Los toros en la Feria de Jerez en la primera mitad del siglo XX

Jerez fue siempre una ciudad muy aficionada a las corridas de toros y, especialmente en tiempo de feria, siempre se organizaron importantes festejos con los matadores o novilleros de moda y las mejores ganaderías. De los toros en la feria, habremos de ocuparnos en este suplemento especial, dedicado a estas fiestas tradicionales que Jerez celebra en las presentes fechas.

Y de la vinculación del real de la feria con las corridas de toros, recordemos aquellos tiempos remotos, en los que el ganado de lidia atravesaba el parque González Hontoria, en las primeras horas de la madrugada, apagándose las luces de los paseos y las casetas, que quedaban completamente a obscura, mientras los mayorales conducían los toros hasta la plaza, para el festejo del día siguiente. Y si nos remontamos a tiempos más lejanos, cuando la feria se celebraba en Caulina o en otros lugares, siempre fueron muy celebradas las corridas de toros, ya que esa tradición venía desde los primeros tiempos de las dos ferias concedidas a Jerez por privilegios reales, ya de sobra conocidos.

Como intentar historiar la fiesta nacional, dentro de la feria jerezana de primavera, bien que programada en abril o en mayo, como actualmente se continúa haciendo, sería un vano propósito por nuestra parte, vamos a intentar traer aquí el recuerdo de lo que fueron algunos de los carteles más destacados en las ferias de la primera mitad del pasado siglo XX.

Y nos remontamos al programa de las fiestas de 1916, cuando coincidió la feria con una importante exposición regional andaluza de ganados, con cuyo motivo se celebraron dos extraordinarias corridas de toros, los días 7 y 8 de mayo de 1916, en las que Joselito el Gallo y Juan Belmonte, que eran los espadas de moda, se las vieron con toros de las ganaderías del marqués de Saltillo y del marqués de Guadalets. Dos corridas mano a mano de verdadero lujo, que hicieron época entre los aficionados de Jerez y sus alrededores, más los numerosos seguidores de José y Juan, desplazado a propósito desde Sevilla. Si nos vamos a los años veinte, en 1922 torearon los matadores Chicuelo, el jerezano Juan Luis de la Rosa y Manuel García (Maera); celebrándose como segundo festejo una novillada de Urcola, con los diestros Chanito, Zurito Chivo y Chaves. Hay que señalar que, generalmente, en la programación ferial de principios de siglo y en siglos anteriores, tan solo se incluían dos corridas y, muchas veces, tan solo una, con lo que la empresa de la plaza consideraba que los jerezanos iban más que bien despachados. En 1923, sin embargo, hubo tres festejos: el 29 de abril, primero de feria, torearon ganado de la Viuda de José Domecq, Bernardo Muñoz (Carnicerito), Maera y Antonio Márquez; el día 30, toros de Villlamarta-Dávila, para Manuel Belmonte, Maera y Antonio Márquez; cerrándose los carteles el primero de mayo, con toros de Miura para Carnicerito - malagueño recriado en Jerez, donde vivió hasta su muerte - y de nuevo Maera y Márquez. Por lo que se ve la empresa no se complicaba mucho la vida, a la hora de contratar a los diestros. Eso, si, en estos años, la sombra costaba 8 pesetas y el sol cuatro.

El año 1925 que fue el de la coronación de la Virgen del Carmen, en el propio real de la feria, hubo más festejos; siendo el primero el del 23 de abril, que abrió el rejoneador don Antonio Cañero que rejoneó los dos primeros y lidiando los cuatro restantes, Ignacio Sánchez Mejías y José García (El Algabeño). El día 29 volvió a rejonear dos reses, en una corrida de ocho toros, el célebre Cañero, enfrentándose al resto de los astados, Domingo González (Dominguín), Sánchez Mejías y Marcial Lalanda, aquél del pasodoble que decía "¡Marcial, eres el más grande!". El día uno de mayo hubo una charlotada y el 3 de mayo volvieron a torear reses de la vacada de Surga, Domingín, Sánchez Mejías y El Algabeño..

Pasamos ahora a 1928, donde vuelve a ser contrtado Marciual Lalanda, triunfador de la feria anterior, quien lidió una corrida de ocho toros de Rafael L. Clairac (cruce de Parladé), junto a Félix Rodríguez, Joaquín Rodríguez (Cagancho) y Vicente Barrera. Ya las entradas, para esta corrida costaban 14 pesetas el tendido de sombra, y 7 las de sol. Y esta vez los carteles taurinos de la feria solo tuvieron la réplica en el de una novillada, también de ocho reses de la ganadería cordobesa de Antonio Natera, que lidiaron Palmeño, Carratalá, Pepito Iglesias y Pedro Carreño. Los espectáculos comenzaban siempre a las cuatro y media y las puertas de la plaza se abrían a las dos de la tarde. Los precios se seguían manteniendo los mismos, para las corridas de toros; y para la novillada, las entradas de sombra se vendían a 7 pesetas y a 3 las de sol.

En el año 1929 hubo una corrida de toros y dos novilladas. En la primera torearon Antonio Márquez, Vicente Barrera y Fermín Espinosa (Armillita Chico); y en las novilladas, Carratalá, Pedro Carreño y el portuense Manolo del Pino (Niño del Matadero) que lo hicieron en la primera; lidiando la segunda, Eduardo Gordillo Maera II y Manuel García (Revertito). Los precios de las novilladas eran los mismos, pero en la corrida se habían bajado a 12 la sombra y a 6 el sol.

Estamos en 1930 y solo hay una novillada y una corrida de toros. El sábado 3 de mayo es la novillada, con Gil Tovar, Saturio Torón y Sidney Franklin; y el 4 mayo tiene lugar la corrida de la vacada de Antonio Natera que torean los matadores de toros Antonio Márquez, Cagancho y Palmeño. Así llegamos a 1932, con una corrida de toros para Marcial Lalanda que, por lo que se ve, seguía siendo "el más grande", Vicente barrera y Manuel Mejías (Bienvenida). Hay una novillada de Juan Pedro Domecq (padre) para Antonio García (Maravillas), Manolo del Pino y Antonio Pazos; rematándose la feria con un espectáculo de rodeo americano. El cartel de la feria de ese año lo había pintado el gran artista jerezano Carlos Gallegos.

El 29 de abril de 1933, tiene lugar el primer espectáculo taurino de la feria, una corrida de toros de Villamarta, que estoquean Marcial Lalanda, Manuel Mejías (Bienvenidida) y Domingo Ortega, que venía pidiendo paso. El segundo espect´ñaculo es una novillada de Pedrajas, para Juanito Jimenez, Manolo del Pino (Niño del Matadero), Lorenzo Garza y Rafael Vega (Gitanillo de Triana III).

En la feria de abril de 1934, no se dieron corridas de toros, tan solo se programan dos novilladas; alternando en la primera Diego Gómez (Laine), Pedro Ramírez (Torerito de Triana) y nuestro paisano Ventura Núñez (Venturita) que ya se estaba dando a conocer como gran lidiador. En la segunda novillada los espadas serían el Niño del Matadero, Luis Díaz (Madrileñito), Luis Castro (El Soldado) y Jaime Pericás. Continuando en los carteles de feria de 1935, el portuense Manolo del Pino y el jerezano Venturita, que alternan con Rafael Ponce (Rafaelillo) y Curro Frijones.

Ya entrados en los años cuarenta, seguiremos encontrando en los carteles taurinos de nuestra feria de abril los nombres de Venturita y del nuevo novillero portuense Miguel del Pino, hermano del Niño del Matadero, del que se cuentan auténticas maravillas y al que, como su hermano, intentan emparejar las empresas con el diestro jerezano. Ya convertido en matador de toros, encontramos en la feria de 1944 a Miguel del Pino, alternando con el "monstruo" cordobés, Manuel Rodríguez (Manolete), lidiando ganado del Conde de la Corte, y teniendo como primer espada a Pepe Bienvenida. Hay una novillada de Juan Belmonte, para Jaime Marco (El Choni), Agustín Parra (Parrita) y Manolo Navarro… Ese mismo año, pero en la feria de septiembre, la tarde del día 17, se presentaría en la plaza de Jerez, el genial diestro azteca Carlos Arruza, de cuya memorable actuación, diría en el "Ayer" el crítico taurino "D. Braulio" que en sus largos años de periodista "jamás conoció faena más completa, temeraria y artística". Y debido a ese triunfal debut, Arruza volvería a torear con Pepe Luis Vázquez y Luis Miguel Dominguín, en la feria de Jerez, el lunes 30 de abril de 1945, estoqueando ganado de Benítez Cubero. El día anterior habría otra corrida cocn toros del Duque de Tovar, para Luis Gómez (El Estudiante), Silverio Pérez - otro grande del toreo -y Luis Miguel Dominguín, que no podía faltar en los mejores carteles de feria, porque por algo era, como él mismo se hizo llamar "el número uno", modestia aparte.

En el año cuarenta y seis recordamos una novillada para los diestros Luis Alvarez (Andaluz), Julio Pérez (Vito) y Francisco Rodríguez, además de una corrida de toros, el domingo 12 de mayo, que torean la célebre rejoneadora peruana Conchita Cintrón - a la que en España no dejaron torear a pie, ya que lidiaba pies en tierra lo mismo que a caballo - y los espadas Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez y Carlos Vera (Cañitas). El ganado sería del jerezano don Luis de la Calle, antes de Domecq. En el año 1947, repiten Pepe Luis Vázquez, Andaluz y Parrita, que lidian toros de Juan Belmonte; anunciándose una novillada de Hidalgo Hnos., de Sevilla, para Paquito Muñoz, Cardeño y Ramón Cervera. Llegamos a 1954, en cuya feria se celebra la Semana del Caballo, origen de la actual Feria del Caballo, continuando con la misma tónica taurina de una corrida de toros y una novillada. En la primera, alternan los grandes maestros Domingo Ortega, Rafael Ortega y Antonio Ordoñez; y en la novillada lo hacen Pepe Barroso, Paco Méndez y el jerezano Juan Antonio Romero; abriendo plaza el caballero rejoneador Angel Peralta. Ya Juan Antonio Romero, el "Ciclón de Jerez", como le bautizara el recordado critico Manolo Liaño, sería figura imprescindible en las ferias de años siguientes; apareciendo en dos novilladas distintas de la feria de 1955; en la primera, el 30 de abril, toreando novillos de Joaquín Buendía, mano a mano con Manolo Segura; y en la segunda, el 2 de mayo, alternando con el mismo Segura y Joselito Huertas, que tan grato recuerdo dejara en Jerez. Y entre una y otra novillada, el día primero de mayo, una gran corrida de toros con ganado de Concha y Sierra para Antonio Ordoñez, maestros casi imprescindible en los festejos jerezano de esa época, César Girón y el portugués Paco Méndes.

En la feria de 1958 ya es matador de toros el jerezano Juan Antonio Romero, que se mide el 1º de mayo, frente a una corrida del marqués de Villamarta, nada menos que con Antonio Ordoñez y el joven Rafael Jimenez (Chicuelo, hijo) que ya venía protagonizando numerosos éxitos en toda España. Una novillada de Belmonte, la torean al día siguiente Antonio González, Mondeño y Rafael de Paula. Y al año siguiente, el viernes 1º de mayo, Juan Antonio Romero se mide con toros de la misma vacada de Villamarta, con Luis Miguel Dominguín y Jaime Ostos; luego vendría una novillada de los herederos de don José Belmonte, para José Julio, Paco Camino y un incipiente Rafael de Paula, que ya empezaba a arrastrar a las multitudes de jerez y su comarca.Por último, una segunda corrida de toros tendría lugar el 3 de mayo, con reses de Juan Pedro Domecq, para el maestro sevillano Pepe Luis Vázquez, y las grandes figuras de la época Miguel Mateo (Miguelín) y Diego Puerta, del que no sé por qué había aficionados que decían que tenía sangre jerezana. .

Y cerramos estos concisos recuerdos, dando un salto en el tiempo y trasladándonos a ferias posteriores, en las que tanto las figuras jerezanas de Juan Antonio Romero y la de Rafael de Paula, junto con los nuevos novilleros locales que van surgiendo, y los más prestigiosos maestros de la torería de mediados del siglo XX, copan los carteles taurinos de la feria de Jerez, sin que jamás se pueda decir que faltara una feria sin corrida de toros o alguna novillada, en la que no actuaran los mejores espadas del momento.

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