican su vida a trabajar de pueblo en pueblo: "Este año a mediodía, nada de nada".

Aunque no en todos los casos, porque siempre hay excepciones, lo cierto es que este año, consecuencia de la mala situación económica que afecta a la ciudad, con casi treinta y cinco mil jerezano en las listas del INEM, la Feria ha tenido mayor actividad a partir de las seis de la tarde. Entre las seis y la siete, el desfilar por las diferentes entradas del recinto ferial ha sido un auténtico reguero de personas. La clásica comida en la Feria ha pasado a mejor vida y la gente ha preferido aterrizar en el Real ya comida, porque a fin de cuentas, el almuerzo es la comida del día que más requiere. Por la noche, un montadito por aquí, una ración por allá y ya está el personal comido.

La imagen se repitió ayer quizás con mayor relevancia que otros días porque la afluencia de público fue en aumento. De este modo, aparte de las típicas familias enteras que aprovechaban la caída del sol para acercar a sus hijos a los cacharritos, las calles contiguas al Hontoria eran un río de jóvenes con bolsas en mano para comenzar ese botellón en la Rosaleda que servirá de prolegómenos a una noche larga.

Precisamente la zona de cacharritos y tómbolas, que en la jornada del sábado suelen tener una actividad abundante, también retrasó ayer su habitual horario de gentío y hasta bien entrada la sobremesa no comenzó a contar con el habitual ambiente de otros años.

Sea como fuere, sólo a partir de una determinada hora, cosa extraña si lo comparamos con ediciones anteriores, se registró esa sensación de agobio de otros sábados y otros viernes, es decir, cuando un simple paseo andando por las diferentes calles resulta especialmente complicado por la cantidad de gente que se agolpa en cada rincón. Aún así a eso de las ocho de la tarde en adelante, era difícil caminar por paralelas al paseo principal, en ocasiones por el gentío y en otras por las dificultad que entrañaba ir sorteando charcos tras el paso previo del camioncito de riego.

Pero como dice el refrán, 'más vale tarde que nunca' y ayer por fin la Feria del Caballo lució con todas sus galas. También levantó el vuelo el paseo de caballos, pero a medias. Fue más nutrido que otros días, pero... Quién lo ha visto y quién lo ve, podríamos decir para definir lo que ayer desfiló por el Real. Evidentemente, la crisis (y también el descontrol, por qué no decirlo) ha afectado a la afición por el caballo y si hace unos años el paseo, al menos en la jornada del sábado, era un auténtico espectáculo con carruajes majestuosos y un nivel de caballos de primera categoría, con equinos árabes y españoles dignos de cualquier cuadro de Velázquez, ahora la cosa no es para tanto. Lo de antes era para presumir. Lo de ahora...

La realidad de ayer fue bien distinta, pues a la falta de variedad en lo que a enganches se refiere (el propio concurso de enganches registró un menor número de participantes) se unió un aumento desmesurado de las calesas de alquiler, un hábito que se ha multiplicado en los últimos años y que en cierta forma (al menos con algunos que llevan caballos poco acordes con el nivel que debería requerir esta que denominan la ciudad del caballo) desprestigia un poco la historia de la Feria.

Con todo, una importante masa de turistas deambulaban por todo el real con cámara en la mano buscando esa instantánea estereotípica que le justificase su estancia en una Feria, que sigue siendo una de las más acogedoras pues abre sus puertas sin cortapisas a todo aquel foráneo con ganas de conocerla.

En este concurrido sábado no faltó el ambiente sonoro y la presencia de grupos de rumbas y sevillanas que ponían la chispa a más de un 'a gustito'. Tampoco, como debe ser, faltaron las bulerías de Jerez, imprescindibles en una feria con porte propio. Eso sí, a medida que la noche avanza, sevillanas y rumbas dan paso a una música más movida, no apta para cualquiera.

Pero la afluencia de público y las aglomeraciones, unido a la 'felicidad' con la campan muchos por el Real, también atraen a las masas delictivas, que en los últimos días, y pese al despliegue policial exhibido, han hecho de las suyas. En medio del gentío, este tipo de delincuentes aprovechan para seccionar bolsos y robar, con la facilidad que opera un cirujano, móviles y carteras. Fueron, junto a los clásicos excesos etílicos, la otra cara de una edición 2014 que pondrá broche de oro hoy con la celebración del domingo de feria, un año más con importantes descuentos buscando así atraer al público.

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